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Mujer, madre y nominación. Bertha, L'Èvie del Psicoanálisis.
Susana Schaer. Miembro asociada, NEL, delegación La Paz, Bolivia.

"Adam era una madam", tal es la broma que realiza Joyce en su Ullyses y que Lacan retoma en su seminario XXIII, El sinthome, para referirse a la creación, la nominación y lo femenino. No olvidemos que en este Seminario propone un significante nuevo, Sinthome - "¿Lacan era una madame?"- para abordar lo que denominaríamos su última enseñanza a través de un hito paradigmático, dejarse llevar de la mano de James Joyce y su obra.

Plantea que la tarea de nominación que realiza Adán, sería una tontería si éste no hablara la lengua de L'Evie[1]. Luego de esta labor que redobla la Creación llamada divina, l'Èvie, muy rápida y suelta de lengua, es la primera que hace uso de la misma y lo hace para hablar con la serpiente. Ella es quien desde su falta, falla, pecado, sin[2], justamente desde allí, lanza tales nombres al disco rayado de la significación fálica y con eso, se clasificará, se calificará, se elaborará, su entrada a un discurso, introduciendo un imposible necesario cuya falla no cesa, más bien se agranda, dirá Lacan, salvo que experimente el cesa de la castración como posible.

 

El origen del psicoanálisis

Tal como lo señala Lacan, lo femenino parece jugar un rol fundamental en cuanto al origen de las cosas. En este sentido lo femenino -entendido no como privativo del sexo del mismo nombre- tampoco es ajeno al origen del psicoanálisis, origen que se relaciona a diferentes encuentros: entre Bertha Pappenheim y el Dr. Josef Breuer, Sigmund Freud y sus pacientes histéricas, el encuentro entre ambos médicos y sus esposas y la posición de éstos frente a las mismas, la amistad entre Bertha, Martha y Matilde, coyunturas, contingencias, que se constituyeron en coordenadas fundamentales en el advenimiento del mismo.

Es significativo el nombre que Breuer y Freud dieron a Bertha, A-nna O, que no deja de evocarnos el nacimiento, el origen señalado en la primera letra del abecedario con el que comienza su nombre, como también la letra O, que nos recuerda al cero, el conjunto vacío, lo que hace borde, lo que hace ex - sistir.

Josef Breuer médico de la familia Pappenheim, atiende a Bertha por una tos, que él diagnostica como histérica debido al complejo estado que acompaña a la misma. Se hace cargo de la enferma, la visita diariamente por las mañanas y por las noches, ocasiones en las que alternaban contrastantes estados de consciencia, de lucidez y de autohipnosis, llamativamente desconectados, que sin embargo, observa, se afectan entre sí. Breuer hablaba de "segunda consciencia" y también de "inconsciente", siendo este el primer registro hallado del uso de esta palabra tan significativa para el psicoanálisis.

El Dr. Breuer, observador minucioso de los síntomas y situaciones que se suscitaban con su paciente, nota que los mismos responden a causas psíquicas, a un factor ideógeno ligado a un afecto. Por ejemplo, relaciona el mutismo que presentaba Bertha a un hecho acaecido con el padre durante su enfermedad. Cesa el mutismo cuando obliga a Bertha a hablar acerca de su padre.

En tal sentido Breuer pide a Bertha que le relate cada día al menos cinco historias. Lo que aparece es algo inédito, distinto, su paciente "…daba cuenta de sus alucinaciones y de lo que podría haberla contrariado en esos últimos días. Esos relatos se articulaban a la historia misma de la enfermedad"[3]. Breuer comprueba que cuando en el relato había huellas de las circunstancias en las que el síntoma había aparecido por primera vez, el mismo desaparecía. A este método Bertha lo nomina "Talking cure".

Esto duró unos meses, ella se había propuesto una fecha para terminar con todo, el aniversario de su traslado al campo, (el mes de junio de 1882, y había comenzado a tratarse con Breuer en agosto de 1881), el último mes reprodujo la alucinación de la serpiente que estaba en el origen de la enfermedad.

