NOVEDADES EDITORIALES
Bitácora Lacaniana
Bitácora Lacaniana
Factor @
a-ritmo propio
Cuadernos del INES N°14
Seminarios Jacques-Alain Miller en Caracas y Bogotá
Lacan XXI
Lacan Cotidiano la movida Zadig Radio Lacan Latigo Infancia y Juventud
CARTELES
Boletin-37 a-ritmo propio
¿Cuál es el estatuto de la Indignación en la clínica psicoanalítica, vista desde la ultimísima enseñanza de Lacan?

Ana María González O. Miembro de la NEL- Maracaibo
Producto personal del Cartel
Cartel para ENAPOL sobre Indignación
Mas Uno: Ana María González O.
Rasgo: Indignación y Singularidad

El argumento del próximo Encuentro “Odio, colera e indignación, desafíos para el psicoanálisis”, plantea a la indignación como una pasión del ser, situándola como un afecto que concierne precisamente a esta dimensión, la del ser, y no a la de la existencia.

Creo que la indignación se juega del lado del sujeto como efecto del significante y del síntoma en tanto que interpretable, del lado de la búsqueda de la verdad y específicamente del lado del sujeto en su relación con el Otro que detenta el objeto, correlato de su falta. Es decir, que estamos hablando del sujeto en el fantasma, “la matriz a partir de la cual el mundo, la realidad toma sentido y se ordena, para el sujeto”. [1]

Este sujeto fue construido por Lacan como un sujeto barrado, “como un vacío, una negación de la sustancia e incluso una negación del ser y por tanto en este sentido, condenado a identificarse” [2] y es a este sujeto falta-en-ser y a su experiencia, a la que está ligada la indignación.

Si el sujeto se indigna, porque no se siente reconocido en lo que “es” por el Otro, está dentro de la experiencia fantasmática, donde el Otro es el contenedor de las identificaciones y por tanto garante de aquello en lo que se sostendría su ser.

En un primer tiempo, en “La transferencia”, Lacan se plantea que lo verdaderamente singular del sujeto se lo otorga su relación con el objeto: “la relación erótica privilegiada con un objeto que salva nuestra dignidad, al hacer de nosotros una cosa única e incomparable”.[3] pero posteriormente en su enseñanza podemos advertir que esto no sería más que un intento fantasmático de alcanzar la dignidad, y Miller lo explicita diciendo, “Lacan creyó esencial captar… que, ese (a) en relación al goce imposible de negativizar, no es más que un semblante de ser” [4]

Así, cuando “el objeto (a) toma el valor de real, se trata de otra cosa, se trata por un lado de lo real como resto inasimilable y por otro de lo real y su repetición”,[5] este último real encarnado en el Sinthome.

Por otra parte, Freud, en su texto “Análisis terminable e interminable”, adjudica el fracaso de la terminación definitiva de un análisis, al rechazo de la feminidad tanto en la mujer como en el hombre, “orientaciones que podríamos llamar siempre fálicas de la virilidad”.[6]

Creo que la indignación se encuentra del mismo lado que el rechazo a la feminidad, del lado fálico y de la búsqueda del todo, y que es un intento de preservar lo que se experimenta como perdido desde siempre, adjudicándole al Otro, la potestad de habérselo negado.

Finalmente, Lacan formulará que el Otro no existe, y Miller aclara que es a nivel de la pulsión que este Otro no existe, que el Otro de la palabra, del lenguaje y del saber no existe a nivel de la pulsión, porque el Otro en cuestión es el cuerpo.

En el seminario XX Lacan se pregunta, “gozar de un cuerpo, de un cuerpo que simboliza al Otro… ¿No es esto lo que supone propiamente la experiencia psicoanalítica?” [7]

Para el Neurótico, el Otro está habitado por una voluntad de castración, quiere quitarle su dignidad de ser. Sin embargo, la satisfacción de la pulsión no depende de la prohibición, ni de la interdicción, ya que “el goce no ha esperado al falo para tener un cuerpo”.[8]

Lacan pensará el goce a partir de este momento, más allá de la prohibición, goce en positivo, del cuerpo que se goza y que no está articulado a la ley del deseo. Se trata del goce que hay, del que existe, del orden del traumatismo, del choque y del puro azar.

Es así como lo realmente singular, la singularidad del sinthome, acontecimiento de cuerpo que se fijó contingentemente ante la emergencia de un real, fuera de discurso, aquello que nos hace únicos e incomparables, podría ser alcanzado en un análisis.

El psicoanálisis encuentra en este rasgo, positividad de goce que itera, la opción de afirmarse ahí, trasladando la dignidad pretendida en la dimensión del ser, a la dignidad real ubicada a nivel de lo que existe.

Ana María González Ochoa
NEL Maracaibo

 

Cartel para ENAPOL. de marzo a septiembre de 2019
Mas Uno: Ana María González
Cartelizantes: Aramburo, Tania
Díaz, Teresita
Ortiz, Javier
Monticelli, Maiurizio

NOTAS

  1. Miller, J El Ser y el uno, Clase del 9 de febrero de 2011
  2. Ídem
  3. Lacan J. La transferencia op. Cit. Pp. 167,199
  4. Miller, J. Sutilezas analíticas, 1ra ed. Buenos Aires: Paidós, 2011, pág. 252.
  5. Miller, J. El ser y el uno, Clase del 9 de febrero de 2011
  6. Ídem
  7. Lacan, J. Seminario XX Aun, pág. 31
  8. Miller, J El ser, es el deseo. Clase del 11 de mayo de 2011 del curso de J-A Miller. L ´Un tout seul, inédito