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SCILICET
Silicet # 1
Este es el Scilicet de
En esta ocasión, varios colegas miembros de
Así pues, creemos que este espacio constituye un ejercicio
oportuno en el camino de preparación que
Este primer número del Scilicet de
Espero que con este primer número del Scilicet, se ponga en
común todo el trabajo que venimos desarrollando por diferentes vías, tanto el
que desde
Agradezco, por último, el apoyo permanente del Comité
Ejecutivo de
Lizbeth Ahumada Y. Miembro por
de Acción de
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Algoritmo
Juan Fernando Pérez
Algoritmo es un concepto que tiene una definición precisa en matemáticas y en las ciencias de la computación; a la vez es un término utilizado por Lacan. También, J.-A. Miller ha expuesto diversas proposiciones de importancia acerca de su uso en psicoanálisis. Consideraremos aquí esos planos relativos al concepto.
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Las definiciones básicas que se encuentran en diversos textos de matemáticas coinciden en considerar que algoritmo es una lista de operaciones bien definida, ordenada y finita que permite hallar la solución de un problema. “Un algoritmo es cualquier procedimiento computacional bien definido que toma un valor o conjunto de valores, como entrada, y produce un valor o conjunto de valores como salida. Un algoritmo es por lo tanto una sucesión de pasos computacionales que transforman la entrada en la salida. [Es] (...) una herramienta para resolver un problema computacional bien especificado.” [1] Ello implica que se establezca con claridad el estado inicial del problema y una entrada al mismo, para luego fijar un conjunto de pasos sucesivos, definidos en forma concreta, con los cuales se obtiene un estado final, que se concibe como una solución. Su definición fue formalizada para el modelo computacional con la llamada máquina de Turing.
Aun cuando la noción de secuencia (usada en forma sistematizada por diversos lógicos a partir de G. Kreisel, y a quien se le conoce en los medios psicoanalíticos gracias a los trabajos de Miller[2]), no es particularmente utilizada por los matemáticos para referirse al concepto de algoritmo, es posible mostrar que si se tiene en cuenta la definición indicada de éste, la noción de secuencia puede ser propuesta allí con provecho, en diversos sentidos. Se invoca la noción de Kreisel en este contexto para llamar la atención acerca de las posibilidades que de tal manera se abren en el examen de la naturaleza de los algoritmos, y en lo cual los desarrollos de Miller al respecto, en diversos momentos, han mostrado su valor para elaborar temas centrales, también del psicoanálisis, cuando se propone allí el concepto de algoritmo. Son ejemplos de esto último, la naturaleza del acto analítico, la asociación libre, la estructura de la sesión analítica, los usos del lapso, el discurso mismo de Lacan y otros más.
Los algoritmos se usan para resolver problemas muy diversos. Por ejemplo, hay algoritmos en los manuales de instrucciones para los usuarios de un aparato, cuando éstos se hallan correctamente elaborados, o en general en las instrucciones que se dan para realizar una acción precisa de cualquier tipo. En este sentido, cuando Lacan se plantea la introducción del concepto de algoritmo en el psicoanálisis, tiene en cuenta esta idea. Un ejemplo de ello es lo que llamó el algoritmo de la transferencia.
2
Para considerar el empleo del concepto por Lacan, conviene situar una tesis de carácter general acerca de su propósito de matematizar ciertos términos del psicoanálisis. Al respecto Miller señala que “no parece excesivo decir que [el empeño de Lacan de matematizar ciertos términos] corresponde al registro del semblante; esa matematización está en cierto modo atraída por el cientificismo que se anuncia y, al mismo tiempo, Lacan multiplica las reservas para impedir la caída en él.”[3] Y todo el desarrollo de Miller acerca de este punto, se orienta hacia una crítica radical, fundada en Lacan por lo demás, del semblante cientificista que se pueda derivar de la matematización de ciertos conceptos del psicoanálisis.[4]
Tenemos entonces dos tiempos y dos perspectivas en Lacan respecto a la matematización de conceptos y términos psicoanalíticos: uno, que finalmente es compatible con un cientificismo que se instala en diversos ámbitos de las llamadas ciencias sociales, y que se caracteriza por el semblante de la matematización de algunos términos claves. Y otro, distante de éste, donde se “multiplica(n) las reservas para impedir la caída” en ese cientificismo, que, sin embargo, el semblante indujo. Ha de saberse que el segundo no invalida el uso del matema y la formalización de diversos problemas propios del psicoanálisis. Interroga el mero semblante y sí plantea una exigencia de rigor aun mayor en la perspectiva formalista.
3
En ese orden de ideas interesa acentuar, en especial hoy que la tiranía de la cifra como semblante del cientificismo se halla en la cumbre, la perspectiva que Lacan fue desarrollando en su segunda enseñanza, de multiplicar las reservas que impidan la caída del psicoanálisis en ese semblante y señalar no obstante que existen problemas y conceptos que admiten la matematización.
En este sentido el ejemplo princeps de un uso conveniente del concepto en psicoanálisis, es el fantasma, concepto aislado por Freud y elaborado por Lacan incluida la proposición de su matema, ($¸a), y del cual se puede afirmar que por ser una escena separada del conjunto del sistema de significaciones, admite ser considerado en términos de lo que Lacan llama sigla, la sigla algorítmica. Una propiedad análoga sería exigible a fenómenos que hayan sido conceptualizados en psicoanálisis y que sean llevados a la condición de matema o de algoritmo. Otros ejemplos de valor en ese mismo sentido son la representación del significante y el significado, el primero sobre el segundo, o el algoritmo del comienzo de un análisis o de la transferencia, el cual sin embargo admite críticas desde otra perspectiva; o el concebir, como lo destacó Miller, que “el acto analítico en el sentido de Lacan (...) consiste en plantear que la asociación sin ley responde a un algoritmo”.[5]
A partir de allí cabe la pregunta acerca de si ¿todo hábito, síntoma y modo de goce fundamental responden a un algoritmo? Hay razones para considerarlo así. Y entonces aun cabría la pregunta acerca de si ¿la escucha del analista consistiría en el intento de establecer diversos algoritmos que definen lo propio del sujeto? Y aun, si ¿el pase ha de contener el algoritmo del síntoma con el cual el sujeto se ha identificado?
[1] Cormen
Thomas H., Leiserson Charles E. and Rivest Ronald L. “Introduction to
algorithms”, MIT Press,
http://mitpress.mit.edu/sicp/full-text/book/book-Z-H-10.html [2] Destaco “Algoritmos en psicoanálisis”. Miller, J.-A., Ornicar?, Barcelona, Ediciones Petrel, No. 2, pp. 7-21, si bien a lo largo de su enseñanza el tema ha sido retomado en diferentes momentos.
[3] Miller J.-A.,
L’orientation lacanienne, « Cours 2007-2008 », enseignement prononcé dans le
cadre du Département de psychanalyse de Paris VIII, leçon du 30 janvier 2008,
inédit.
[4] En ese sentido, incluso podría decirse que, a propósito de esta idea, Miller llega concederle algún valor a la perspectiva global, no a los señalamientos más específicos, de la crítica de Sokal (Sokal A. y Bricmont J. Imposturas intelectuales, Barcelona, Paidós, 1999) al uso de ciertos conceptos matemáticos en autores como Lacan u otros, para conseguir un semblante de ciencia en sus proposiciones. [5] “Algoritmos en psicoanálisis”, p. 15.
Silicet #2
Editorial
Este segundo número del Scilicet de
Elida Ganoza, por su parte, se interesa por el uso mismo del algoritmo en la enseñanza de Lacan, e intenta verificar si este uso es lógicamente necesario en la construcción de la doctrina misma. Por último, Carlos Márquez, quiso intervenir en el
intercambio, a partir de la pregunta por la relación misma del algoritmo con
los términos semblante y sinthome que articula el trabajo del congreso de
Lizbeth A.