La amistad y el interés por las enfermedades nerviosas, hizo que Breuer y Freud compartieran sus ideas y observaciones. Así ocurrió con el caso de Bertha, que, por lo novedoso del tratamiento y los importantes hallazgos, fue motivo de un entusiasta intercambio entre ambos. Entusiasmo que los llevó a ser tremendamente indiscretos. Por comentarios del yerno y la hija de Breuer, tenemos conocimiento de que éste en los almuerzos hablaba muy acaloradamente acerca de lo que sucedía durante las consultas con Bertha, tanto con Matilde, su esposa, como con su familia. Y Freud, a su vez, también compartía esta información con Martha, su prometida, a través de correspondencias.

Es así que, cuando Martha se entera a través de su novio que parecía existir entre Bertha y el Dr. Breuer una situación particular, decide escribirle a Matilde. Le expresa en su carta, que ella deseaba que nunca le sucediese lo que le estaba sucediendo a ella con su esposo. Es por esta situación que Matilde, discute con su marido y cae en una tristeza poco usual.

La reacción de ambos médicos con sus esposas, el modo de hacer con el exceso femenino de ambas mujeres, parece ser crucial en el devenir de los acontecimientos.

Mientras Breuer decide abandonar el tratamiento, dejar de atender a Bertha e irse de viaje con Matilde a la ciudad de Gmunden, en la que (en contraposición con lo que dice el mito construido alrededor de esta situación) no procrean ningún niño, Freud escribe a Martha una carta en la que le llama la atención por su vanidad, al suponer que otras mujeres podían enamorarse de "su" marido, y a continuación le hace una broma "para eso debería ser el Dr. Breuer". Demás está decir que Freud continuó atendiendo a muchas mujeres cuyos historiales conocemos. No podemos dejar de suponer un deseo decidido en relación a develar el misterio que para él constituían las enfermedades nerviosas.

El desenlace del tratamiento quedaba confuso. Freud, en la modificación de 1925 del texto "Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico", plantea que, al final del tratamiento sobrevino en la joven un estado de amor de transferencia, del que Breuer se alejó con espanto. En una carta a Stefan Zweig (1932) Freud expresa que se trató de un parto histérico, hipótesis que pudo confirmar a través de la hija menor de Josef Breuer.

Breuer decide interrumpir definitivamente el tratamiento. Al otro día, es llamado por la familia y Bertha, presa de dolores de un parto imaginario, lo recibe con estas palabras: "Aquí llega el hijo de Breuer".

 

Bertha L'Èvie del Psicoanálisis

Josef Breuer, como Adán, invita a Bertha a comunicarse y ella, cual Èvie, madre de los vivientes, rápida y suelta de lengua, nomina su invención, y lo hace bajo transferencia.

Queda testimoniado en el relato del caso cómo Breuer posibilitó tal invención, al ubicarse a partir de su aguda lectura, escucha, dejándose enseñar y alojando aquello que traía Bertha, al modo de que se instale lo que posteriormente se denominó la transferencia, motor de la experiencia analítica.

Confrontada Bertha por un lado con lo que no hay, con lo real del agujero de lo simbólico porque la escritura de la relación sexual es imposible - a ella no le alcanzaban las cinco historias que Breuer le solicitaba relatar- y por otro, con lo que hay de indescifrable, ineliminable, el goce opaco de sus síntomas, Bertha inventa -porque eso se le impone-, algo inédito, relacionado al hacer, a un "saber hacer"nuevo con ese goce opaco que no dejaba de escribirse: la "Talking cure". Se propone poner palabrasy curar a través de ellas cada uno de sus síntomas, uno por uno, por un período determinado de tiempo, hasta llegar al primero, donde se había originado su enfermedad. Tal como lo establece Miller en "Piezas sueltas", la Nominación permite entonces que el parloteo se anude a lo real, permite enlazar lo simbólico y lo real. Tal sería la meta de un análisis.

