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Los destinos de la pasión de la ignorancia
José Aurelio Segales

Desde la noción del inconsciente real, Lacan resitúa la imposibilidad respecto al saber a partir del "horror al saber". Ubicando la castración de tres maneras: la falta en ser, la falta de goce y la falta de saber; existiendo una solidaridad entre la falta de saber y la de goce. Este horror al saber, planteado por Lacan con su consigna de que la humanidad no quiere saber, contrasta con lo formulado por Freud respecto a que el deseo de saber está presente desde el inicio, considerando las preguntas infantiles. Pero éstas al contrario de un deseo de saber, portan un deseo de semblantes, advirtiendo que "no es el deseo quien preside el saber, sino el horror"[1]. De tal forma Lacan asevera que en el origen está un "no querer saber", una "Pasión de la ignorancia", que se la entenderá en sus dos vertientes y dos posibles destinos.

De igual forma, Lacan[2] propone que cuando la verdad apunta a decir lo real, ya no se trata de ésta, sino de su fracaso, porque solo puede mentir sobre éste. En este sentido, la verdad "se ubica en el lugar del goce como impotencia"[3], pero a la vez tiene que ver con que en el seno mismo de esa impotencia, a pesar de ella y precisamente por ella, se goza. Para los sujetos hablantes, por el hecho de hablar surge el goce como perdido y sin embargo ahí se goza; de esta forma respecto al saber y verdad[4] Lacan deja en claro una dialéctica conjunta y disyunta: explicando que son dos términos topológicos, heterogéneos. Sin embargo, desde la vertiente conjunta, se puede entrever un pasaje de uno a otro, es decir la posible captura de algo sabido al campo de la verdad, o la posibilidad de capturar algo de verdad al campo de la invención de un saber.

Ahora bien, desde Freud no solo fueron los sueños la manera de ubicar aquello que subyace oculto y se revelaba como algo del orden de saber y verdad. En su texto "La negación" Freud describe cómo se hace presente "lo que se es en el modo de no serlo". De esta forma, se presenta un saber bajo el modo del desconocimiento, de la ignorancia. Para Freud, "la negación es un modo de tomar noticia de lo reprimido: una Aufhebung[5] de la represión, aunque no una aceptación de lo reprimido"[6]. Es decir, un contenido reprimido puede irrumpir en la conciencia a condición de que se deje negar, en tanto no hay una aceptación del contenido afectivo, una pasión de la ignorancia. Posteriormente la función del juicio, será realizada a partir de mociones pulsionales antiguas; pero Freud deja establecido, que en un inicio existe una situación originaria, donde aquellas propiedades cualitativas coinciden, esto a razón de que el mundo exterior en esa época no está investido con interés y es ignorado, en la medida en que en el autoerotismo el yo no necesita del mundo exterior. En el texto de 1915 Freud[7] presenta dentro de los cuatro posibles destinos de la pulsión "la transformación en lo contrario", uno de los primeros destinos pulsionales que se descomponen en dos procesos, de los cuales el segundo es de nuestra importancia, que hace referencia a la transformación en cuanto al contenido de la pulsión, que Freud la explica con la transformación del odio en amor a partir de la relación del sujeto con el objeto. Este destino, revela la relación intrínseca del contenido pulsional y el proceso defensivo de sí misma contra esta, es decir: la tramitación de aquello ignorado que arrastra consigo la pulsión y su transformación en algo aparentemente más tolerable: el odio y su contrario, el amor. Que aprehenden en su estructura algo que ambos ignoran, aquello que Freud expresaba en 1923[8], haciendo referencia a que en la vida anímica existiese una energía desplazable, indiferente en sí, que se ignora, pero que es susceptible de agregarse a un impulso erótico –la pasión del amor– o destructor –la pasión del odio. Así mismo dicha energía actúa en el Ello y puede pasar al yo sin tener noticia de ésta, haciendo prevalecer su condición de ignorancia, debido a que el Ello es mudo y carece de medios de testimoniar al yo amor u odio.