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Marcela Almanza (NEL-Deleg.México):
Teniendo como perspectiva las tres preguntas que plantea Juan Fernando Pérez al final de su texto, se me ocurre articular las mismas al concepto de algoritmo del modo siguiente. Como plantea este texto, tenemos entonces dos tiempos y dos perspectivas en Lacan respecto a la matematización de conceptos y términos psicoanalíticos que corresponden al registro del semblante: uno, que finalmente es compatible con un cientificismo que se instala en diversos ámbitos de las llamadas ciencias sociales; otro, distante de éste, donde se “multiplica(n) las reservas para impedir la caída” en ese cientificismo, que, sin embargo, el semblante indujo. Nos plantea entonces, que debemos estar atentos a que, el segundo, no invalida el uso del matema y la formalización de diversos problemas propios del psicoanálisis. Más bien, interroga el semblante, y plantea una exigencia de rigor aun mayor en la perspectiva formalista. Así, agregaría que, para la ciencia en tanto "solo progresa por la vía de taponar los agujeros, es su método, es su historia, es su estructura" [1] el uso del semblante, comportaría una concepción del algoritmo, que tendría como objetivo la búsqueda de más y más semblantes en pos de obtener la plenitud del ser vía el complemento de sentido. Cómo pasar de este uso que propone la ciencia, cómo introducir otra cosa que el sentido, sabiendo de antemano que la "fuga del sentido demuestra la función del no-todo en el lenguaje, y que hay siempre un elemento que huye, que descompleta""[2]? Si lo que el psicoanálisis nos enseña es que el referente es vacío, y eso es lo que denominamos A tachado, eso equivale a decir que no hay en lo simbólico un significante para nombrar al parletre, un significante para decir su ser, razón por la cual éste deberá inventarse un nombre para suplir esa ausencia en la referencia. Sabemos que esa invención se realiza con el goce, y que es el modo que propone Lacan -sobre el final de su enseñanza- de poder hacer algo diverso con el goce, de saber arreglárselas con el síntoma, que es lo más íntimo y singular de cada uno. Se trata allí de arribar a un consentimiento del sujeto al goce pulsional del que, además, debe hacerse responsable. En esta vía, si el psicoanálisis se presenta como el revés del discurso del amo atravesado por la ciencia... Desde el psicoanálisis, qué uso entonces para el algoritmo?, Qué política frente a los semblantes? Quizás sea conveniente utilizarlos, pero solo a condición de ir más allá de ellos; apuntando a reducir el sentido. En esta perspectiva, la vía del síntoma, nos indica el camino oportuno pues sabemos que constituye en sí mismo el modo de gozar absolutamente singular de cada uno; resto absoluto, fuera de sentido, resistente a cualquier afán cientificista, capaz de expresarse en un algoritmo que convenga al caso, teniendo el pase como perspectiva pues "es la presentación de lo singular de la experiencia para todos, por vía del matema"[3]
[1] Lacan, J "Autocomentario, Revista Uno por Uno #43 [2] Miller, J. A. "Sobre la fuga del sentido", Revista Uno por Uno #42 [3] Miller, J. A "El analista y los semblantes" en "De mujeres y semblantes", p.33
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Elida Ganoza (NEL-Lima):
El texto del algoritmo expuesto por Juan Fernando Pérez, me permite preguntar ¿qué llevó a Lacan a recurrir a las matemáticas para desde allí formalizar sus conceptos psicoanalíticos, cuál era el objetivo de la formalización matemática en Lacan? Parto de la premisa de que hay dos tiempos y dos perspectivas en Lacan respecto de la matematización de los conceptos psicoanalíticos y aprovecharé para comentar la primera perspectiva planteada que llamaremos semblante de la matematización. Contextualizando, Jacques Lacan se encuentra en su primera enseñanza capturado por la noción del orden simbólico, él separa lo real de la experiencia analítica. Lo real queda en la puerta, nos dice J-A. Miller en su curso 1999-2000, "La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica". Asimismo nos plantea que: "Lacan se orientó por el sujeto tachado" para repeler todo lo que corresponde al goce y lo real. De ahí el problema recurrente que se le presenta a Lacan en su enseñanza es la articulación de lo que es del orden del significante y lo que es del orden de lo real [1]. Este problema motivó a que no cesara de inventar términos que permitieran juntar lo simbólico y lo real. Hasta en su última enseñanza Lacan trató de encontrar diferentes maneras de resolver este impasse de la relación del sujeto con lo real a partir de lo simbólico. Lacan construye conceptos para aproximarse a los conceptos del campo de la ciencia, despojándolos de su significación, para transformarlos en letras, matemas, algoritmos intentando una transmisión universal y generalizable del psicoanálisis. Guiado por este ideal científico, Lacan en 1955 comienza a usar símbolos algebraicos en su obra, en un intento de que el psicoanálisis adquiera status científico. Esta formalización es un medio para la transmisión de su saber y para impedir la comprensión intuitiva, la cual consideraba Lacan un señuelo imaginario. En cada uno de los Seminarios y Escritos de Lacan encontramos un verdadero trabajo de construcción, deconstrucción y reelaboración conceptual efectuada rigurosamente. En este empleo político de los conceptos como en la reconquista del campo freudiano el deseo de Lacan está presente. Es este deseo el que lo dirige apropiándose de esos cuatro conceptos fundamentales inconsciente, repetición, transferencia y pulsión en el Seminario XI, nombrándolos para darles una función instrumental, del orden del utendum [2], de lo que uno puede servirse. Se apropia de ellos para devolverles el poder que habían perdido; subvirtiéndolos, como es el caso del algoritmo de la transferencia expuesto en su "Proposición del 9 de octubre de 1967" donde Lacan, siguiendo a Freud, dice "al comienzo está la transferencia y escribe el algoritmo que la funda. Por la cual un significante del síntoma del analizante, se articula con un significante cualquiera subrayado por el analista, produciendo un efecto de sentido, un efecto de sujeto y la producción de un saber inconsciente. Siguiendo con el Seminario XI, Lacan manifiesta que todo su esfuerzo hasta ese momento ha sido destinado a revalorizar, la palabra, para devolverle su dignidad. Argumenta que de lo que se trata es de combatir "el rechazo del concepto" y nos advierte acerca de los riesgos de la fosilización conceptual y de la ritualización que corre la experiencia analítica. Dejando esta vertiente del comentario en este punto, quisiera remitirme al final del texto donde Juan Fernando Pérez elabora ciertas preguntas que nos inducen a reflexionar sobre la importancia que tiene la aplicación del algoritmo en el psicoanálisis de orientación lacaniana y específicamente en la experiencia analítica. A partir de su estímulo, me permito plantear otras preguntas que puedan favorecer esta reflexión ya instalada en nosotros. ¿Un matema algorítmico mostraría la contingencia de un encuentro? ¿Un algoritmo podría transmitir la carga de la enunciación de un parlêtre? ¿Cómo la prisión del parlêtre [3]se graficaría en un algoritmo? ¿Es posible un algoritmo que dé cuenta de lo más singular de un sujeto en el pase? ¿Sí lo simbólico es lo por excelencia lo que engaña y el algoritmo corresponde al registro del semblante cómo la letra que se sitúa en el orden de lo real puede ser representada en un algoritmo? Para concluir mi intervención quisiera recordarles el quinto principio directríz del acto analítico, que aporta una orientación frente a las preguntas vertidas y que enuncia: "No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica. Freud tomó la metáfora del ajedrez para indicar que sólo había reglas o para el inicio o para el final de la partida. Ciertamente, después de Freud, los algoritmos que permiten formalizar el ajedrez han acrecentado su poder. Ligados al poder del cálculo del ordenador, ahora permiten a una máquina ganar a un jugador humano. Pero esto no cambia el hecho de que el psicoanálisis, al contrario que el ajedrez, no puede presentarse bajo la forma algorítmica. Esto lo vemos en Freud mismo que transmitió el psicoanálisis con la ayuda de casos particulares: El Hombre de las ratas, Dora, el pequeño Hans, etc. A partir del Hombre de los lobos, el relato de la cura entró en crisis. Freud ya no podía sostener en la unidad de un relato la complejidad de los procesos en juego. Lejos de poder reducirse a un protocolo técnico, la experiencia del psicoanálisis sólo tiene una regularidad, la de la originalidad del escenario en el cual se manifiesta la singularidad subjetiva. Por lo tanto, el psicoanálisis no es una técnica, sino un discurso que anima a cada uno a producir su singularidad, su excepción".
[1] Miller J.-A.: "La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica"; Editorial Paidós, pg. 85. [2] Idem anterior, pg. 93. [3] Miller J.-A., La orientación lacaniana, Cosas de finura en psicoanálisis. Curso del 4 de marzo de 2009.
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Carlos Márquez (NEL-Caracas):
Me preguntaba si, desde la perspectiva de lo que plantea
Juan Fernando Pérez, la función del algoritmo consiste en distinguir lo que es
del orden del semblante y lo que no. Así como
Juan Fernando
Silicet # 3
Editorial
El número 3 del Scilicet de
Enseguida encontraremos unas anotaciones al Scilicet anterior, enviadas por Juan Fernando Pérez, que contribuyen al debate sobre el algoritmo y su uso en la clínica y la teoría psicoanalítica.
