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La NEL Hacia el Congreso
Comentario Papers Nº 3
Discontinuidad - Continuidad. De la clínica edípica, a la clínica borronea.
Liliana Bosia, Fabiana Chirino, Teresita Díaz, Alejandra Hornos, Maggie Jauregui, Samantha Rojas

Los papers se han establecido en un programa de estudio que acompaña la preparación del congreso de Barcelona 2018, evento orientado por la pregunta acerca de la manera en que abordamos las psicosis en el siglo XXI. Siete textos, en los que siete analistas reflexionan acerca del marco epistémico, clínico y político respecto al abordaje de la práctica psicoanalítica en la actualidad, se han constituido en el eje de nuestro trabajo.

El título que convoca estas reflexiones, propone mediante el "guion" entre dos términos contrapuestos, una orientación en sí mismo. El guion no es un signo de puntuación, es un signo auxiliar. Un signo, que nos asiste en una mejor comprensión, entre dos términos independientes señalando su función de unión. Función, que también queda expuesta en el título del texto de Ana Viganó: "Lo continuo y lo discontinuo. Tensiones y enfoques de una clínica múltiple" (Viganó, 2017). La sustitución del guion por la conjunción, nos advierte de la alianza de estas dos dimensiones de la clínica en el psicoanálisis lacaniano.

Respecto al sub título, éste elucida un recorrido de la clínica edípica a la borronea, precisamente el que Lacan realiza en su enseñanza. Alude a un pasaje de una clínica discontinua en la que hay o no Nombre-del-Padre; a una clínica continua, nodal, la cual deviene a partir del declive del orden simbólico y la introducción de la inexistencia del Otro que conduce, ineludiblemente, a una pluralización de los nombres del padre.

La concepción borronea orienta la clínica a partir del goce, ya no de la presencia o ausencia de un significante primordial. En ella, todo el mundo se confronta con un agujero, con un punto de real constitutivo y sin sentido, la forclusión es entonces: generalizada. Lo discontinuo de las grandes estructuras clásicas, sin desvanecerse completamente, da lugar a un continuo en el que anudamientos y posibles desanudamientos nos advierten de la singularidad y diversidad de los posibles arreglos subjetivos. Es en este contexto y a modo de evitar la rigidez de la clínica binaria, que el sintagma "psicosis ordinaria" surge como una solución genuina que la experiencia otorga (Miller, 2015a). Un sintagma, que dice algo de lo inclasificable que se repite en la clínica, de lo regular, de lo ordinario de una práctica en la época líquida.

Es bien conocida para la comunidad analítica, la metáfora de la liquidez que Zygmunt Bauman introdujera para describir el momento actual de la modernidad y planteara una modernidad líquida, como efecto de la época en la que se disolvieron las pautas sagradas de lealtades tradicionales, derechos y obligaciones acostumbradas (Bauman, 2004). Lo líquido, es efecto de la caída del NP, es la cualidad de aquello que se somete al continuo e irreversible cambio. En "Todo el mundo es loco", Jacques Alain Miller introduce el par ordenado por Bauman para afirmar que en nuestro tiempo "El psicoanálisis se volvió efectivamente líquido" (Miller,2015b. P.207), perdiendo la solidez de la época de la estructura binaria. Es a partir de la inexistencia del Otro y su traducción en la sociedad líquida, que la teoría psicoanalítica puede substraerse de su tradicional herencia pudiendo hablar así, de la práctica contemporánea del psicoanálisis.

Podemos ubicar con Miller, la clínica discontinua en relación al psicoanálisis sólido y la clínica continua en relación al psicoanálisis líquido, sin embargo, en el texto mencionado, sitúa que la estructura nodal se desprendería del modo sólido y dice: "Podría pensarse que el nudo permite pensar lo que subsiste de la estructura que responde al estado líquido del psicoanálisis, que el nudo nos presenta una articulación – diría para emplear un término estructuralista – entre lo que hay de líquido y lo que hay de estructura subsistente" (Miller,2015b.P.210). También refiere, respecto a la manipulación de los nudos que hace Lacan en el Seminario XXIII: "Tiramos, tironeamos, y eso se presenta de otra manera. Podemos preguntarnos si es siempre el mismo cuando les presentan estados diversos de lo que se ha manipulado" (Miller,2015b. P.209)

