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La represión y los carteles como forma de elaboración
Rodolfo Rojas Betancourt

El psicoanálisis es una práctica que de forma fácil puede derivar en una conversación vana, me explico: nada garantiza que en el encuentro entre dos personas se ponga en acción el discurso del psicoanalista.

En la sociedad, generalmente nos guiamos por señales que no le sirven al psicoanálisis, o por lo menos no a una escuela orientada por el psicoanálisis. En la sociedad: pedimos referencias, nos guiamos por el prestigio, por la demostración epistémica, por no sé qué seguridad con la que puedan ciertas personas expresarse, o el "magnetismo animal" del que hablara Freud. Todas estas señales van del lado de la sugestión, si, incluso en el caso de la demostración epistémica: que una persona conozca mucho no garantiza que haya analista. De hecho, dicho sea de paso, nada lo hace, habría que constatarlo cada vez, en el mejor de los casos. De esta forma: ¿habría que orientarse por títulos y prestigio y demás…? o por la transferencia que nos generan unas personas y no otras? El primero marca un camino de estudio, el segundo, es el de nuestro análisis personal.

Por todos es conocido que es imposible saberlo todo, pero el imperativo de la época parece que nos lleva a pensar que se puede saber todo de un área, en nuestro caso, del psicoanálisis, Ana Viganó dice al respecto: "Nadie puede arrogarse el saberlo todo sobre el psicoanálisis. Un analista, incluso luego de haber hecho el pase y haber sido nominado AE, puede saber con bastante exhaustividad sobre su síntoma, su propio deseo y la causa de goce que le anima…pero no lo sabe todo sobre el psicoanálisis…" [1].

Y este imperativo de totalidad subvertido en la sociedad, nos lleva a dejar de lado la relación con nuestro propio inconsciente, para pasar a degustar las delicias del fantasma, que cual canción de cuna, nos arrulla en un sueño profundo: disfrutar del prestigio, del conocimiento, de utilizar la sugestión; y de esta forma dejar de preguntarnos sobre nuestra práctica…o incluso peor: pretender que nos preguntamos cuando en realidad lo que esgrimimos es el automatón de las prácticas sociales.

¿Qué tiene que ver esto con los carteles?

Mucho, porque, como nos indica Miller, "…el cartel, tal como lo plantea Lacan en su "Acta de fundación", es una máquina de guerra contra el didacta". El cartel "encarna una tesis de la teoría de grupos: a todo grupo le hace falta un líder" pero que si bien "no sirve de nada negar el hecho del líder (…) se lo puede adelgazar en lugar de inflarlo; reducirlo al mínimo". Se pregunta: ¿Por qué no se puede inhibir el crecimiento de los carismas ni la demanda de carisma? [2].

Leo aquí en Miller que no es tan de interés el famoso "brillo agalmático", propongo pensar inclusive que es lo que no conviene a la escuela orientada por el psicoanálisis, obviamente es todo un tema por debatir.

En todo caso, Lacan si propone una forma de hacer contra los Notables en su escuela, contra los supuestos líderes, aún cuando se disfracen con conocimientos. ¿Por qué esta agresión contra los notables?…pues porque es la degradación del discurso del analista, en personas que ante el reconocimiento social, ante el creerse el lugar de Sujeto Supuesto Saber, que pueden otorgarle otros, obturan la pregunta de que es un analista en una escuela de psicoanálisis: los Notables tienen el delirio de tener la respuesta: ellos mismos son LA respuesta.

En una escuela que se orienta por el psicoanálisis, se trata de otra cosa, se trata de permitir el encuentro de cada uno con lo que le hace pregunta. Aún más, la forma subvertida de este saber encarnado es la de los miembros del cartel que esperan respuestas de uno o algunos de sus compañeros. Podría decir que esta es una de las caras de la represión en los carteles: ¿qué se reprime?…la relación con nuestro deseo.

Cuando Lacan decía "Hay reprimido, siempre, es irreductible…" podríamos articular, como no, que también pasa en los carteles. ¿en qué consiste esta represión? Me parece que se presenta cuando un cartel deja de serlo y se torna en un grupo de estudio, sin duda hay trabajo, pero no necesariamente cartel.

En este sentido, la pregunta que me hago cada vez en cada reunión con otros para intentar hacer un cartel es la siguiente: ¿hay cartel o estamos en un grupo de estudio?

De esta forma ¿qué sería lo propio del cartel?…su esencia estaría en la función del mas-uno, en la elaboración provocada, entendida esta como "no hacer más función que la de la falta" [3].

Antes de avanzar en esto, creo justo recordar, de la mano de Miller, que no hay ninguna vocación para el trabajo, que si la hay para la pereza: lo cual constato en la totalidad de integrantes de cada cartel que he empezado, aun en los que devinieron grupos de estudio: un inicio lleno de intenciones y ganas de trabajar que luego de forma más o menos rápida se desinflan…

Ha sido, en mi experiencia de este año, en aquellos carteles en los cuales se pudo poner al trabajo este deseo desinflado a momentos, que se pudo continuar. En otros carteles, que cerramos, fue más fuerte el "todo está bien"…el error puede ser fecundo, de hecho es una forma privilegiada de aprender.

Lo cual me da pie para plantear, ya para terminar mi intervención, con lo central de lo que he querido traer para esta jornada de carteles como aporte y conclusión temporal: adoptar, también aquí, en los carteles, una posición de analizantes permanentes, cuestionándonos si algunos estamos en posición de saber, o de esperar que otro lo produzca; pero sobre todo poner al trabajo este y todo tipo de impasses, que de esta forma generarán un acercamiento al deseo de cada uno y de esta forma no quedarnos en la mentira de la letra muerta encarnada en un supuesto otro o sus necesidades de reconocimiento.

Para finalizar retomaré a Miller quien nos indica sobre la funciono de más-uno, retomando, "no hacer más función que la de la falta": "es hacer de tal modo que cada miembro del cartel tenga su propio rasgo" [4] y agregaría, que a partir de este, constatar su permutación, fluctuación o hasta metaforización.