 

¿Cómo leer entonces el último encuentro entre Bertha y Breuer?

Podemos afirmar que, si bien parir tiene que ver con un proceso por el cual el hijo se instala en la escena del mundo, también se refiere a un trabajo de separación, trabajo de duelo que apunta a un comienzo. Algo se deja atrás, algo cae como resto después de cumplir una función, siendo el sujeto mismo ese objeto que cae, que se pierde. Uno obra su separación identificándose con el objeto perdido. Porque toda separación implica la salida de una escena.

La salida de "El bebé de…", para pasar a otra escena, tratándose de un acto, un acto de separación (separar, separere, se- parere, parir, parir-se). Y este acto no está cabalmente cumplido, si no se construye, si no se inventa Otra escena en la que el sujeto habrá de alojarse.

 

La invención de Bertha Pappenheim

Hubo un lapso largo de tiempo, en el que Bertha estuvo internada, desde mediados del 83, hasta finales del 87.A partir de allí, no se tienen referencias sobre lo que sucedió, salvo el destacadísimo lugar que le concedió la historia, por ser pionera en el campo del trabajo social.

En desacuerdo con el planteamiento de Colette Soler en su texto Lo que Lacan dijo de las mujeres, quien establece que Bertha sublimó su feminidad sacrificada, ya que no fue ni esposa ni madre -lectura muy freudiana acerca de lo femenino, por cierto-, diez años después del encuentro con el Dr. Josef Breuer, nos hallamos ante una mujer que inventó su propia respuesta femenina, su propia versión de una mujer. Se convierte en la voz, tomando la palabra (talking) como madre, abogada y defensora de los derechos de mujeres y niños desamparados, no tuvo temor de acercarse, a pesar de la época -y en cualquier época-, al mundo del goce excesivo femenino de la prostitución en medio oriente, (a cuyas mujeres, que llamaba "sus hijas" y les transmitía un: "formadas para la devoción al trabajo") enfrentando a hombres de igual a igual, lo cual da cuenta de la caída del Otro y lo lejos que esto la llevó, pareciéndose más a una mujer de nuestra época que del siglo XIX.

¿Podríamos reconocer en tal vocación, la presencia de un deseo, en el relato de Breuer sobre la escena con el perro Terranova?

"De gran ayuda fue un perro de Terranova que le habían dado y al que amaba con pasión. Cierta vez que este, su preferido, atacó a un gato, fue hermoso ver cómo la endeble muchacha rescataba a la víctima empuñando la fusta en la mano izquierda y dominando con ella al enorme animal. Más tarde amparó a algunos enfermos pobres, lo cual le fue de gran utilidad"[4].

Podríamos decir con Lacan que, diferentes invenciones se ponen en juego en un análisis, entre ellas "Inventar una mujer", ya que La Mujer no existe, invenciones sintomáticas que van de la mano de "Un saber hacer" con el goce opaco del síntoma. En Bertha, "Trabajadora social" ¿Es una posible nominación, una posible invención,de su modo de arreglárselas con el goce femenino imposible de escribir?

Quizás se podrían explicar esos años de vacío en su historia, a partir de aquello que testimonian los AE acerca del ultrapase y los desafíos a los que se enfrenta el parlêtre una vez concluido un análisis. Más allá del pase, hay un "camino a seguir", que a veces tiene resultados un tiempo después.

 

Sigmund Freud, "Recolector de epifanías".

Si nos remitimos al libro "El diario de Adán y Eva" de Mark Twain, escritor y humorista admirado por James Joyce, cuando Eva inventa el fuego, y ella es consciente de ello, es consciente de que es su invención singular –ya que todo lo demás estaba creado por Dios y ella lo redoblaba nominándolo-, se asusta, se fascina, no puede controlarlo, se expande. Y piensa, "vendrá Adán y me preguntará ¿para qué sirve? Seguramente alguna utilidad le va a encontrar".