Miller, plantea una "clínica estructura" y una "clínica acontecimiento" orientada por el sinthome y el acontecer en el cuerpo. Refiere que entre estas dos clínicas hay un hiato y es a partir de esta interrupción que hay lugar para el control ya que no se puede deducir el acontecimiento a partir de la estructura (Miller, 2015b). Nuevamente, la conjunción entre estas dos clínicas, nos advierte de una clínica no sin la otra; pero también de un hiato, una interrupción que vuelve a articular una alianza. Como bien refiere Jean Daniel Matet en su texto "Discontinuidad – Continuidad": "Las entrevistas preliminares, la interpretación y la oportunidad del control, introducen la discontinuidad como instrumento en la continuidad que instaura la transferencia. La clínica psicoanalítica permanece estructuralmente abocada a distinguir neurosis y psicosis, para así, quizás, poder destacar los modos diferenciados de goce que incitarán a introducir la discontinuidad o la continuidad en la dirección de la cura" (Matet, 2017. P.129).

Entendemos que no se trata de oponer la discontinuidad de la primera enseñanza de Lacan a la continuidad de su última enseñanza, sino de pensar ambos aspectos como dos dimensiones de una misma clínica articulados en el fluir de la experiencia analítica. Respondemos afirmativamente a la pregunta que hiciera Paloma Blanco Díaz en estos papers, considerar ambas concepciones de la clínica como no excluyentes (Blanco Díaz, 2017). Estos aspectos se encuentran en la esencia misma del psicoanálisis, de su teoría y práctica. Ya Lacan nos plantea la discontinuidad como una propiedad del significante, pero también la continuidad de la cadena significante que implica a su vez una discontinuidad. Para dialectizar un movimiento se necesita del corte que lo discontinuo implica para propiciar nuevamente un continuo.

La práctica nos muestra, que a nivel del diagnóstico la clínica estructural es imprescindible. En cambio, la clínica borronea parece ser la más útil en el tratamiento, especialmente en el de las psicosis ordinarias. La conversación de Arcachón marcó un momento intenso de relectura de la clínica. Frente a una clínica "discontinuista" estructuralista, el concepto continuista desde una perspectiva borronea, daba mejor cuenta de la formalización de la clínica en relación a las gradaciones, que son las singularidades de cada sujeto en el caso por caso (Matet, 2017). Retomando lo que indica Miller en "Sutilezas analíticas" de lo dicho por Lacan, respecto de la mayor operatividad a nivel significante en la distinción neurosis y psicosis, pero no tanto así, a nivel del modo de gozar; Jean Claude Maleval propone en estos papers, que el borramiento de la distinción entre neurosis y psicosis planteado por la clínica nodal, puede entenderse como un velo colocado sobre ésta, pero no su desaparición (Maleval, 2017).

Podemos decir entonces, que la discontinuidad y continuidad en la clínica, es una cuestión de niveles. Son aspectos a ubicar, en distintos niveles de la clínica en el fluir de una práctica. La etimología de la palabra "nivel" remite a una "pequeña balanza", a un pequeño tubo lleno de agua adentro, con una burbuja de aire, que sirve para encontrar la línea horizontal (Dicc. etimológico español en línea, 2018). Interesante metáfora, ante la indicación que Lacan hiciera al analista ya en 1953 respecto al "unir a su horizonte la subjetividad de la época" (Lacan,1953 P.309). La psicosis ordinaria es la subjetividad de nuestra época, afirma Miquel Bassols y agrega, que hay en esta subjetividad un fuera de discurso pudiendo calificarla de líquida. La subjetividad de la época nada entre discursos de una forma vaporosa y líquida, no ancla en un discurso preciso, funciona entre los cuatro discursos que Lacan señaló (Bassols, 2017).

La continuidad parece ser lo propio de la época actual, la dificultad en el anclaje y en el punto de capitón, así lo evidencian. Del lado del analista nos queda articular la función del guion entre las dos dimensiones de la clínica, pero también no perder de vista la función que se le otorga al uso de este signo auxiliar a partir de Heidegger, quien lo utilizó a modo de "estar inmerso", desde una "posición de inmanencia" (Miller, 2015b. P.207). Inmersos en la clínica, en la multiplicidad de la misma, en los diferentes aspectos que nos presenta.

Texto elaborado en el marco del trabajo de Papers #3 por asociadas de APEL SC y miembros de la Nel y la AMP: Liliana Bosia, Fabiana Chirino, Teresita Díaz, Alejandra Hornos, Maggie Jauregui, Samantha Rojas – Enero 2018.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS