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Areli Leeworio, Asociada NEL-CDMX

La primera vez que escuché sobre "el cartel" parecía algo inalcanzable, algo que no entendía bien de qué iba pero que invitaba a estar al escuchar lo que se decía: "es una experiencia de aprendizaje, nos reunimos en grupos pequeños para estudiar acerca de un tema y compartimos con gente de otros países" fue lo escuchado en una presentación sobre una maestría en psicoanálisis y que presentaba algo nuevo, algo por fuera del dispositivo universitario. Tiempo después, volví a escuchar del famoso término "cartel" en un lugar que no era el universitario y que abría la puerta para poder pasar (la Escuela) y que, finalmente, desembocó en una posibilidad: la primera invitación a formar parte de un cartel. Sin embargo, había que entender, primero, de qué se trataba.

Para eso, llegó la primer lectura al respecto: "En el Cartel se puede obtener un camello", de Mauricio Tarrab. En él encontré dos significantes que me sacudieron de alguna manera, uno de ellos fue "sapere aude" que se puede traducir como "atrévete a saber", vencer el horror a saber; el otro significante fue la viñeta contada a través de "El hombre que calculaba" y que había leído algún tiempo atrás. Ese texto, me parecía, contaba las aventuras de un hombre que hacía parecer las matemáticas como algo tan sencillo y que para mí era tan complicado, un texto en el que, además, el hombre en cuestión siempre tenía la solución a los problemas que otros no podían resolver. Tarrab lo presenta en ese texto como la muestra de que, haciendo la operación correcta, quedaría algo de ganancia para todos, en este caso, para la Escuela y para el cartelizante.

Tomada por esos dos significantes, me aventuré, junto con los demás integrantes a emprender un camino en el que el guía era el más uno, pues para la mayoría esa era la primera ocasión en que participábamos de ese dispositivo. Hubo algunas reuniones que nos pusieron al trabajo y que, después de un tiempo, no pudo sostenerse, terminando esa aventura en un mail en el que se daba por terminado el trabajo debido a varias situaciones, como el cambio de residencia del más uno y lo que el mismo tema ponía en juego en cada cartelizante y que, quizá podríamos pensar aprés coup, el efecto de grupo que nos invadió y del que no pudimos deshacernos. Había sido un encuentro efímero con el dispositivo, un encuentro fugaz y que dejó tras de sí cierto monto de decepción. Hubo que esperar un poco más para un segundo encuentro.

En alguna ocasión, durante el coffee brake de un Seminario Internacional llegó esa segunda oportunidad y no dudé en aceptar, se trataba de sumarme a la convocatoria para trabajar con un tema que comenzaba a interesarme: "Lo femenino". Las reuniones comenzaron pronto y mantenían una frecuencia constante, las dificultades se presentaban ahora de otra manera, había que sostener el trabajo que no era solo en las reuniones del cartel, sino que tocaban puntos sensibles que fueron (y siguen siendo) trabajados en el diván. Llegó el tiempo de concluir y de hacer algo con lo que se había producido durante 2 años, cabe señalar que no todos los participantes llegaron hasta ese punto, y no todos los que llegamos al final presentamos el trabajo en la Escuela. Presenté el producto del cartel acompañada por el más uno y la experiencia dejaba un sabor agridulce, había, por fin, pasado por la experiencia del cartel y había obtenido el camello prometido, acompañada por el guía que dirigió la expedición y al mismo tiempo, nuevamente lo puedo decir aprés coup, había llegado en cierta soledad hasta ese punto pero, no sin los otros, con un cierto empuje a continuar el camino con otros para hacer otra cosa.

De esa manera, llegó la siguiente oportunidad en la que el tema a trabajar era "El amor". Esa aventura también pasó por ciertos avatares, reuniones poco frecuentes por diversas razones que dificultaron el camino y que, después de un año de trabajo fluctuante, llevó a plantearse si era posible seguir la travesía, decidimos que no, que era el momento de concluir y ver si era posible extraer un producto de ese trabajo. Nuevamente atendí a la invitación y presenté un trabajo que se quedó en un texto que no tuvo eco al interior del cartel, ni siquiera acuse de recibo, situación que también llevé al diván y del que también extraje un saber en el que la soledad tiene un eco importante y del que los otros fueron parte. Sin embargo, una nueva experiencia se planteaba: había escuchado la puesta en marcha de un Observatorio en el que tenía interés de participar, al plantearlo, surgió la posibilidad de entrar al observatorio a través de un cartel. Esta vez la apuesta por esa travesía es un poco más alta, pues en esta ocasión soy yo el más uno.

Sin duda alguna, es una experiencia nueva en la que tendré que inventar un saber hacer para poder orientar el trabajo de cartel, no con el saber científico, sino con la brújula del deseo, por el "sapere aude" y por tratar de encontrar una "operación correcta" de la que todos podamos obtener una ganancia: la de vencer el horror a saber, la de producir un saber que se pueda poner al servicio de la Escuela, atendiendo a la frase que Lacan dirige en su Carta a los Italianos: "Que no se autorice a ser analista, pues no tendrá nunca tiempo de contribuir al saber, sin el cual no hay oportunidad de que el análisis siga siendo apreciado en el mercado, sea: que el grupo italiano no esté condenado a la extinción."