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Deseo de ser madre y dialéctica familiar
Claudia Patricia Santos

"Lo que tú has hecho lo has querido,
porque lo que has querido tú no lo sabes,
son las consecuencias las que te enseñan tu deseo"
[1]

En la tarea que no resultó sencilla, de escoger dentro del tema general del cartel "Asuntos de familia" uno particular a trabajar; reflexionando sobre mi propia vivencia familiar, no tarda en surgir el deseo de un hijo, como aspecto que me interesa y concierne. Me pregunto por las condiciones subjetivas que configuran tal deseo en una mujer, el significado que un hijo implica en la vida psíquica de ésta y por los efectos de realización del deseo de ser madre en el entramado familiar.

Al hacer referencia al término deseo se está asumiendo que la elección de una mujer de hacerse madre trasciende el estatuto natural y biológico, no es algo del orden del instinto. Se privilegia allí lo subjetivo, lo simbólico y lo Otro social e histórico.

Freud formaliza el deseo de un hijo como resultado de los efectos de la castración en la niña. Dicho deseo se instaura dadas las consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos. Cuando la niña advierte tales diferencias se desliza hacia la ecuación simbólica pene = hijo, es decir reemplaza el deseo de un pene por el de un hijo o lo que es lo mismo, pretende obtener el pene bajo la forma de hijo, esperando del padre que se lo done. "Ambos deseos el de poseer un pene y el de recibir un hijo, permanecen en lo inconsciente…" [2]

También para la teoría Lacaniana el hijo es un sustituto fálico, equivalencia niño=falo. El deseo de un hijo está en relación con una falta simbólica en el sujeto femenino, la falta de falo y su posibilidad de realización está en el hijo. Dicha teoría permite además pensar a la familia en términos de funciones: Función paterna, Función materna, y Objeto a; relacionadas entre sí de manera dialéctica.

La función materna lleva a ocupar el lugar del Otro absoluto en tanto tiene en sus manos elevar las necesidades del niño a demandas e interpretarlas. Además define si responde a ellas o no y de qué manera. Es el Otro primordial, pues le prodiga los cuidados que lo sostienen en la vida, ofreciendo al tiempo palabras y voz que nombran, dejan huella y anuncian el deseo por ese hijo. Transmite la lengua materna, al ser el primer Otro a quien el niño se dirige. Con la oposición presencia – ausencia que se deriva de sus idas y venidas, suscita en él la primera simbolización.

El hijo (objeto a), juega su propia partida en la constitución de sí como sujeto. Desea el deseo de la madre, ser deseado por ella. A su vez, las idas y venidas de la madre lo interrogan por el deseo de ella, lo que le suscita la pregunta: ¿Qué es lo que quiere? El deseo de la madre lo lleva a identificarse con lo que supone a ella le hace falta, el falo. La intervención que en su momento ejerce el padre hace que el niño no se identifique más con el lugar de falo de la madre y que de esta manera pueda pasar de ser objeto a ser sujeto, en búsqueda de sus propios objetos de deseo.

La función paterna encarna la ley que prohíbe pero que también habilita. Prohíbe mediante su palabra, un mensaje que dice: "…No te acostarás con tu madre dirigido… al niño…, no reintegrarás tu producto dirigido a la madre" [3]. Es decir, prohíbe la madre al niño y priva a la madre de su hijo. Así, articula el deseo a la ley lo que remite a una simbolización más estable y a la singularización del deseo del niño, a que este deseo no sea anónimo. En la vía habilitadora da pruebas de lo que tiene, el falo y lo dona. También propicia el acceso del niño a su posición sexuada y el sentimiento de vida.

Aquí la pregunta se acentúa por las implicaciones de un hijo en la subjetividad de la madre. En primera instancia debe sostener las exigencias de su posición como Otro primordial y absoluto, sintonizar con la situación de total dependencia del niño hacia ella, convenir en ser puesta en causa de su demanda, que fundamentalmente es una demanda de amor. Implica que su respuesta al niño no genere un rechazo radical, ni una anticipación excesiva. Lo anterior requiere que su deseo se desplace parcialmente de los lugares hasta ahora ocupados, hacia la atención de ese hijo para que ella pueda devenir madre y que ese deseo no sólo sea deseo de madre sino deseo por ese hijo como tal. Que acceda a la comprensión subjetiva sobre el hecho de que su hijo no es para ella, lo que conecta con su propia castración. En este sentido, que admita al padre como aquel que hace la ley y que atienda y medie su palabra. La maternidad ubica al sujeto femenino del lado del que tiene, pero es importante que su deseo no se agote en el hijo, sino que siga deseando como mujer, o sea que consienta con lo femenino que hay en ella. "No es en absoluto lo mismo si el niño es, por ejemplo, la metáfora de su amor por el padre –por el padre de su hijo- o si es la metonimia de su deseo del falo…" [4]

Lacan a diferencia de Freud no explica lo femenino a través de la maternidad, la madre no recubre a la mujer, madre y mujer no son lo mismo, no van en una línea continua.