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Anotaciones al Scilicet 2 Estimo que las consideraciones que proponen en especial Marcela Almanza y Carlos Márquez en Scilicet No. 2 acerca del uso del concepto de algoritmo en psicoanálisis es posible inscribirlas en la perspectiva de cómo “articular una dialéctica del sentido y del goce en la experiencia analítica” (Miller). Conviene notar que, a mi juicio, de esta manera igualmente ubican el concepto en cuestión en la orientación del congreso de París, la cual se puede definir como una forma de investigar la articulación de una dialéctica tal. En ese orden de ideas destaco la precisión que aporta Marcela Almanza acerca de que el uso del concepto de algoritmo en psicoanálisis “sólo [es posible] a condición de ir más allá [del mismo]; apuntando a reducir el sentido”. Este planteamiento, que por lo demás invoca con sensatez la ya muy conocida fórmula del pragmatismo de Lacan del seminario 23 (“prescindir... con la condición de...”), se enlaza con la invocación que hace Elida Ganoza del uso del significante esencialmente como un útil, como un utendum, o aun más precisamente como semblante orientado hacia lo real. Parece posible hacer avanzar la propuesta de Marcela Almanza (complementada con la observación de Elida Ganoza), invocando el planteamiento de Miller según el cual deberíamos “hacer valer en nuestros trabajos el borde del semblante que se sitúa en el núcleo de goce” (ver presentación del tema del Congreso de París, “Semblantes y sinthome”). Me pregunto entonces si ese borde del semblante puede ser reconocido a través del algoritmo del síntoma con el cual el sujeto se halla identificado. Y allí parece posible situar una consideración de Carlos Márquez. Carlos propone aclarar la relación entre los algoritmos del sujeto y el sinthome, en lo que subraya la necesidad de tener en cuenta que “lo real no puede someterse a algoritmo”, en una abierta y plausible oposición a la lógica de la ciencia y la técnica. A pesar de mi acuerdo con lo indicado de esta manera, me queda no obstante la pregunta si Carlos excluye la posibilidad de que un real, singular (quizás ello sea un pleonasmo), admita la construcción de un algoritmo, lo cual sin embargo me parece que él inicialmente admite. Estimo que el sentido de la transmisión que se halla en juego en el pase, por ejemplo, considera esa posibilidad, de la cual no creo que Lacan haya finalmente rehusado. Tal vez el debate en el boletín, y también en el congreso de París, permitan avanzar acerca de tales cuestiones. ********************************************************************************************************************************
Falo Gerardo Réquiz A pesar de que el falo ha jugado un papel importante en la teoría analítica desde sus comienzos, no es un concepto fundamental del psicoanálisis. Debe su éxito a la operatividad que posee. Históricamente se lo ha confundido con el órgano sexual masculino que es, precisamente, el sesgo por donde entra en la teoría psicoanalítica. A Lacan debemos su ubicación definitiva en el campo de lo simbólico. Primero él lo aísla como significante del deseo y, poco después, del goce.[1] Finalmente, Jacques-Alain Miller destaca la sorpresa que causó el hecho de que Lacan formulara posteriormente “que el falo es del orden del semblante.”[2] Desde un principio Freud sitúa al falo como el único referente para la distribución de los sexos porque encuentra que el órgano genital de la niña no establece su existencia en el inconsciente como otro sexo ni la complementariedad entre ambos. Esto implica que la mujer aparezca definida como negatividad ante el órgano lo cual, según esta lógica, genera la envidia del órgano faltante. Así, con el penisneid, se inicia el camino a la feminidad que Freud establece como un proceso, no como un hecho de entrada. Ese proceso es el destino para toda mujer. [3] Destino en el cual el propio cuerpo puede tomar la condición de falo. La dinámica ser o tener el falo, posible para ambos sexos, es un indicio claro de la operatividad del falo para Freud. La reacción al falocentrismo freudiano no se hizo esperar. A partir de los años veinte un grupo de analistas mujeres en Viena se dieron a la tarea de proclamar la existencia de la mujer con la reivindicaron de la vagina. Pensaron que el órgano femenino se inscribe en el inconsciente y representa a la mujer. Veamos como lo dice Melanie Klein: “en ambos sexos hay un inherente conocimiento inconsciente de la existencia del pene así como de la vagina”[4] . Creyendo que la hembra coincide con la mujer en realidad resolvieron el asunto por el lado del sentido. Es decir, haciendo de la vagina un equivalente imaginario del falo cuya primacía querían destronar. Pero, si para ambos sexos existe un solo referente, esto significa que en el inconsciente no se inscriben los sexos sino la presencia o la falta en relación a un elemento. Y la presencia se asocia al hombre. Entonces, ¿qué es el otro sexo más allá de las identificaciones al falo y a los estereotipos sociales de una época, o de su función como madre? Lacan encuentra que la feminidad hay que explorarla más allá del semblante y que, en cuanto a la referencia al hombre, este únicamente sirve de relevo para que la mujer atisbe algo de esa feminidad: “…sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para si misma, como lo es para él”. [5] Sin embargo, la operatividad del falo no concluye con este imposible. Lacan demuestra que el falo interviene en el acercamiento de los sexos y como condición en la elección de la pareja sexual, homo o hétero, basada en la presencia o ausencia del órgano.
El falo es el efecto de una operación que Lacan llamó Nombre del Padre y con la cual el psicoanálisis encontró el operador adecuado para anudar el Edipo, la castración, el falo, el síntoma, el lenguaje y el inconsciente, y como referente para dar sentido al mundo. Lacan plantea, en efecto, que el falo es el “significante destinado a designar en su conjunto los efectos de significado, en tanto determinados por el significante”[6]. Esto es un problema para los sujetos en los cuales falla la operación del Nombre del Padre, que conocemos como psicóticos, porque entonces la significación fálica queda ausente y en consecuencia el sujeto pierde la referencia que evita la deriva del sentido. El significante fálico captura algo del goce en el significante y le otorga cierta dignidad y alguna utilidad para el ordenamiento subjetivo y colectivo. Pero el resto que queda, ¿cómo articularlo a la estructura? Lacan busca cómo hacer para articular ese “no todo” propio del significante a la estructura desde muy temprano y desemboca en el síntoma como articulador final, es decir, más allá del falo. Estas elaboraciones nos orientan en la clínica y en el acercamiento al fenómeno social. No obstante, para ubicar el valor y la utilidad de cualquier semblante, no podemos perder de vista que la ficción los atraviesa. Es el caso del padre desde su invocación como Nombre hasta sus productos. Esto cobra especial importancia en nuestros días porque hoy asistimos al decaimiento del peso y la autoridad de un padre que reinó por siglos. Sabemos que algunos elementos civilizatorios como el pudor, la vergüenza, la moral, el self-restrain de otras épocas, asociados tanto al padre como a la valoración fálica, ya no tienen la fuerza de antes. Por otra parte, el individualismo contemporáneo, sostenido en el derecho al goce, no quiere saber mucho de la función del semblante como barrera al goce ¿Habría que lamentarse hoy por la declinación de los semblantes porque aparentemente antes garantizaban un cierto arreglo con el goce que parecía ser suficiente? ¿Habrá que llorar por el padre caído y restituir su autoridad para salvar al mundo? ¿O se trata más bien de estar atentos a las declinaciones y a las maneras como se presentarán los semblantes para lidiar con el goce, algo de lo que apenas tenemos una idea? Seguramente se trata de buscar precisamente por donde el semblante no da respuestas. Desde la perspectiva analítica la salida a este desafío que nos presenta la época está del lado de lo que el síntoma nos puede decir del arreglo particular de un sujeto con el goce fuera del falo, y de cómo este sujeto toma a su cargo las consecuencias éticas que ello conlleva.
[1] Lacan, J., “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, en Escritos I, México, Siglo veintiuno, 1971, p.335. [2] Miller, J-A., De la naturaleza de los semblantes. Buenos Aires, Paidos, 2002, p. 259. [3] Freud, S., “La organización genital infantil”, 1923.
Obras completas III. Madrid, Ed.
Biblioteca Nueva,
1973, p. 2699.
[4] Klein, M., “The Oedipus complex in the light of early anxieties”, en Essential papers on the psychology of women. New York University Press, 1990, p.78. [5] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, en Escritos I, op. cit., p. 296. [6] Lacan, J., “La significación del falo”, en Escritos I, op. cit., p. 283.
Silicet # 4
EDITORIAL
El presente número, el cuarto Scilicet de
Lizbeth A.
