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Boletin-35 a-ritmo propio
El cartel, una experiencia de escuela
Acerca de las puertas, los nudos y los bordes
Testimonio de una experiencia
Patricia Tagle Barton, miembro NEL-Lima

1.

¿Qué puedo decir y transmitir, incluso contagiar, en este punto de mi experiencia, sobre el cártel – no diré únicamente en la Escuela- sino en la NEL?

Acabo de recibir el encargo del Directorio de mi sede, el de los Carteles. Un encargo precioso, que agradezco.

¿Cómo no comenzar esta tarea, sin recoger entonces la mies, ese grano maduro?

El Cártel, ¿es una puerta?, ¿es un nudo?... ¿ambos?

En este punto dos lógicas se yuxtaponen, sin ser excluyentes: una, “bidimensional”, por llamarla de algún modo, la del pasaje, el curso, el atravesamiento; otra, topológica, “tridimensional”, la del anudamiento. Si bien es cierto que el Cártel es una puerta, también es un nudo. Es más, diría, no hay Cártel sin nudo, sin anudamiento, ni sin encuentro.

Prima ahí la contingencia, la tyché, el buen encuentro cuando se produce, y también el des-encuentro, a condición de ser fértil, de dar cuenta analíticamente de los impases que salieron al paso, porque importan, porque cuentan, porque “quieren decir” y por lo tanto merecen ser acogidos y transmitidos en el seno de la Escuela y de su transferencia de trabajo.

Pero debo a Beatriz Udenio, y a un precioso texto que tuvo a bien compartirnos, “El cartel: un lugar, en el borde” *, esta valiosa aproximación: la de borde, para pensar el cartel en el seno de la NEL, y en la tensión entre lo Uno y lo múltiple que ella, nuestra Escuela misma está supuesta a encarnar, en su singularidad.

“Destaco la estructura de borde – a la que Lacan hace especial referencia en su Seminario 11 al hablar de la estructura pulsátil del Inconsciente- por varias razones: porque permite leer la doctrina psicoanalítica con ello como instrumento; porque orienta de modo esencial la práctica analítica; porque nutre y se infiltra en el modo en puede sostenerse la enseñanza en tanto transmisión, y porque, en mi paso por el análisis, se me impuso “a su manera” peculiar, esculpiendo “mi” cuerpo hablante, demostrando su estructura gracias a la experiencia que recorrí en tanto analizante.” – señala ahí Beatriz.

Y agrega:

“Para todo ello, me sirvo de la referencia a la banda de Moebius allí donde se trata de una superficie de una sola cara. Eso implica que, de la mano de la topología, admitimos que las superficies pueden atravesarse de tal modo que el interior comunica con el exterior. Pero ello es posible gracias a un elemento clave en la doctrina lacaniana: ese objeto causa de deseo, pieza faltante, el a.”

 

2.

Puedo decir que entré a la Escuela por la puerta del cártel, cómo no. Y puedo decir también que fue una experiencia fallida, no obstante bien aventurada, por sus efectos, los que tuvo en mí. Podría decir incluso que en esa experiencia “la Escuela”, la de Lacan, entró en mí antes que yo entrara en ella. Me atravesó, franqueó mis “defensas”, aún sin saberlo yo. Pero no saber no impide el efecto que tiene una experiencia, cuando se está dispuesto a tenerla, cuando una puerta se abre; y a condición de estar dispuestos a acogerla como tal, a consentir. Y entonces ¡eureka!

Hay puertas y puertas. De hecho Freud afirmó que los sueños eran eso, una puerta, una “vía regia”. Y Lacan, lo sabemos, lo repetimos, hizo también del cartel una vía regia. Resuena en ello la analogía entre la experiencia del inconsciente y la experiencia de la Escuela, la del sujeto del inconsciente y la de la Escuela Sujeto, tal como la formalizó Jacques-Alain Miller en su Teoría de Turín.

 

3.

Vuelvo entonces al borde.

Y a esa experiencia liminal, la de la banda de Moebius, una superficie que no es como las otras, una superficie de una sola cara, como nos recuerda Beatriz, donde “las superficies pueden atravesarse de tal modo que el interior comunica con el exterior” para pensar el buen lugar del Cartel en la NEL, bien sea “intra” o “inter” sedes (incluso “inter” Escuelas); un recorrido que, de lograrse – porque el Cartel es siempre una apuesta- será siempre de Una sola superficie. Y “Aún”, “Encore” cuando falle, y eso fallido se haga hablar y se haga escuchar; y se aloje de la buena manera.

Y vuelvo al nudo.

Aquel que anuda y que sujeta una posible experiencia, uno por uno, del Uno sólo, no sin otros ni sin Otro (el Otro del saber referencial, de la episteme, de la doctrina), a la Escuela- Sujeto.

Y vuelvo a la puerta, las puertas, las infinitas puertas. Las no-toda(s) y múltiples experiencias posibles. A esa puerta cuya llave es Uno, no digo “una”.

Concluyo con otro recorte más del trabajo de Beatriz Udenio, que hago mío:

“Pienso el cartel como un lugar, que siendo de borde lo coloca en un punto privilegiado para posibilitar la Escuela, manteniendo su no consistencia. Una buena manera de concebir por qué Lacan le dio ese lugar destacado como “órgano de base”.

* Trabajo presentado en la Noche de Carteles de la EOL, el 31 de agosto de 2017