Se insiste en la importancia de que el deseo del sujeto femenino que ha entrado en función materna esté dividido, entre la forma como desea como madre y la forma como desea como mujer. Que "el niño no sature la falta en que se sostiene su deseo… la madre sólo es suficientemente buena si no lo es demasiado, sólo lo es a condición de que los cuidados que prodiga al niño no la disuadan de desear como mujer … de encontrar el significante de su deseo en el cuerpo de un hombre" [5]. Lo anterior indica la conveniencia del no – toda madre y pone en cuestión los ideales sociales que enarbolan a la buena madre como aquella que lo da todo por su hijo, la del amor incondicional que se entrega de lleno a su función materna, que halla su vida completada en la maternidad hasta el punto de su sacrificio como mujer y como persona.

Que el niño complete a la madre tiene consecuencias. El síntoma de él puede quedar constreñido a la subjetividad de ella, lo cual hace difícil tratarlo pues la relación compacta entre ambos no permite las sustituciones, allí no opera debidamente la metáfora paterna. Un ejemplo de ello es el síntoma psicosomático, exigencia del hijo a la madre de su entera protección. Cuando el niño le da un cuerpo a la falta de la madre ya no es un objeto a que causa su deseo sino un condensador de su goce. "Cuanto más colma el niño a la madre más la angustia, de acuerdo con la fórmula según la cual lo que angustia es la falta de la falta. La madre angustiada es de entrada, la que no desea o desea poco o mal como mujer" [6] Para que el deseo de la madre esté dividido se requiere que el padre sea un hombre que no niegue en la madre a la mujer y que tenga con qué dirigir el deseo de ella hacia él, haciendo de esa mujer la causa de su propio deseo.

Las lógicas de la sexuación de la última enseñanza de Lacan y lo concerniente al llamado goce femenino, señalan caminos interesantes para seguir abordando este tema. Quedan preguntas por cómo se juega el deseo de ser madre en aquellas mujeres que deciden no hacer alianza con el padre de su hijo, madres a solas y en aquellas que estando en pareja optan por no tener hijos, lo que puede nombrarse del lado de ellas más bien como deseo de no ser madres; máxime en una época en la que el imperativo de gozar se conecta con el imperativo de consumo en complicidad con la ciencia y la tecnología, acentuando el individualismo y generando consecuencias en la vida familiar.

La función materna no tiene garantías más allá de la expresada por el mismo Freud, en cuanto a lo inevitable de la equivocación; no hay protocolo posible – afortunadamente - que asegure la buena maternidad; es un lugar complejo por todas las exigencias subjetivas que conlleva para quien lo ocupa. Amerita tenacidad, humanidad, apuesta por la vida y una elección por hacer lazo, especialmente lazo familiar. Para cerrar como se inició, consonando con el epígrafe, la función materna corresponde a un deseo del cual se sabrá en cada caso por sus efectos.

NOTAS

  1. Miller, J-A citado por Aromí, A. en El Psicoanálisis y la función civilizadora. Texto en internet http://wapol.org/ornicar/articles/232aro.htm
  2. Freud, S. (1.923 – 25), El sepultamiento del complejo de Edipo. Obras completas. Tomo XIX. Amorrortu Editores, 1.986, pág 186
  3. Lacan, J. (1.957 – 58), Los tiempos del Edipo II. El seminario 5 - Las formaciones del inconsciente. Editorial Paidós, 1.999, pág 208
  4. Lacan, J. (1.956 – 57), Del complejo de castración. El seminario 4 - La relación de objeto. Editorial Paidós, 1.994, pág 244.
  5. Miller, J-A. El niño entre la mujer y la madre. Virtualia Revista Digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Junio/Julio 2005. Año IV # 13. http://virtualia.eol.org.ar/013/default.asp?notas/miller.html
  6. Ibid.