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Nociones, saberes y discursos acerca del cartel
Carmen García, Asociada NEL-CDMX

"El pensamiento de Freud está abierto a revisión. Reducirlo a
palabras gastadas es un error. Cada noción posee
en él vida propia. Esto precisamente es
lo que se llama dialéctica"

(Lacan, Sem. 1 Escritos Técnicos de Freud)

Y es ahí, en la dialéctica, donde pude ubicar el eje para escribir estas líneas, eje que resonaba en cuanto a, algo que se mueve, que va de un lado a otro sin estancarse sin cerrar aquello que se descubre, sin cerrar aquello que se sabe. La dialéctica que permite un pensar en voz alta con otros, donde no prima el saber absoluto y donde algo se transmite. Esto sería para mí, una enseñanza del Cartel.

Para continuar en ese movimiento, donde algo se transmite, tomo la siguiente cita de Miller: "El Psicoanálisis no se abrió camino mediante el postulado de lo enseñable a todo el mundo, sino que se desarrolló a partir de lo que únicamente puede decírsele a uno solo" (El banquete de los analistas) Aun cuando Miller hace referencia al encuentro entre un analista y un analizante, lo retomo porque me cuestiona sobre, ¿cómo puede transmitirse entonces algo de aquello que se aprehende en esa experiencia de la intimidad del dispositivo analítico, para que no quede como algo muerto, olvidado? ¿se podría considerar, a la experiencia de Cartel, como ese espacio menos íntimo de transmisión del uno a otros más? ¿puede considerarse el cartel como una experiencia que deriva en una transmutación subjetiva?, término que utiliza Miller cuando habla sobre la iniciación al hacer alusión a ella de la siguiente manera: "¿Qué es una iniciación? Es, si se quiere, una enseñanza pero que descansa en un condicionamiento del sujeto,

en una transmutación subjetiva a partir de una experiencia", continúa más adelante diciendo, "La iniciación concierne a un saber y a su transmisión, pero siempre que se haya pasado por una experiencia dada". (El banquete de los analistas).

Experiencia en la cual puede darse o no un consentimiento, ¿consentir qué? consentir pasar del Nombre del Padre a cómo servirse de él, título de la clase VIII de El banquete de los analistas, en el cual Miller aborda varios puntos que van desde la transferencia, la civilidad y el estado salvaje, para referirse a la política del psicoanálisis. ¿Y por qué tome este punto para conversar el día de hoy, sobre las nociones, saberes y discursos acerca del cartel?, pues por que inevitablemente toca la cuestión política, sobre este punto aludo a la siguiente cita de Miller que dice: "Utilizando el lenguaje de la teoría política, ¿por qué no decir que hay un estado salvaje entre los analistas? Justamente, el problema de la sociedad analítica es cómo pasar de este estado al lazo social, que es asimismo la pregunta el banquete: ¿cómo comer en el banquete de los analistas? ¿Qué se come allí exactamente? ¿Al padre muerto?, ¿su saber? ¿Cuál es el menú de dicho banquete? Y después, ¿cómo resulta uno convidado a él?". Discernir sobre cómo lograr una sociedad de analistas sin quedarse en los meros espejismos de la identificación (la identificación horizontal aludiendo a los semejantes y en su forma imaginaria y la identificación vertical mencionando a un no semejante a los otros en su punto simbólico), menciona Miller: "que opere el no semejante", y tomo esto porque me hizo pensar sobre el lugar del Más-uno en el cartel para que se pueda advertir que hubo un trabajo cartelizante, ¿cómo es la operación de ese no-semejante?. Siguiendo a Miller en la siguiente cita: "Pienso que Lacan lo destaco de la manera más simple, más elemental, con el término más-uno, que es en el fondo la fórmula misma que genera la serie", más adelante refiere, "Lacan tomó la función del más-uno del principio de recurrencia para desviarla en su uso; es decir, para establecer un más-uno, si me permiten, absoluto: el más-uno último luego de lo cual no hay nada, el más-uno como tal". Sobre esto continúa, "Así pues, con la expresión más-uno tenemos en primer lugar, el principio mismo de la serie y, en segundo lugar, el nombre en este uso absoluto, separado. La expresión más-uno designa, pues, lo que esta fuera de la serie y permite cerrarla, terminarla. Está fuera de la serie, pero como le es útil también le pertenece. A la vez, en el todo social la jerarquía procede de allí y es cómo su cúspide". Entonces lo pienso así, la función en el cartel es no quedar cohesionados, no quedar pegado al saber absoluto ni al lugar absoluto de saber, por ello la mención de separación, condición de servirse del Nombre del Padre y en ese trabajo que se realiza en el cartel como no quedar atrapado en el estado disperso, salvaje. Miller menciona: "…como se pasa de un estado dispersivo, salvaje, donde se trata de cada uno para sí y cada uno contra todos los otros, o más bien cada uno contra cada hijo de vecino, a una sociedad bien regulada. Se supera el estado dispersivo siempre que un elemento más-uno permita formar el conjunto de los otros, de manera que el todos – que tendría el mismo atributo y a veces las mismas dificultades – es correlativo del Uno, que no sufre de ello, si me permiten". Ese que permite la separación, la asunción de que no todo es posible, muestra algo de ello en acto, en su transmisión, en su más allá del Padre, a ellos hace alusión Miller como los primeros más-uno, Freud y Lacan.

A esa categoría de más-uno que permite un trabajo en psicoanálisis, nos dice Miller, "Lacan la despejó la puso en evidencia". Prosigue, "Lacan propuso su fórmula en el Acto de fundación de la Escuela para vulgarizar el más-uno. El cartel es una microsociedad" (fin de la cita), una microsociedad que tendería a una forma de operar que traspase los efectos de grupo, no se libra de ellos y de vez en cuando se enfrenta más a ellos, pero donde el "más-uno el cuál a partir de entonces no será tanto una persona como un lugar de estructura". Siguiendo en esa misma lógica, menciona Miller: "Se puede, pues, prescindir del Nombre del Padre con la condición de valerse de él: he aquí lo que muestra el cartel".

Continúa: "Servirse del lugar estructural del Nombre del Padre, del al menos uno, es justamente lo que permite prescindir de él. Y no hay necesidad de poner en guardia al más-uno de un cartel para que no se identifique con el Nombre del Padre. Luego el cartel es una de esas soluciones invisibles que Lacan intentó y situó en el principio de una Escuela, de un nuevo tipo de sociedad analítica capaz de prescindir del Nombre del Padre siempre que sepa valerse de él". Entonces, considero, el trabajo en el cartel va más allá de querer capturar la teoría, no es prescindir de ella sino servirse de ella para tocar algo de ese deseo de-formación. Es así como: "No es, pues, posible prescindir del nombre del Padre más que valiéndose de él como de una herramienta". Situación que no es sencilla siendo de un trabajo arduo, el trabajo de cartel es así, arduo, por el número de textos a leer, por el tiempo que se invierte, por la distancia para llegar a las reuniones y coincidir con horarios con los otros, por librar los embates de un estado salvaje entre analistas y el espejismo de la civilidad para no quedar solo en el límite identificatorio de grupo. Es un trabajo arduo en cuanto a sostener algo de un deseo por la formación analítica y poner en juego esa joya que es escuchar, escuchar lo que tiene que decir el otro en tanto dejar de suponer que ya se lo sabe todo.

REFERENCIAS

  1. Lacan, J. Sem. 1 Escritos Técnicos de Freud
  2. Miller, J. El banquete de los analistas. Clase VII.