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Familias: ¿Una unidad ficticia?
Carlos Mendez

El concepto de familia es polisémico, sin contar, que cada época cuenta con su propia versión, establece los ideales sociales sobre los que recae la familia y cada sujeto tiene una interpretación del tipo de familia que tuvo.

En la familia hay un desarrollo singular de las relaciones sociales, se establece una serie de ordenamientos que impone toda familia enajenando forzosamente a sus miembros, esta ley es la transmisión por tradición o por estar escrita develando el dominio de las instancias culturales sobre las naturales, la cual es refrendada por la colectividad.

En este sentido, cada ser humano interpreta su drama familiar. Freud da testimonio de ello a lo largo de su obra a través de sus casos al descubrir que sus pacientes "llevaban a sus familias", el inconsciente daba luces de historias secretas de la familia las cuales no estaban ajustadas en los ideales sociales pero que a la luz de su época figuraban serlo. Esta dimensión no está lejos de nuestra contemporaneidad; en la consulta, cada sujeto trae su propio testimonio de aquello que ha interpretado como familia, los discursos son discordantes de un integrante a otro, cada versión familiar es diferente, podemos apuntalar que cada sujeto hace una invención de su familia. Es por esta vía, que se dirige el interrogante de la existencia de la familia como una unidad.

El drama se refleja en la queja del paciente, de quien se ha servido como familia (padres, hermanos…). Cuando habla de sus síntomas, habla de la familia, el inconsciente es familia, la familia está ligada al inconsciente y se suma al síntoma.

El inconsciente no es individual. Miller (1998), citando a Lacan señala que es "transindividual" (p. 51) teniendo en cuenta que éste es diferente a lo colectivo. Es así, que la formación del inconsciente tiene un lazo con un Otro, es el grabado particular en relación al lugar que ocupamos en el discurso del Otro, en su decir, en su deseo. También es preciso comprender la época en la que el sujeto se haya inmerso porque al ser un representante de la misma, está marcado por los síntomas circundantes. Una muestra de ello, es la declinación del padre. El padre de hoy está en un número de significantes inciertos, ya no es el "uno" singular. Esta es solo una representación de las instancias que atraviesan el inconsciente, siempre hay un Otro.

Tomemos como ejemplo el lugar que ocupa un niño en el deseo de sus padres y de los demás, deseos que interpreta a través de las fantasías de satisfacción; en esta vía se configura lo que él percibe que los otros quieren y provocan en él, se convierte como objeto de deseo del Otro, su sintomática es familiar. Surgen preguntas clínicas para situarlo, pero no con el propósito de un diagnóstico desde la perspectiva de la psiquiatría o del modelo tradicional de la psicología, no es una semiología, sino un rastreo del peso familiar el cual no es suficiente para comprender dicha sintomática. Es así, que surgen preguntas como ¿Dónde vive este niño? ¿Para qué lo desean? ¿Qué representa para ellos?, preguntas nada fáciles de contestar; sin dejar de lado las preguntas que el mismo niño puede hacerse en relación a los padres ¿Qué soy para el Otro? ¿Qué quiere el Otro de mí? y en este ir y venir, el niño empieza a interrogarse sobre el deseo de sus padres, como un falo imaginario.

Las respuestas pueden propiciar los más variados usos y posibilidades en el lugar que se la ha asignado y que se ponen en práctica en la dinámica de las relaciones como frases, normas o ausencia de las mismas, regulaciones del cuerpo e ideologías. Por ejemplo: para algunos padres el desempeño escolar de sus hijos supone un gozo o un dolor narcisista, pero ¿qué tan moderado es?, estos pueden ser arbitraios, llevarlos al exceso, mortificarlo. Es preciso preguntarse ¿Qué lugar ocupa ese niño en el mundo pulsional de los padres? Todo esto hace parte de las formaciones del inconsciente, del origen del sujeto desde la familia.

Miller (2007), señala que "la familia tiene su origen en el desencuentro, en la decepción, en el abuso sexual o en el crimen" (p. 16). Respecto a lo planteado por el autor, sugiere principalmente al malentendido estructural del lenguaje y lo que también podemos llamar desencuentro de los sexos; puesto que estos no se encuentran en sus formas de goce (hombres y mujeres gozan de formas distintas) y, además, cada uno intenta encontrar en el otro lo que supone que tiene y eso nunca se encuentra plenamente, por eso en psicoanálisis se dice que No Hay Relación Sexual. De ese desencuentro puede derivar la decepción.