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Claudia Velasquez (NEL-Medellín):
A partir del texto de Gerardo Réquiz, Falo, quisiera proponer para la discusión algunas ideas que considero centrales del mismo. Encuentro que si bien se propone al falo como un concepto “no fundamental” se le subraya el valor de su operatividad al mostrar en su presentación tanto los alcances como las limitaciones de ésta. Una operatividad de la cual se puede decir que, en primer lugar, le es dada al falo por su condición de significante y en segundo lugar, que se hace efectiva en el campo de lo sexual al atrapar un goce en un semblante que hace del ser y del tener un parecer, diferenciando con ello los sexos. No es poco entonces esto que el falo consigue pues se trata de una conexión del goce y lo simbólico que además denota su importancia para la constitución de un sujeto sexuado. Podemos aquí considerar la definición que da Lacan en El Sithome, cuando dice “El falo es la conjunción de lo que he llamado ese parásito, que es el pitito en cuestión, con la función de la palabra” (pag. 16). A continuación sugiere G. Réquiz que el falo sería insuficiente, inoperante, en lo que respecta al campo que abre la feminidad, con la pregunta por el Otro sexo, y la forclusión -generalizada- del Nombre del Padre, con la pregunta por el lazo social propio de nuestra época. Y ante esta insuficiencia estaría como salida la posibilidad de la operatividad del síntoma. Todo lo anterior permite al texto formular: más allá del semblante fálico, síntoma y feminidad. Aquí quisiera plantear un problema a reflexionar por cuanto si bien el texto señala la ausencia de significación fálica en la psicosis, considero que ella sigue siendo fundamental, al punto de que Lacan considera la suplencia en Joyce, “su arte”, como “el verdadero garante de su falo”; entonces, si el sinthome consigue suplir el semblante fálico, ¿cómo considerar aquí la ausencia de significación fálica e incluso su carácter no fundamental? Dicho de otra manera, ¿qué lugar para el semblante en la aprehensión sinthomática del goce? Quizás con lo anterior podemos retomar lo propuesto por Lizbeth Ahumada en el editorial del Scilicet n°3, respecto a la expresión “semblante mayor” y la posible jerarquización de los semblantes, para indicar que no todos los semblantes tienen el mismo estatuto. En este sentido se podría pensar que la operatividad de un “semblante mayor” está dada por su posibilidad de “verificar lo real”, de ser “borde que sitúa un núcleo de goce”, de “indicar el lugar donde se pretende un goce no tachado”…y a partir de ello considerar dichas posibilidades para el falo. ************************************************************************************************************************************************************************* Ángel Sanabria (NEL-Maracay):
Recuerdo una observación de M-H Brousse en su Conferencia de Caracas sobre “Las declinaciones del Padre…”: mientras más la ciencia avanza en el conocimiento biológico del animal humano, más patente se hace -en lo social y en lo subjetivo- el estatuto discursivo de la realidad humana (su carácter de ficción). Podemos decir entonces: más la ciencia desentraña los mecanismos de la biología sexual (v.g., todo el campo de lo que llaman las “intersexualidades”), más patente se hace el carácter contingente de la inscripción de lo sexual –y más lo biológico se revela como impotente para responder de su subjetivación. Para el psicoanálisis esta subjetivación se ordena a partir del falo como “símbolo del goce y de la pérdida de goce” (Miller, “Lógicas de la vida amorosa”), es decir, del goce que se inscribe en el inconsciente y del goce que escapa a la inscripción. El psicoanálisis, que ha tenido su parte en el declinamiento del Nombre del Padre, también ha jugado lo suyo en la “licuefacción” del falo, llevándolo al registro de lo contingente: “Al falo la experiencia analítica cesa de no escribirlo” (Seminario 20). La relación entre ambos (NP y falo), que no sabríamos si pensarla en términos de una jerarquía –como se pregunta el editorial del Scicilet 3-, es en todo caso la relación entre una operación (o un operador) y sus efectos. Desde ese punto de vista, el texto de Gerardo Réquiz nos ha llevado a preguntamos, al lado de las consecuencias de la declinación y pluralización del Nombre del Padre, por los efectos de esta declinación sobre el falo y sus semblantes. Ensayemos abordarlo en las dos vertientes del falo como símbolo “del goce y de la pérdida de goce”. Desde la vertiente del goce que no se inscribe, del goce por fuera del falo, tendríamos la extensión cada vez mayor del goce autístico y de las patologías del acto, etc., como algo diríamos que correlativo a un retroceso o declinamiento del dominio fálico. Pero desde la vertiente de lo que el falo inscribe (y de cómo, hoy por hoy, lo inscribe), es decir del reparto de lo sexual que el falo posibilita en lo contemporáneo, asistimos a un movimiento de “fluidización” de los semblantes de lo fálico, que se inicia en eso que podemos llamar la “democratización del falo” (v.g., reivindicar para la vagina los mismos “privilegios” del falo, tal como acertadamente Gerardo lo identifica en aquellas analistas vienesas); y que lleva –por la vía del “género”- a la pluralización de las identidades sexuales tal como hoy puede verse en la diversidad de movimientos post-feministas (lésbicos, gay, queer, etc.). Encontramos aquí toda una diversidad de posiciones que hacen del reparto de lo sexual asunto de disputa en lo jurídico, político, educativo, etc. (“El género en disputa”, es el título de un libro de Judith Butler). Se trata efectivamente de “semblantes para lidiar con el goce”, tomando las palabras de Réquiz, pero que me parece que habría más bien que inscribir en las formas actuales de la reivindicación fálica –y en tanto actuales, no ajenas a la segregación por el goce propia de lo contemporáneo.
Silicet # 5
Editorial
Este número contiene el escrito de Susana Dicker relativo al item del próximo Scilicet : OBJETO a. El texto enfatiza un periodo avanzado en la enseñanza de Lacan, en el cual, se devela como tal el estatuto de este objeto, y se extraen las consecuencias de ello en la clínica. Ciertamente, este semblante singularísimo, que evoca el modo en que un sujeto ha soldado su relación con el Otro, es por fuerza, un dato clínico que da cuenta de la posibilidad de la transferencia, y también de su destitución: inicio y final de la experiencia analítica. Es decir, el semblante con que el analista es investido, y a lo que el consiente hacer ( de semblante de objeto del analizante), es una forma de pasaje al Otro en la que el deseo del analista es su correlato, su condición. Podemos decir, que hay una temporalidad propia del sujeto analizante en la construcción en análisis de este semblante, vía obligada para desvelar el sinthome al que el sujeto se consagra. ¿Hay también un tiempo propio en la función de hacer semblante de objeto del lado analista? El tiempo es el de la transferencia, se me podría contestar, pero...
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EL OBJETO a
Susana Dicker
Si hay algo que es el objeto a, no como real …ex - siste por haberlo yo construido
J. Lacan "
Se trata aquí de revisar el estatuto del objeto a, entre los seminarios XVII y XXIII de J. Lacan, en la medida en que el mismo no es ajeno a la relación de oposición entre semblante y sinthome, dos conceptos que subrayan la singularidad del aporte de la enseñanza lacaniana de ese momento y, en particular, respecto a la clínica.
Los nombres del objeto a Nombrado así por Lacan en “
Lacan lo aborda por dos vías: a- la lógica, que lo ubica
como producto de la operación
del
significante sobre
Los seminarios XVI y XVII destacan su consistencia lógica y un nuevo nombre: objeto a, plus-de-goce. La operación del significante hace pasar el goce al inconciente, pero “el inconciente nunca cuenta justo (…) del goce a la contabilidad: para que de justo debería haber una proporción entre ambos”[1]. El objeto a es resultado de esa falta de proporción entre el significante y el goce. Lógica y topología articuladas: en el lugar del Otro se introduce un agujero, el objeto a, que funciona como lugar de captura y de condensación del goce. Lo nuevo es que el goce es efecto del significante; es un efecto del discurso que lo borra y la respuesta es el objeto a como plus de gozar; el goce evacuado como agujero y el retorno del goce como plus. Intento de recuperación y su fracaso que da lugar a la repetición, a la que se encadena el sujeto y que realizará en sustancias episódicas, en recortes del cuerpo y en la monotonía del fantasma. Como plus de gozar señala al ser del sujeto. Pero su capacidad de sustituir al S1 en la operación de separación, de permutar lugares en los cuatro discursos, de ser equivalente a funciones simbólicas será la causa de un nuevo nombre para este objeto: el de semblante.
