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El cartel, un grupo advertido
Carolina Puchet Dutrénit, NEL-CDMX

El cartel es un dispositivo fundamental para la Escuela, esto lo escuchamos y lo repetimos constantemente, pero ¿Por qué? Lacan, en la Proposición del 9 de octubre de 1967, crea el cartel como el dispositivo para transmitir el psicoanálisis de un modo distinto al planteado por la IPA, en donde la enseñanza se centra y pasa por el analista didacta. Desde esa orientación, el saber lo tiene ese analista que sabe y enseña, es una formación pensada desde el discurso universitario. Para Lacan, la formación del analista, está centrada en la pregunta ¿qué es un analista?, y la respuesta a esa pregunta no está dada, cada uno, uno por uno, encuentra la manera de responderla. El saber aquí no se enseña, se transmite.

Y ¿cómo transmitirlo?, para eso está el cartel, ese grupo de cuatro personas más uno interesadas en investigar sobre psicoanálisis. Un grupo que suponemos está más advertido de lo que sucede cuando las personas se reúnen.

 

¿Qué significa estar más advertido?

Primero diría que aquel que quiere formar parte de este particular grupo tiene una relación al saber desde otro lugar. Hay algo que no sabe, que quiere saber y se reúne con unos otros para saber de qué se trata. Se comienza pensando que el Otro tiene la respuesta, que el Otro sabe, para poco a poco darse cuenta que el saber es en relación al propio inconsciente.

Segundo, el que quiere formar parte de un cartel debe estar advertido que eso que quiere investigar tiene que ver con lo más íntimo de cada uno, no es porque sí. La elección del rasgo, el tema que uno quiere investigar, está relacionado con nuestro síntoma. Uno llega al comienzo sin saber que quiere saber, pero con el tiempo eso se devela y tiene que ver con nuestra modalidad de goce. Es así que aunque estemos ahí con otros, hablando aparentemente de lo mismo, para cada uno tiene una significación distinta, no es lo mismo para todos.

Tercero, el que forma parte de un cartel debe advertir que ese nombrado más uno es parte del grupo y al mismo tiempo no. Trabaja como uno más, anima para que los demás trabajen, orienta el trabajo, pero su posición debería ser, como la del analista, el que causa el deseo de trabajar. En otras palabras, al más uno, se le puede elegir dentro del cartel porque creemos que sabe sobre el tema que nos reúne, pero no debería responder desde el saber. Su posición debe procurar el no saber, debe procurar no taponear el agujero que lleva a que un grupo de personas se quieran reunir para saber algo de eso que no saben.

El cartel es entonces un dispositivo que sirve para formar analistas desde el discurso del analista. Es por esta razón que para Lacan el cartel es la puerta de entrada a la Escuela, porque transmite desde la lógica del discurso analítico qué entendemos por grupo, por saber, por verdad, por goce, por real. Todo esto desde una posición encarnada que es la del más uno. El más uno es el pivote del cartel, el desempeño de su función permite que esto que quiere ser transmitido del discurso analítico pase o no a los otros que forman parte de su cartel.

Si los integrantes del cartel son escuchados en su singularidad y esto los ha puesto al trabajo podremos comprobar la eficacia del cartel al escuchar o leer los productos. Diría, que así como la interpretación es algo que se demuestra por sus efectos, podemos decir que ahí hubo o no un cartel por los efectos de formación para cada uno y eso sólo podemos comprobarlo gracias a que el cartel es un dispositivo de la Escuela. Es decir, no es lo mismo presentar lo que se ha trabajado en un ámbito universitario donde lo que se escuchará tendrá que ver con la adquisición de conocimientos, de conceptos, a presentar ese mismo trabajo en una escuela de analizantes. Donde lo que se quiere escuchar y verificar con los otros es si para eso que nos reunimos durante un par de años se trató solamente de ocultar lo real y fomentar lo imaginario del grupo, o por el contrario, se pudo estar advertido de lo que pasa en un grupo. Que hubo un más uno que funcionó como provocador provocado para elaborar, que transmitió algo del saber no sabido y que podemos comprobar que en ese cartel hubo una transferencia de trabajo que nos permitió hacer algo con “lo imposible de disolver” del grupo. El cartel es para la Escuela una herramienta a la vez que una respuesta para saber hacer, desde el discurso psicoanalítico, eso que está ahí, lo real para cada uno.

Los carteles intersedes en la NEL, la conformación de un grupo

Para nuestra Escuela el trabajo de cartel ha tomado cada vez más un lugar fundamental. Nos ha permitido hacer existir lo Uno de la Escuela y poder hacer con lo múltiple que nos define. La propuesta de cartelizarnos intersedes es una puesta en acto de esto porque nos lleva cada vez a trabajar con otros colegas de otras sedes o delegaciones, que muchas veces no conocemos.

Esta modalidad de cartel nos confronta de entrada con que el grupo no existe, se va conformando mientras nos vamos reuniendo. Es así que la transferencia de trabajo y el deseo tiene que estar muy bien orientado para que esto suceda. Los que han cumplido la función de más uno en estos carteles han dado cuenta de esta dificultad con las reuniones del secretariado. Han contado su dificultad para trabajar de forma virtual, sólo escuchar una voz y no tener el cuerpo presente para algunos es complicado. Además, para otros resulta difícil trabajar con participantes que tienen una formación tan heterogénea. Es decir, lo múltiple se hace muy presente.

Los carteles intersedes nos enseñan de lo múltiple, de cómo hacer para conformar un grupo que de entrada sólo tiene en común una temática. Es quizás lo contrario a lo que sucede con los carteles que se forman dentro de una sede con gente que se conoce y tiene la opción de reunirse de cuerpo presente. Para mí como más uno de estos carteles, la pregunta fue ¿cómo poner en juego la transferencia de trabajo cuando todavía no existe un grupo? La respuesta se fue inventando poco a poco, pero algo de lo que tuve que estar atenta era de ir conformando al grupo, al mismo tiempo, de la singularidad de cada cartelizante. Advertida de que se necesitaba una cierta cohesión: todos estábamos ahí queriendo trabajar un mismo tema. Pero, al mismo tiempo, que cada uno estaba interesado en algo muy particular, algo que lo concernía íntimamente. Animar al trabajo, por ejemplo a la escritura de un producto, pero no ponerme en una posición superyoica: todos deben escribir. Soportar, que a veces alguno se inhibe cuando se trata de concluir y pasarlo a la escritura, poder leer eso de forma analítica. Para mí lo múltiple de la Escuela es también una enseñanza que hay que poder sostener y transmitir. El cartel es sin duda un dispositivo que, si se está advertido, nos enseña a saber hacer con ese real.