Sobre el crimen y el abuso alude al hecho de que Freud situó el origen de la familia en el mito de Tótem y Tabú, en el que se produce un parricidio a partir del cual el padre se convierte en Tótem, en una ley a respetar. También en el mito de Edipo hay una transgresión del incesto, es decir; un crimen, un quebrantamiento de la ley, algo que es más visible en la contemporaneidad al menos en el orden social sobre el abuso y el incesto. Está prohibido el goce, eso queda claro, Miller (2007) es contundente al señalar "hay algo que no es sano en el gusto por la familia", (p.20) pone sobre aviso lo siniestro que puede haber bajo el velo familiar que se resguarda en el discurso de los ideales sociales. Lo siniestro, al decir de Freud (1919), "es todo lo que está destinado a permanecer en secreto, en lo oculto, ha salido a la luz… Desde la noción de lo entrañable, lo hogareño… lo sustraído a los ojos ajenos". Esto implica no idealizar a la familia, ni mucho menos desdeñar de ella, sino contemplar otras perspectivas.

En esta vía, Miller nos dice que "la familia está formada por el Nombre del padre, por el Deseo de la madre y por los objetos a" (p. 17).

Hablar del Nombre del Padre, es remitirnos a Freud, donde nos aclara que la renuncia a las satisfacciones pulsionales son determinantes para el origen de la neurosis, surge del conflicto entre las exigencias pulsionales y las exigencias culturales, queda establecida la "represión", siendo el elemento por el que se configuran los síntomas neuróticos como satisfacción sustitutiva de lo reprimido, el desenlace de los conflictos será la enfermedad o la inhibición funcional neurótica.

Para que la ley opere debe estar enmarcada en el lenguaje, debe operar como significante, por ejemplo, la prohibición del incesto actúa como caja de resonancia que hace eco de manera constante en el vínculo filial. Es así que el lenguaje es el padre del sujeto; es la ley. Esta cuestión se articula con el deseo de la madre, el cual requiere de un Otro que la regule y no la lleve al estrago, como se ha señalado.

Finalmente, Miller expone que la familia está unida por un "secreto" (p.12). En toda familia hay un secreto, un secreto que tiene que ver con modos de goce y en ese sentido, también se puede pensar por ejemplo en el abuso sexual y el crimen.

Esto puede relacionarse precisamente con esas formas de satisfacción que se encubren en el seno familiar, en palabras de Miller, "en la familia existe algo de lo que no se habla, puede ser el tabú del sexo o hablar de la culpa… hay siempre temas prohibidos" (p.13). (Sin embargo, es preciso aclarar que existen otros secretos u otro tipo de secretos).

De esta forma, podemos marcar que la función del padre es "el significante que sitúa el lugar de la ley en el Otro del significante" (Lacan, 1966), es una ley que cubre, como significante es la ley de castración, son las huellas del lenguaje del Otro familiar, un inconsciente tramado por el discurso del Otro, tenemos a Otros incorporados.

La familia deja una huella en el inconsciente, la familia cumple una función en lo estructural de la subjetividad, cual sea su forma es una espacio donde se construye un deseo, se arman vidas, sueños, luchas, con posibilidades gracias a la invención que cada uno hace y se sostiene en la vida; es fraterna, cómplice, es necesaria por el estado de incompletud en el que nace el ser humano, y aunque no coincida como unidad de lo que cada uno ha interpretado, la familia signa un lugar fundamental en nuestra inscripción como sujeto, como ser humano.

BIBLIOGRAFÍA

  • Freud, S. 1919. Lo ominoso. Obras completas. Tomo XVII. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, Argentina. P. 217 a 251.
  • Lacan, J 1966. Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis. In: Escritos. Madrid: Siglo Veintiuno Editores.
  • Miller, J. 1998. Estructura, Desarrollo e Historia. Editor GELBO. Santafé de Bogotá, Colombia. P. 51.
  • Miller, J. 2007. Cosas de Familia en el inconsciente. Revista de psicoanálisis Meidodicho. Edición N 32. Maldita familia. Año 11. Córdoba.