De los semblantes al sinthome ¿Qué conduce a Lacan al objeto a como semblante? Su concepción de las relaciones de lo simbólico con lo real. Si éste resulta de la articulación significante, el objeto a ya no es un nombre adecuado para lo real. En Aún Lacan elabora un triángulo en cuyos vértices ubica los tres registros, I, S y R que hace equivaler. Cuestiona la naturaleza real del objeto y lo ubica en el segmento que va de lo simbólico a lo real, debajo de la palabra semblante: “…lo simbólico, al dirigirse hacia lo real (en su esfuerzo por aprehenderlo) nos demuestra la verdadera naturaleza del objeto a” [2], su naturaleza de semblante de ser. Miller retoma la frase del seminario XVII: El ser hablante está condenado al semblante y se pregunta: “¿el ser está del lado del semblante o del lado de lo real? En la perspectiva de Lacan y en psicoanálisis, no se debe dudar de separar el ser de lo real y en situar el ser del lado del semblante” [3]. Si éste hace creer que hay algo allí donde no hay y si lo referimos al no hay relación sexual tenemos que, a nivel de lo real, sólo hay semblante. Lugar de la operación del analista: “$ que se produce como objeto a. Se hace algo con nada y cuando, esto ocurre, tiene efectos en lo real” [4] Pero el lugar del a en el discurso analítico no es sin el Uno del régimen edípico.”Dirigir la cura en nombre del objeto a no escapa en absoluto al régimen edípico” [5]que pone en la serie de semblantes al padre, al falo y al objeto a, éste siempre en relación al (-Q). Miller subraya la afinidad de ese objeto con el semblante: “Llamamos objeto a, a lo que, en ese desastre del sujeto que se denomina falta en ser, parece dar el soporte del ser”. En sus palabras, “el ser es la manera en que se disfraza a lo real para que esté presentable, para que guarde compostura en la masa del significante” [6] La afinidad del a con su envoltura es una de las propuestas de Lacan, pues es allí donde se distingue a lo real, opaco, accediendo a lo simbólico. Advierte a los analistas: “No ha de creerse que en modo alguno sostengamos nosotros al semblante. Ni siquiera somos semblante. Somos en ocasiones lo que puede ocupar su lugar y hacer reinar ahí ¿qué? el objeto a (…) El analista (…) es quien, al poner el objeto a en el lugar de semblante, está en la posición más conveniente para hacer lo que es justo hacer (…) interrogar como saber lo tocante a la verdad” [7] De Aún a El Sinthome, éste se hace compuesto de síntoma y fantasma, el modo con el que cada uno goza de su inconciente. Es síntoma goce… de letra, lo que no cesa de escribirse. Al no hay relación sexual la respuesta es el sinthome, que opera en lo real. Esto define al objeto a en el seminario XXIII: “…el objeto es ob, obstáculo a la expansión de lo imaginario concéntrico, es decir, englobante. El objeto es concebible (…) se lo puede asir con la mano…” [8]. Consistencia lejana al semblante que se traduce en el os de hueso. “Si reduzco este osbjeto a esta a minúscula es precisamente para marcar que la letra no hace en esta oportunidad más que mostrar la intrusión de una escritura en tanto otra (autre), con una a minúscula (…) La escritura en cuestión viene de otra parte que del significante” [9]
De lo simbólico a lo real, el objeto a será semblante o será resto que habita el cuerpo gozante en el sinthome, ambas respuestas a la no relación sexual. Resto que da el sello a una clínica de lo incurable, allí donde el sinthome soporta lo singular.
[1] Miller, J. A., Los signos del goce, - Paidós, Argentina, 1998, p 326
[2] Lacan, J., El Seminario, libro XX Aún, Paidós, España, 1981, p. 109
[3] Miller, J. A., De
[4] Miller, J. A., De
[5] Miller, J. A., De
[6] Miller, J. A., De
[7] Lacan , J., El Seminario, libro XX Aún, Paidós, España, 1981, p. 115
[8] Lacan, J., El Seminario, libro XXIII El Sinthome, Paidós, Argentina, 2006, p. 83
[9] Lacan, J., El Seminario, libro XXIII El Sinthome, Paidós, Argentina, 2006, p. 143
Silicet # 6
Editorial
Este número 6 del boletín está destinado a recoger los comentarios de María Elena Lora y de Laura Arciniegas alrededor del texto sobre EL OBJETO a que circuló en el número anterior. En esta ocasión, encontramos en la introducción del comentario de María Elena una reflexión relativa a lo que es comentar un texto, cuya condición fundamental es su lectura (afirmación que no va de suyo), una lectura que conmueve al escrito poniendo de relieve la presencia misma del lector; ella nos ilustra este punto con su propio comentario y, en este sentido, resulta ejemplar. Laura enfatiza los cambios que se producen en la enseñanza de Lacan, a partir del seminario 17, sobre la noción de cuerpo, y su incidencia en la cura. Lizbeth A.
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María Elena Lora (NEL-La Paz):
Hablar de J. Lacan a propósito de la presentación del texto sobre el Estatuto del objeto a realizado por Susana Dicker, supone efectuar un recorte, elegir un aspecto de su enseñanza, esto es desistir de una operación de síntesis y tan sólo, subrayar un matiz. Sin duda, esto es incurrir en una parcialización inevitable.
Comentar un texto, además de su lectura, implica la presencia de una serie de preguntas y respuestas. Una relación tal se produce con la lectura del texto sobre el objeto a en este número de Scilicet pues lleva a desprenderse de la idea tan actual de que leer es sólo informarse. Se trata sobre todo de mantener viva la idea de que leer es un acceso al saber, un ejercicio de la pregunta y de la respuesta y la espera de que en cualquier punto del texto nos hallaremos sorprendidos por lo que nos sale al encuentro.
Dos aspectos a destacar son: en primer lugar, la propuesta de la autora, quién tomó el sesgo de bordear un camino entre los seminarios XVII y XXIII de J. Lacan para hablar del objeto a y su relación con los conceptos de semblante y sinthome, declinando la ambición de transmitir una perspectiva de amplitud porque la idea de completitud desentona por sí misma con el pensamiento y la clínica lacaniana. En segundo lugar, los dos puntos en que divide el texto constituyen una interesante y particular guía que señala el estatuto del objeto en psicoanálisis como aquel objeto perdido cuya naturaleza es la de haber sido una parte de nosotros mismos. Los objetos perdidos han sido parte de nuestro cuerpo.
J. Lacan presenta al objeto a como un punto fundamental, no sólo como una propuesta innovadora, sino como el nudo que permite desenredar las líneas epistémicas de su pensar, y nos introduce a un recorrido que sufre variaciones a partir de la práctica misma y su interrogación sobre lo real.
El seminario 20 no es la ultimísima enseñanza de Lacan pero representa un instante de interrogación sobre el concepto de objeto a, cuya teorización y construcción no se agotará sino que marcará el inicio de la clínica de la no relación sexual.
Desde esta perspectiva se puede abordar el estatuto del objeto a en el seminario 20. En el capítulo 8 titulado El saber y la verdad, tenemos una referencia muy precisa sobre el objeto a situada a partir de un grafo que aparece por primera y única vez en esta clase. El grafo es un triángulo donde se puede verificar que el objeto a no corresponde a lo real ni al goce, más aún, J. Lacan coloca en el vector que va de lo simbólico a lo real la palabra semblante y debajo escribe objeto a.
De esta manera, como dice Miller, se establece respecto al objeto un punto de inflexión en la enseñanza de Lacan, quién señala: “Por último, lo simbólico, al dirigirse hacia lo real, nos demuestra la verdadera naturaleza del objeto a. Si antes lo califiqué de semblante de ser, es porque semeja darnos el soporte del ser” (…) “Pero sólo se resuelve, a fin de cuentas, en su fracaso, en no poderse sostener en el abordaje a lo real”. (1) Es decir que el soporte que da el objeto a es el fantasma y no resuelve el ser en tanto ser sexuado, ni lo real del sexo y el goce.
El objeto a en tanto semblante ubicado en dirección a lo real y proviniendo de lo simbólico, no llega a lo real, se dirige a lo imposible.
Así, Lacan expresa: “La afinidad del a con su envoltura es una de las articulaciones principales propuestas para el psicoanálisis (…) Ahí se distingue lo real. Lo real no puede inscribirse sino con un impasse de la formalización”. (2) De esta manera, se entiende que para el psicoanálisis el impasse de la formalización es la relación sexual. Ese es el real para el psicoanálisis.
Siguiendo esta propuesta, J. Lacan ubica en este grafo otros
términos como verdadero, S(A/), realidad, PHI
y señala: “Estos tres términos, los que inscribo con la a,
Esta reflexión sobre la noción de depreciación no implica que el objeto a quede sin valor en relación a su lugar en el fantasma, como plus de goce, o como causa de deseo, se trata de ver la oposición entre semblante y real y, como indica Miller, se muestra el movimiento en la enseñanza de Lacan que hace del objeto a un semblante más.