Es así que a través de la negación, Freud presenta una división entre el ser y el saber sobre el ser, división entre la verdad y el saber, considerando "la aceptación de lo reprimido" como el saber y "la persistencia de la represión" como la verdad[9]. Cabría destacar que lo reprimido es una forma de saber sobre una verdad que insiste en hacerse oír, aunque sobre ese saber, no se quiera saber nada y entonces se impone una acción –pasión– de ignorancia, elección forzada ligada al deseo y la angustia. Dentro esta lógica, Lacan consideró al sujeto desde la noción de negación y lo construyó como vacío, él no, es el primer nombre que funda el sujeto. Siguiendo a Frege no hay nombre para el cero, entonces el primer ordinal nombra el número que no está; así nace el sujeto en falta, de una exclusión que lo incluye. Por lo cual éste aspirará a procurarse una representación del ser, a que una representación acceda a algo de lo real en tanto verdad del sujeto, pero cuanto más se intenta articular la verdad, más el inconsciente saber revela ser real y se halla fuera de alcance, de aquella obstinada pasión de la ignorancia, que tiene como índice en uno de sus destinos, una verdad que podría verificarse y podría hacerse representar.

Desde este destino al que aspira la pasión de la ignorancia, se puede entrever que si la pasión surge a partir de la falta en ser, habría una aspiración a intentar obturar dicha falta. Cabe recordar que pasión del latín patior, significa sufrir, padecer, es decir; un estado de perturbación pasiva, pero a la vez un apetito concupiscible e interés vehemente hacia algo. Entonces retomando lo anterior, el sujeto padece su falta en ser, y a la vez la busca, la padece en el cuerpo; y es desde esa falta que el sujeto va ir a buscar en el Otro aquello que le va a colmar y calmar, aunque aquello es propiamente lo que no tiene, puesto que a él también le falta el ser. Lacan[10] en 1967 explicita que el sujeto sólo se determina por un deslizamiento que es deseo, el cual le permite desplazarse de su falta en ser, sin embargo plantea que "si el deseo es la metonimia de la falta en ser, el yo es la metonimia del deseo"[11], esto hace referencia a un segundo deslizamiento, en donde se encuentra el yo como una nueva metonimia del deseo. Se trata entonces del "yo soy", sujeto a identificaciones coaguladas, dejando el terreno fértil a la locura, reducto de las pasiones del ser. Pero precisamente, respecto a la pasión de la ignorancia: se encuentra el "yo sé", como deseo del saber, infatuación que colmaría lo insoportable.

Desde este aspecto se puede entender por qué Lacan ponía a la ignorancia como "la mayor pasión en el ser hablante"[12] puesto que lo no sabido, puede tener un efecto inhibidor si tiene por función sostener un todo saber. Siguiendo indicaciones de Lacan[13], se puede advertir que las respuestas que encuentra el sujeto ante su falta, estarían destinadas a "las desgracias del ser", respuestas que tienen que ver con identificaciones a objetos parciales o totales, que funcionan para obturar ese espacio vacío que produce la ignorancia. Así mismo se debe considerar, que en tanto el significante es articulación, éste no hace signo de la presencia de un ser y da cuenta de un sujeto indicado con el signo de su ausencia $. Esto indica en lo simbólico un sujeto ausente, un sujeto muerto que estaría fuera de su cuerpo, cargado de la enunciación y el sentido, que aspiraría a borrar su división subjetiva.

No obstante, desde el otro posible destino, si se consigue descompletar el saber, lo no sabido producirá un vacío y ya no sentido, y por ello el agujero subyacente posibilitará la invención de saber, a partir de la fuga del sentido. Lacan[14], deja establecido que "lo no sabido se ordena como el marco del saber", de tal forma la ignorancia no es contraria al saber, sino más bien ésta, está íntimamente articulada con éste en dos posibles vertientes: por un lado en su causa ligada a la verdad, pero por otra parte, como su producto, es decir, la producción de un saber en "su forma más elaborada"[15], aquello que Lacan[16] distinguía como licencia, ese saber constituido como vacío al centro del saber.

