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Discontinuidad entre psicoanálisis, ciencia y salud mental *
Por Mauricio Orrala, cartelizante de la NEL-Guayaquil.

La cuestión de si el psicoanálisis y la psiquiatría son disciplinas complementarias anima todo nuestro trabajo y tiene varios momentos.

Todo inicia con la lectura de los textos de Freud, quien en 1916 propone "el psicoanálisis es a la psiquiatría loque la histología a la anatomía", en tanto la primera analiza, en detalle, los procesos inconscientes que determinan los síntomas, revelando así una compleja vivencia subjetiva, mientras que la segunda se contenta con remontar los casos a la "etiología general y remota" de la herencia.En este mundo de grandes personalidades médicas (Falret, Bayle, Magnan, Kahlbaum, Kraepelin, etc.), donde la teoría etiológica de la degeneración hereditaria aparecía como un intento máspor explicar la locura a partir de la organogénesis, Freud propuso que el psicoanálisis, como ciencia, no entraba en contradicción con la ciencia psiquiátrica y quebien podía esclarecer, a manera de "completamiento", el campo que esta última dejaba ignorado.

Lo interesante es que para esa misma época y rechazando explícitamente el positivismo psicológico alemán, el modelo metapsicológico freudianoentraba en ruptura técnica, metodológica y teórica con la psiquiatría. Reconocido por Freud en lo posterior, claudicó así en la idea de "completar" a la psiquiatría", aunque persistió en la consideración delpsicoanálisis como ciencia. Y si bien no planteó en su metapsicología la cuestión del sujeto de la ciencia, dejó indirectamente la del sujeto dividido.

En un segundo momento de nuestro trabajo nos interesamos por la cuestión de si el psicoanálisis es o no una ciencia. Para Lacan, este asunto es depuesto, en tanto lo que vale la pena cuestionar es el estatuto del sujeto del psicoanálisis como correlato del sujeto de la ciencia moderna. Desde el momento inaugural del cogito cartesiano, operación que, efectuada por la vía de la duda metódica, implica el rechazo de todo saber, tenemos la modificación de nuestra posición de sujeto, la división del sujeto como división entre el saber y la verdad. Este sujeto que Lacan propone para el psicoanálisisno es una esencia,no es anterior a la cadena significante, es su consecuencia. Es un sujeto vaciado, que aparece en el lugar donde hay una falta, un sujeto que hace signo de goce.

En la ciencia, por otra parte, se intenta eludir la subjetividad para volver posible la matematización. La ciencia, por medio de la lógica proposicional, esa lógica llena de paradojas, no entiende la verdad como "hermana del goce" y hace de la misma un juego formal de valores. La matemática aparece aquí como un saber que se sostiene en un significante que podría representarse a sí mismo, un saber de amo que deja por fuera el saber cómo medio de goce.De ahí que se pueda hablar de una "ideología de la supresión del sujeto", todo lo cual responde a una estructura discursiva.

Y es la elucidación de una "estructura discursiva" en la que se insertaría la psiquiatría lo que constituye un tercer momento de nuestro trabajo. ¿Desde dónde se habla en la Salud Mental? ¿Desde dónde se constituyen las reglas que animan su coherencia?

Podemos entender a la salud mental como una práctica discursiva en el sentido foucaltiano, que toma cuerpo en un régimen disciplinar presente en la administración de los hospitales, en el lenguaje común del cognitivismo y del diagnóstico psiquiátrico, en los protocolos de prevención e intervención, en los requisitos para la investigación, todo lo cual es impuesto y perpetuado por las formas pedagógicas del saber en las academias y sociedades médicas. Y aquí deseamos hacer un primer hincapié, a saber, que si nos remontamos al "nacimiento de la psiquiatría", nos percatamos que cuando el aparato social convocó a la medicina para la administración de la locura, lo hizo en nombre del orden público. ¿Desde dónde se continua hablando en la salud mental de nuestros días sino es desde ese orden público que hoy llamamos "criterios de salud mental"? El segundo punto a resaltar es que, desde que la medicina administra la locura, se ha entendido que la verdad de la misma debía encontrarse en el soma. De ahí hasta nuestros días puede hablarse de un "proceso de somatización de la locura".

Si el buen psiquiatra no cree en el "prístino poder ensalmador" de las palabras, no es porque sea idiota.Es producto de una "coherencia discursiva", si se nos permite el término, donde lo "pertinente" es actuar sobre el soma, de manera eficaz, para contribuir al mantenimiento del orden público. Su tratamiento con validez y confiabilidad científica no tiene en su mira a ese sujeto del psicoanálisis, pues lo que completa su circuito de coherencia es elacallamiento de los síntomas perturbadores de la buena convivencia. Y lo hace bien. Lo que menos le interesa a este tratamiento de la individualidad empírica es su sujeto.

El paso de un discurso a otro implica una discontinuidad. Así, una proposición del psicoanálisis no puede ser sinónima de una proposición de la psiquiatría. En vez de complemento, pensamos en una insalvable discontinuidad entre psicoanálisis, ciencia y salud mental. Y en lugar de instalarnos enla incansable e ingrata tarea de criticar lo que no tiene la psiquiatría a partir de lo que sí tiene el psicoanálisis, preferimos entrar al debate "psi" conociendo las reglas que animan, del lado de la salud mental, la estructura que tiene como efecto que se ponga en evidenciala división del sujeto.Porque ahí justamente, en esa imposibilidad de suturarlo,aparece una oportunidad para plantear nuestro trabajo, para interesar al aparato social, seducido ya por el discurso sobre el soma.

Sabiendo que los psicoanalistas saben dirigirse a aquellos que no alcanzan el fulfillment de la norma, ¿cómo interesar a este aparato social, en la época del Otro que no existe y sus comités clínicos, interesarlo, no engañarlo, en la eficacia del psicoanálisis de orientación lacaniana? Un año de trabajo en el cartel nos ha permitido llegar aesta pregunta que es nuestro impulso para el porvenir.

NOTAS

*Trabajo en curso en el cartel "Psicosis".