Asimismo, al finalizar este capitulo J. Lacan menciona: “El analista, en efecto, en todos los órdenes del discurso que se sostienen actualmente (…) es quién, al poner el objeto a en el lugar del semblante, está en la posición más conveniente para hacer lo que es justo hacer, a saber, interrogar como saber lo tocante a la verdad”.(4)
Siguiendo esta vía de reflexión sobre el estatuto del objeto a, me parece importante en la actualidad y a partir del saber científico interrogarse sobre algunos aspectos: ¿Hay una deslocalización de los objetos a? ¿Existirá alguna discontinuidad entre el funcionamiento del objeto a y los nuevos gadget que envuelven algún tipo de objeto? ¿Tienen ambos el mismo estatuto?
(1) Lacan, J., El Seminario, libro XX Aún, Paidós, España, 1981, p. 114-115 (2) Lacan, J., El seminario, libro XX Aún, Paidós, España, 1981, p. 112 (3) Lacan, J., El Seminario, libro XX Aún, Paidós, España, 1981, p. 114 (4) Lacan, J., El Seminario, libro XX Aún, Paidós, España, 1981, p. 115-116 (5)
Miller, J.A., De
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Laura Arciniegas (NEL-Bogotá):
Tomando en consideración el movimiento que Susana Dicker nos presenta en este momento de la enseñanza de Lacan respecto del estatuto del objeto a, cabe resaltar lo que hace a las consecuencias de dicho movimiento sobre la clínica.
La cuestión que orienta dicho movimiento se anuda a la pregunta por la relación entre significante y goce. Susana plantea “¿Qué conduce a Lacan al objeto a como semblante? su concepción de las relaciones de lo simbólico con lo real. Si este resulta de la articulación significante, el objeto a ya no es un nombre adecuado para lo real”.
Efectivamente, el seminario XVII intenta dar cuenta de la modalidad de goce que es susceptible de discurso al ubicar que los cambios del régimen del discurso, son cambios de régimen de satisfacción. Sin embargo Lacan arriba al límite de la operación del discurso dado que por esta vía no es posible decir todo sobre el goce haciéndose necesario abrir otra: la del semblante. Esta otra vía posibilitaría el abordaje de cómo el ser hablante se anuda al cuerpo. Se trata ahora de ubicar la incidencia no discursiva del significante en lo real. Más allá del efecto metafórico, estructurante se trata ahora del efecto de la marca, de la letra. Esto considera lo que del goce no pasa al discurso, lo que se resiste a su domesticación, de allí el cuestionamiento de lo simbólico para circunscribir lo real que está en juego. Ello requiere a su vez un cambio de perspectiva y una nueva idea de cuerpo. Ya no se trata del cuerpo de los objetos pulsionales, ahora es el cuerpo de la marca….de goce.
Si la dimensión de goce correlacionada con la repetición significante que incluye el doble movimiento de pérdida y producción del goce (horizonte de todo discurso en su intento de anudar sentido y goce) conlleva a ubicar el saber como uno de los medios del goce, se trataría de una recuperación del goce vía el saber. Esto se diferencia del sentido que se anuda más bien a la dimensión de la verdad. De allí que el análisis opera no con la promesa de un sentido, sino con la dimensión del sinsentido, como acceso a lo real. Para ello el analista ha de sostener su deseo, y operar sin su fantasma. Y ello por cuanto en su propio análisis ha levantado el desconocimiento del objeto a, es decir de su acto. Así, si la relación sexual no existe en el discurso, habrá
que ir más allá de él.
*Nota: El
Scilicet de la NEL No.8 publica los comentarios al texto aparecido en el número
anterior, sobre el item: TAPÓN, escrito por Enric Berenguer. Los colegas Ronald
Portillo y Rosa Lagos, nos transmiten las ideas que les suscitó el texto y ponen
en evidencia que antes que completarlo, su ejercicio de comentario introduce las
escansiones que, como lo dice Silvia Tendlarz, miembro del Comité de Acción de
la Escuela Una, señalan un más por decir, reintroducen el agujero por donde
escaparía la ilusión de lo dicho todo.
Las palabras de Silvia a la manera de Editorial,
anteceden estos dos interesantes comentarios.
Lizbeth A.
Editorial
Paris se prepara
para recibir a los miembros de la Asociación Mundial de Psicoanálisis durante el
Congreso de abril 2010. También nosotros, desde las distintas
Escuelas que componen la AMP trabajamos, preparamos, estudiamos la temática que
nos convoca comunitariamente.
El Comité de Acción en la
Argentina llevó a cabo una serie de Noches de trabajo en la EOL destinadas a
estudiar el binomio semblantes-sinthome tomando un eje en cada ocasión: la
verdad, el Otro que no existe, el discurso analítico, hombres y mujeres y,
finalmente, todos locos. En cada noche se retomaron textos del Scilicet de
miembros de la EOL y fueron comentados oportunamente. Esta actividad corresponde
a una práctica usual dentro de nuestra comunidad. Las reseñas de esas noches,
junto a algunos de los comentarios se incluyeron en la página Web de la
AMP.
Los Papers, los trabajos
de Scilicet, las reflexiones que se desprenden de ellos, los presentes Boletines
de la NEL -que incluyen un trabajo y sus comentarios-, y tantas otras
iniciativas de las Escuelas, conforman una diversidad dentro de un mismo
movimiento. De todo ello se extrae un saber que intenta distanciarse de una
recopilación de citas sin enunciación que tape los agujeros, y encamina hacia un
más por decir desde aquello mismo que no se sabe.
Silvia Elena
Tendlarz
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Ronald Portillo (NEL-Caracas):
En su artículo para el Scilicet "Semblants et
sinthome" Enric Berenguer, con el rigor conceptual que le caracteriza, nos lleva
de la mano por una serie de referencias relativas a lo que hace función de
obturación a lo largo de la enseñanza de Lacan: de la hiancia subjetiva, de la
falta fundamental de la madre, del Otro, de los orificios del cuerpo, del
no-rapport sexual. Y eso que obtura no solo ha estado ejercido por el objeto,
también por la significación fálica, por la metáfora paterna, por el hijo para
una mujer, por el lenguaje, por el amor, por el síntoma, por el semblante.
Berenguer realiza un apretado y suscinto
recorrido a partir del binomio agujero-tapón, precisando desde el inicio de su
trabajo que no existe adecuación posible cuando el agujero aparece ligado al
traumatismo, al "troumatisme", uno de los nombres lacanianos de lo real. Y es
que precisamente el agujero en lo simbólico adquiere el estatuto de traumático
en la medida en que no puede ser colmado por el "tapón", ni tampoco puede ser
inscrito en la cadena significante, ni mucho menos generar efectos de
significación. Es lo que constituye lo real de lo simbólico.
En última instancia el "tapón" lacaniano
remite al sintoma freudiano de la segunda tópica, igualmente encuentra ubicación
en la estructura del fantasma lacaniano, instancias que no contemplan la
"ex-sistencia" de lo real. En el síntoma y en el fantasma está implicada una
lógica del todo, correlativa al taponamiento. Al contrario, la imposible
adecuación del "tapón" al agujero da cuenta del registro del "pas-tout".
Por ello -dice Berenguer- el Seminario XXIII
expone "el fracaso necesario de toda estrategia del tapón". Este fracaso
necesario permite a Lacan ir más allá de la castración freudiana, más allá del
síntoma, más allá del fantasma.
El sinthome, como "operación suplementaria",
contempla esa franja "de más allá" en la medida en que incluye la "ex-sistencia"
de lo real, la inconsistencia del Otro simbólico, co-sustanciales al plus de
goce.
En su formulación Lacan reemplaza al tapón de
la obturación, sinónimo del agalma, por el plus-de-goce. Acude al recurso del
sentido para resolver o reducir el plus de goce, el "goce sentido" termina
también fracasando en la resolución de lo real del goce, dado que el goce es
opaco al sentido (1).
Sin embargo el sentido nos permite
circunscribir el punto ininteligible del goce opaco del síntoma. Al respecto JAM
propone "articular una dialéctica del goce y del sentido en la experiencia
analítica" (2), imponiéndose por tanto la necesidad de recuperar al semblante,
el "borde del semblante" (3), en la medida en que éste en lugar de colmar
permite ubicar el núcleo de goce.
(1) Lacan J., Autres ecrits, p. 570 (2) Miller J-A., La Cause freudiene # 69, p. 131 (3) Cf. ibid.
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Rosa Lagos (NEL- Caracas. Residente en Santiago de Chile):
Tal como hacemos con un caso, cada texto nos convoca a dejarnos enseñar por él y en este texto que presenta Enric Berenguer nos coloca frente al tema del agujero como traumático, efecto de la falta de significación de la diferencia de los sexos y la inadecuación del tapón que pudiese obturarlo. Es por vía del Sinthome que se podrá hacer algo con él, como única prueba de la incidencia de lo simbólico en lo real.