Freud pide a Breuer escribir acerca de esta única e inédita experiencia. Intuía que se constituiría en una posible vía hacia la comprensión y tratamiento de las enfermedades nerviosas. Y al modo de un "Recolector de epifanías"[5], sensible a aquellos momentos de iluminación, de esplendor del ser, de claritas, en los que se develaba una verdad a medio decir, trazó el camino hacia lo que posteriormente se constituyó como las bases en las que se sostendría un nuevo campo, el de la práctica psicoanalítica.

Este breve retorno desde el último Lacan hacia Breuer permite-tal como lo estableció Freud en su escrito "En memoria de Josef Breuer"- que aquellos que se aventuren en el caso de Anna O y las reflexiones teóricas que se desprendieron del mismo a propósito de la Histeria , no sólo puedan experimentar la categoría intelectual del Dr. Breuer, su "libido médica", su libertad de pensamiento, sino que, desde la enseñanza de Lacan, cobra tal experiencia, el tratamiento de Bertha Pappenheim, su desenlace y el origen del psicoanálisis, un sentido nuevo, un giro inesperado, que en el caso del presente trabajo se ha apoyado en conceptos como nominación creación, invencióny feminidad.

BIBLIOGRAFÍA

  • Freud, Sigmund, Obras completas,Estudios sobre la Histeria,4ta edición, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 1981
  • Freud, Sigmund, Obras completas, En memoria de José Breuer, 4ta edición, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 1981
  • Lacan, Jacques, ElSeminario23 "El sinthome", 1ª edición, Buenos Aires: Paidós, 2006
  • Lacan, Jacques, ElSeminario20 "Aun", 1ª edición, 14ª reimp., Buenos Aires: Paidós, 2014
  • Miller, Jacques –Alain, Piezas sueltas, 1ª edición, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Paidós 2013
  • Camaly, Gabriela, Los impasses de la feminidad: goces y escrituras, 1ª edición, Olivos, Grama Ediciones, 2017
  • Soler, Colette, Lo que Lacan dijo de las mujeres, Estudio de psicoanálisis, 1ª edición, 4ª reimp., Buenos Aires, Paidós, 2010
  • A. Hirsmüller: Joseph Bruer, PUF, Paris, 1991.
  • Correspondencia de Sigmund Freud, Tomo I, edición de Nicolás Caparros, Biblioteca Nueva, Madrid, 1997
  • Maldonado, Nuni, Un amor de transferencia, http://ecole-lacanienne.net/wp-content/uploads/2017/03/Un-amor-de-transferencia.pdf
  • Harari, Roberto, ¿Cómo se llama James Joyce?: A partir de "el sinthoma" de Lacan,Buenos Aires, Amorrortu editores, 1995
  • Mark Twain, El diario de Adán y Eva,1ª edición, 10ma reimp, Madrid, Trama Editorial, 2004
  • Barros, Marcelo, La madre, apuntes lacanianos, 1ª edición, Olivos, Grama Ediciones, 2018
  • Borderías, Andrés, La invención del deseo, XVII Jornadas de la ELP "¿Quieres lo que deseas?". Madrid

NOTAS

  1. L'Èvie, condensa el autor, Ève (Eva) y les vies (las vidas). Lacan, Jacques, Seminario XXIII Aun, Pág. 13.
  2. Sin, en el idioma inglés significa pecado.
  3. Maldonado, Nuni, Un amor de transferencia, http://ecole-lacanienne.net/wp-content/uploads/2017/03/Un-amor-de-transferencia.pdf
  4. Freud, Sigmund, Obras completas, Estudios sobre la Histeria, Caso Anna, 4ta edición, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 1981, pág. 55
  5. "…para el hombre de letras[es] grabar estas epifanías con extremo cuidado, por cuanto ellas constituyen, en sí mismas, el más delicado y evanescentede los momentos". Joyce, James, Stephen Hero, Nueva York: A New Directions, 1959, pág. 211