Siguiendo ésta lógica, ¿Cómo entender los mecanismos de éste destino de la pasión de la ignorancia, respecto al otro destino? Hay que partir inicialmente, en cómo asir la noción de agujero y enigma en los desarrollos de Lacan. En la última enseñanza, el agujero es representado como agujero en el lugar del Otro, exclusión del sentido; y esta falla de lo simbólico tiene efecto en lo real, ya que se trata de un real agujereado por lo simbólico que "hace agujero en un punto del ser"[17]. Lacan establece que la búsqueda de la verdad conduce a encontrar lo real en tanto decepción; este desfase entre "La verdad buscada, su decepción y el hallazgo de lo real"[18], deja una huella en el lenguaje y esta es una fuga estructural del sentido, que bajo ningún signo se inscribe. La noción de signo para Lacan, viene del lado del significante como retorno desacoplado de sentido; signo siempre correlativo de un ser que habita un cuerpo afectado y por ello el signo no tiene alcance y "es algo que conviene de esa pasión de la ignorancia"[19] ya que incluso en un mensaje descifrado, continúa siendo un enigma.

Así, el paradigma del enigma, muestra que éste no atrapa el sentido, éste exhibe el agujero y es aquí por donde el sentido se fuga. Lacan define al sentido como fuga, como efecto de lo simbólico en su dimensión de escritura, como letra, ligada al cuerpo que inscribe un agujero y por eso, "el efecto de sentido en tanto fuga, nunca admite una completitud", ni tampoco la construcción plena de saber, pues descompleta a éste, dando lugar así al vacío y la ignorancia como pasión en este destino. Manifestándose la incidencia de la metonimia y ésta en su coalescencia con la fuga del sentido, es una forma lingüística que concede su campo a la verdad, una verdad que se desliza por debajo de los significantes y cuya propiedad en relación al significado es la alusión, es decir: un "no todo decir" pues hay algo que se ignora y solo queda dar a entender. De esta forma se puede concebir, él porque Lacan[20] denomina a la verdad como impotencia y con esta depreciación de la verdad, la fuga de sentido: anuncia que no hay un saber, "ni sentido absoluto"[21]; quedando solo ignorancia, en tanto pasión estructurante del ser hablante.

NOTAS

  1. Jaques Lacan, Seminario XXI "Los incautos no yerran". Inédito, 1974.
  2. Jaques Lacan, "Prefacio a la edición inglesa del seminario XI", Los Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 1977.
  3. Jacques-Alain Miller, "Lo verdadero, lo falso y el resto" Revista psicoanalítica "Uno por Uno", No. 39, 1994.
  4. Jaques Lacan, Seminario XVI "De un Otro al otro". Paidós, Buenos Aires, 1969.
  5. "Aufhebung", es una palabra dialéctica propuesta por Hegel, que quiere decir a la vez "negar, suprimir, conservar y en el fondo levantar"
  6. Sigmund Freud, "La Negación", Obras completas. Amorrortu, Buenos Aires, 1925.
  7. Sigmund Freud, "Pulsiones y sus destinos", Obras completas. Amorrortu, Buenos Aires, 1915.
  8. Sigmund Freud, "El yo y el ello", Obras completas. Amorrortu, Buenos Aires, 1923.
  9. Ibíd. 6
  10. Jaques Lacan, "Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el Psicoanalista de la Escuela", los Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 1967.
  11. Jaques Lacan, "La dirección de la cura y los principios de su poder", Escritos 2. Paidós, Buenos Aires, 1958.
  12. Jaques Lacan, "Introducción a la edición alemana de un primer volumen de los escritos", Los Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 1973.
  13. Ibíd. 11
  14. Ibíd. 10
  15. Jaques Lacan, "Variantes de la cura tipo", Escritos 2. Paidós, Buenos Aires, 1955.
  16. Jaques Lacan, Seminario VIII "La transferencia". Paidós, Buenos Aires, 1960.
  17. Jaques Lacan, Seminario XXII "R.S.I.". Inédito, 1974.
  18. Jaques-Alain Miller, "La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica". Paidós, Buenos Aires, 2014.
  19. Ibíd. 12
  20. Jacques Lacan, Seminario XVII "El reverso del psicoanálisis". Paidós, Barcelona, 1969.
  21. Ibíd. 12