Para esto, Enric Berenguer nos conduce por las distintas puntuaciones que realiza Lacan a lo largo de su obra, con lo cual destaca la complejidad y dificultad en abordar el tema de la hiancia que afecta al sujeto, las transformaciones del concepto de agujero y los intentos por colmarlo, intentos siempre fallidos, que conducen a una lógica "que desborda el modelo del tapón", como lo indica E. Berenguer.
Se destaca la formulación de categoría de semblante tanto para el Sujeto como para el objeto a, como categoría opuesta a lo real, indicando que como semblante apunta al lugar de lo que no hay, del vacío estructural, pero permitiendo que a través del borde de semblante del objetoa pueda tocar algo de lo real.
La lectura de este texto me condujo a la pregunta por el agujero y esto me lleva a distinguir el tipo de agujero del cual se trata en la última enseñanza de Lacan.
Este concepto de agujero se distingue del de falta en tanto que, cuando se habla de falta, ésta se refiere "a una ausencia que se inscribe en un lugar, obedece al orden de los lugares" [1], por esta razón es posible que venga otro término a ocupar el lugar en que algo falta, gracias a lo cual se produce una permutación, imprimiéndole a la falta una característica funcional y combinatoria.
No es el caso del agujero, al cual Lacan se refiere en la última enseñanza, aquí se trata de la desaparición del orden de los lugares, en el cual el A/ (Otro barrado) significa un agujero en el lugar del Otro, ya no es una falta en el lugar del Otro, posible de ser substituida y por lo tanto posible de una combinatoria, ahora se trata que por causa de este agujero en el Otro es posible la ex-sistencia de lo real, aislando el goce como algo de lo real que implica la exclusión del sentido.
[1] Miller J.A. Lo real y el sentido. Buenos Aires: Colección Diva. 2003
SCILICET # 9
Editorial
La CONTINGENCIA es el item de interés de este
número del Scilicet de la NEL. El texto de María Hortensia Cárdenas propone un
sesgo definido al abordar este modo de inscripción a-temporal del trauma,
relacionado con la repetición como semblante y el sinthome como su reducción.
Tenemos en ello una óptica posible del recorrido de una cura, y en este sentido,
es un transcurso que va de lo que ha devenido necesario -de escribirse- (lo que
hace un destino para un sujeto), al modo de separación de
esta escritura tortuosa. Podemos preguntarnos entonces, si el encuentro con el
particular modo de goce, no sería la contingencia del encuentro entre semblante
y sinthome; teniendo en cuenta que, en efecto, en la clínica encontramos más
bien la oposición o la tensión que entre el semblante y el sinthome se
establece.
Sintetizando, al final del recorrido de una cura
¿la reducción al sinthome no es acaso también, el descubrimiento del punto de
encuentro entre éste y el semblante que lo circundaba?. En otras palabras, ¿no
se devela para el sujeto,la función que el semblante tenía con relación al
sinthome producido?
Lizbeth A.
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CONTINGENCIA
María Hortensia Cárdenas
La contingencia en psicoanálisis está articulada a la repetición. El inconsciente repite e insiste. El automatismo de repetición se fundamenta en la insistencia de la cadena significante, que no cesa de repetirse. Lacan lo indica en “La carta robada”, texto con el que inaugura sus Escritos. [1] Si se tira una moneda y se obtiene cara o sello, se demuestra que no hay azar sino leyes que determinan, hacen posible ciertos resultados y otros no, son imposibles.
En el momento del Seminario XI, Lacan demuestra que el principio del placer trabaja para la homeostasis, su finalidad es eliminar el displacer, sin embargo, lo que se repite es el displacer. El automaton somete al principio del placer. Todo tiene que ver con la satisfacción. “Satisfacen a algo que sin duda va en contra de lo que podría satisfacerlos, lo satisfacen en el sentido de que cumplen con lo que ese algo exige. (…) diremos que aquello que satisfacen por la vía del displacer, es, al fin y al cabo, la ley del placer.” [2]
La tyché, otra modalidad de la repetición, es el encuentro inesperado que se busca repetir, pero es un encuentro fallido con lo real del trauma, [3] con lo inasimilable. El mal encuentro está a nivel de lo sexual. [4]
El inconsciente es sujeto supuesto saber como semblante, busca saber en la repetición pero hay algo que siempre se le escapa porque el encuentro es fallido, y, paradójicamente, lo que se escapa resulta ser causa de lo que se repite. Lo contingente del trauma se inscribe como necesario y se repite como saber de goce. La insistencia del inconsciente es significante y pulsional. La pulsión, un empuje constante, se satisface en el síntoma.
Este inconsciente saber surge de lo imprevisto. Lacan lo dice: “solo estás hecho de eso, de esas manifestaciones contingentes, de esas pequeñas interrupciones, esas pequeñas discontinuidades…” [5]
En el Seminario Aun Lacan hace uso de la lógica modal que no afirma si una proposición es verdadera o falsa, sino que expresa la modalidad de la proposición: lo necesario, lo posible, lo imposible y lo contingente.
Lo necesario es lo que no cesa de escribirse y aquí se ubica el síntoma, como insistencia de goce, conjugado a lo imposible de la relación sexual, que no cesa de no escribirse. La contingencia, contrario a lo necesario, es lo que produce que la relación sexual no sea más que el régimen del encuentro. Solo con el encuentro cesa de no escribirse y podría dar paso a lo posible, cuando cesa de escribirse.
J.-A. Miller señala que Lacan pasa del registro de lo simbólico a lo real a partir de la lógica matemática y del tropiezo con lo imposible. [6] La fórmula no hay relación sexual tiene como correlato el sentido sexual, en tanto la no relación es correlativa del encuentro en la relación amorosa. Se ve aquí la oposición entre lo necesario de la no relación sexual y el encuentro que es contingente. Lo contingente del encuentro con el goce deviene necesario y se repite para hacer semblante de “hay relación”.
En su última enseñanza -continúa Miller- Lacan busca acordar al psicoanálisis un real que le sería inherente, y diferente al real de la ciencia. El real del psicoanálisis es el de la no relación y es el real de la modalidad del encuentro, de la contingencia. Porque se constata que todo lo relacionado entre los sexos tiene que ver con la contingencia, se puede inferir que en esa relación no hay una necesidad que trabaje. El acento está puesto en la contingencia y no en la necesidad.
¿Cómo hacer en la clínica para acercarse a lo real, ir más allá de un discurso que no sería del semblante y desprenderse del goce? La asociación libre pone en evidencia la repetición significante, algo que obliga a la repetición. En El hueso de un análisis, Miller [7] propone que la cura procede por una operación de reducción de la repetición en los dichos del sujeto; de la convergencia de los enunciados en un enunciado esencial que se inscribió con fuerza sin que él lo sepa, y marcó su destino; y de la evitación de ciertos enunciados, pero que son correlativos de repeticiones y convergencias. Se trata de una reducción de lo necesario a lo simbólico, a lo que desde el saber hace semblante, de lo que no cesa de repetirse. Es también una reducción a lo imposible, lo que no cesa de no escribirse.
La interpretación sirve a la reducción del síntoma y, bajo la modalidad de la sorpresa, tiene valor de acontecimiento imprevisto. En el análisis se comprueba que la contingencia aparece sobre el fondo de lo imposible, que es lo real. “Lo que es del orden del acontecimiento propiamente dicho es lo que no podría ocurrir; todo aquello que sale del círculo de lo posible. Ese es el sentido exacto que Lacan da a la contingencia”. [8]
En el registro de la contingencia se sitúa la experiencia de goce. Miller se pregunta [9] por qué una palabra del Otro tomó un valor decisivo para un sujeto. La respuesta la encuentra más allá de la articulación significante, la remite a la contingencia de una historia particular, a algo que se encuentra y cesa de no escribirse. La tesis de Miller es que “todo lo que concierne en el análisis al goce, a los modos de goce, a la emergencia del modo de goce particular de un sujeto es siempre del orden de la contingencia.” [10] A partir del encuentro con el goce empieza la repetición. Goce y contingencia quedan articulados en el encuentro. La operación del analista es interpretar al revés del inconsciente para separar la modalidad necesaria, del semblante del saber, de lo contingente que apunta a lo real.
En el análisis la reducción de la contingencia es la reducción al traumatismo. En el análisis se procede a la desinvestidura de lo patógeno. [11] La reducción de la contingencia es del orden de lo posible, que en algún momento deja de escribirse. En el horizonte de lo posible se inscribe el pase que verifica cómo un sujeto se identifica a su síntoma, su modo de goce singular, para hacer uso de él. Es la reducción al sinthome.
[1] Lacan, J., « El seminario sobre La carta robada » en Escritos 1, Siglo XXI, Argentina, 2002 [2] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Bs. As., 1987, p. 173 [3] Ibid., p. 63 [4] Ibid., p. 74 [5] Miller, J.-A., Los usos del lapso, Paidós, Bs. As., 2004, p. 105 [6] Miller, J.-A., La orientación lacaniana, enseñanza pronunciada en el marco del Departamento de Psicoanálisis de París VIII, lección del 30 de enero de 2008, inédito [7] Miller, J.-A., El hueso de un análisis, Tres haches, Bs. As., 1998 [8] Miller, J.-A., La erótica del tiempo, Tres haches, Bs. As., 2001, p. 45 [9] Miller, J.-A., El partenaire-síntoma, Paidós, Bs. As., 2008, p. 356 [10] Ibid. p. 357 [11] Ibid., p. 359
Silicet # 11
Editorial
Éste número del Scilicet recoge el texto de
LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD de Mercedes Iglesias. A diferencia de los trabajos
presentados hasta el momento, tenemos ahora el desarrollo de unas ideas
alrededor de un item, pero compuesto por dos términos. En efecto, cuando el
Comité de Acción configuró la lista de los items que constituyen el Scilicet del
congreso de la AMP, algunos de ellos tenían esta característica de
articulación entre dos. Algo así como una dupla que configura un sentido, o un
contrasentido. Legalidad y legitimidad es entonces una pareja cuya relación se
establece en función de la incidencia real del significante mismo. Es, por
demás, un modo de pensar la cuestión del enunciado y la enunciación; por
ejemplo, en lo que respecta a un semblante fundamental como el del Nombre del
Padre. También es un binomio que permite articular el problema de la
autorización -del analista, en lo relativo a la discusión que esto conlleva y
que se inscribe en el marco del debate acerca de la formación del analista
lacaniano.
La circulación de este Boletín coincide con el
encuentro vertiginoso de las Escuelas americanas, en la ciudad de Buenos Aires.
Auguramos en estos hechos, cuya inventiva es realmente estimulante, formas
renovadas de apreciar los modos en que los semblantes y el sinthome emergen de
diversas maneras en el trabajo clínico y teórico en que está empeñada la Escuela
Una.
Lizbeth A.
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LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD
Mercedes Iglesias
* Semblantes y Sínthome son palabras
que remiten en la actualidad al modo en que el psicoanálisis nombra su tensión
irreversible: significante y goce, lenguaje y lengua, palabra y pulsión, etc.;
ambos términos conforman la subjetividad a partir de la cual se constituye el
hablanteser. Del mismo modo, legalidad y legitimidad expresan una tensión que ha
existido entre el mundo ético político y el derecho positivo. Sin embargo, hoy
en día, el discurso político así como el discurso del mercado generan el efecto
aparente de anular estas distinciones.
* Los términos legalidad y
legitimidad constituyen una tensión que caracteriza gran parte del pensamiento
occidental, aunque como sostiene Habermas [i], la Metafísisca de lo Uno ha
intentado abolir las paradojas a las que hemos estado sometidos: destacando la
primacía de la identidad sobre la diferencia. Parecería que todos los últimos
movimientos filosóficos revierten esta tesis, puesto que han otorgado predominio
a la diferencia: cada individuo tiene el derecho a establecer su diferencia. Sin
embargo, esta exaltación de la diferencia oculta una trampa.
Estado y ley han sido dos términos
constituidos conjuntamente. Con el estado moderno, la legitimidad del Estado y
sus leyes estaba basada en la voluntad o bien común. Admitir esta distinción
supone reconocer la tensión entre lo ético-político por un lado, y, por otro, la
existencia de la ley positiva, de lo legal como distinto de lo legítimo. Así, lo
legítimo tiene una especie de fundamentación, pero también da a entender que más
allá de lo positivo, existe siempre la posibilidad que emerjan en el terreno
social condiciones de legitimidad no contempladas en el derecho positivo: como
el voto de las mujeres, los movimientos ecológicos. Es decir, supone admitir una
suerte de no-todo, de distancia, de no absorción de la totalidad de lo social.
Esto implica reconocer la existencia de un otro simbólico, referencial por
contraposición a una otredad que no es posible que sea sometida a lo simbólico,
un goce-otro que escapa a las coordenadas de lo simbólico.
En el siglo XX el fundamento de
legitimidad del Estado ha sido el concepto de democracia. Esta, sin embargo,
admitía la distinción entre la democracia formal y la democracia efectiva y
real: una sospecha en torno a que lo planteado no se actualizaba efectivamente.
[ii] Es una democracia que mantiene la no identidad y la diferencia incluyendo
el litigio correspondiente.
* Esta tensión que impide la
totalización existe en el pensamiento freudiano. Establece así una formulación
política: la ley no es aquello que se mantiene como externo al individuo o como
mandato interior, la ley comporta una relación estructural con la pulsión de
muerte. Supone un desmantelamiento que deja lugar a la 'ambivalencia' y a la
tensión. En esta misma dirección apunta Lacan, quien articula el discurso
analítico como el revés del discurso del amo. Todo amo quiere que las cosas
funcionen. Al referirse a la muerte del padre, Lacan sostiene que hay cierta
idea de que el psicoanálisis 'de alguna manera nos libera de la ley'. "Creo que
no se trata de eso y éste es todo el sentido de lo que llamo el reverso del
psicoanálisis." [iii] Lidiar con el goce pulsional supone adentrarnos sin más en
el terreno político. El goce pulsional será entendido como aquello que emergerá
siempre, que divide al sujeto. Para el psicoanálisis la existencia de lo real no
es una instancia entre otras; no es algo que puede eludirse, no es una opción,
no es un semblante: es una existencia que emerge y golpea al sujeto más allá de
todo discurso, y ésto no sucede solo a nivel de los individuos sino también
adviene a nivel político, como hemos visto con la reciente crisis de Estados
Unidos. Lo que esta crisis ha permitido mostrar es justamente que todos los
discursos con los cuales las actuales democracias han intentado legitimar la
práctica de un discurso capitalista, se han hecho bajo figuras de
semblantes.
* Esta legitimación se ha establecido
construyendo semblantes de discurso que rompen la brecha y la indeterminación
necesaria entre legitimidad y derecho positivo, mediante: i) la anulación
aparente de toda diferencia entre semblante y realidad; ii) las leyes jurídicas
que se basan en los expertos, en las comisiones, en los evaluadores, en las
estadísticas; iii) los sondeos permanentes de la opinión pública, identificando
siempre lo que aparece en la imagen de los medios como si fuera la realidad: iv)
colocando como eje la ley del mercado
.
* Frente a esto, la tarea política
del psicoanálisis posee desde el inicio una paradoja: tiene que proponer
soluciones a la civilización, tomar posición ante ella y sin embargo en ningún
momento plantearse como una propuesta de caracter universal; no se trata de
convertir el discurso analítico en una visión del mundo. [iv] De este modo
denunciamos 'la mentira de la civilización' que pretende obturar la falla, negar
la existencia de un real que es 'sin ley' y que adviene desde la más absoluta de
las contingencias. Se trata de dar un espacio subjetivo a esta otredad singular
y sin ley.
* Pero también es nuestra tarea
señalar que esta brecha existente entre los términos tratados no se puede
aniquilar, que esta tensión no se puede eliminar. Esta debe permanecer por
oposición a una lógica que nunca ha dejado de querer estar bajo el dominio de lo
Uno aunque disfrazada bajo la apariencia de la tolerancia y diversidad. Nuestra
tarea es así muy modesta ciertamente, pero nada fácil.
[i] Habermas, J. Pensamiento Postmetafísico, Madrid, Alfaguara, 1990. [ii] Rancière, J. ‘Democracia y post-democracia’ en Ideas y valores, Bogotá, Revista Colombiana de Filosofía,1995, pp. 23-40. [iii] Lacan, J. El reverso del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1992. Capítulo VIII, p.126 [iv] Laia, Sergio. ‘El psicoanálisis aplicado a la terapéutica y la política del psicoanálisis hoy’. Ponencia realizada en las Jornadas de la NEL, Lima, 2008.
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NEL, Nueva Escuela Lacaniana de la región andino-caribeña creada por la Asociación Mundial de Psicoanálisis, se inscribe en el movimiento de reconquista del campo freudiano lanzado por Jacques Lacan {»} |