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El deseo de la maternidad, el dar a Luz
Leisa Zambrano

El más uno se va a Pariiis y a mí me toca parí, bueno más bien dar a luz, porque pariendo ya había estado durante nuestras reuniones, mientras mis compañeros desfilaban con sus palabras rimbombantes, pariendo me sentía para seguir el hilo a semejantes conversaciones pero a la vez escuchaba como mi sujeto era dado a luz en cada reunión, estaba allí en casi cada discurso en cada trabajo, requiriendo que yo estuviera allí presente, me retaba a estar a nivel y a veces a la angustia de no entender.

Finalmente toca presentarlo, se precipita por Paris, que coincidencias que ésta ida sea hacia "La ciudad de la luz", una ciudad que ha de haber tenido un deseo de maternizar, siendo la primera en gestar y recibir una gran cantidad de luz, puestas por el Rey Sol, siendo cuna del progreso en el siglo de las luces, madre de grandes pensadores, como si tener las luces solo le incentivará a seguir dando a luz, no de casualidad las cigüeñas vienen de allí, en fin, si hubiera un deseo de maternizar del cual conversar quizá se parecería a ése, porque además, sus luces y sus bebés, sus pensadores y luchadores no son más que el rastro de aquello que comenzó con un dar a luz y terminó siendo una revolución.

Al hablar de maternidad lo primero que se viene a mi mente es preguntarme acerca de la diferencia entre ser madre y ser maternal, hasta cierto punto del recorrido me parecían símiles, sin embargo es sabido que la función de maternizaje trasciende al ser madre biológicamente , lo que me incumbe es hablar de ella, y conocer qué impulsa el deseo de maternizar a un niño, una niña o algo que pueda ser sentido como propio, esto es un deseo de diferentes manifestaciones que podría ser visto como aquello previo a la gestación que se da en el útero y que responde principalmente a una pregunta de la mujer, el ser madre, y haré el énfasis en cómo suena eso de "ser madre", que habla por una parte de la asunción de una figura, pero también da a conocer una figura per se, que no necesariamente responde a la crianza del hijo, quizá es una jugarreta del lenguaje, la complicación de la constitución versus el hacer, otros idiomas se ahorran este dilema al conjugar en un solo término el ser y estar, entendiendo que ese espacio o ese vacío que podría quedar también constituye, así como recientemente lo ha planteado la física de partículas virtuales, abriendo la discusión acerca de la conjugación del ser con el vacío, en lo que me incumbe la aproximación del ser madre con su constitución, (incluyendo al vacío), que se articula en su función de tal manera que dan paso a una forma de maternizar.

Revisando frases de madres me encuentro con algunas como: "me siento completa", "no me hace falta nada" como si por momentos pudieran dejar de estar en falta, quizá por la fantasía de tener finalmente el falo, sin embargo si bien el bebé dentro o fuera del útero puede ser un elemento fálico, así mismo lo son las muchas otras personas o cosas que se pueden maternizar, quizá he ahí alguna diferencia entre hablar del deseo de la madre y el deseo de maternizar, el cual podría estar vinculado a la función materna, pero que reitero no se refiere sólo a la crianza del niño, trasciende a ella, para ejemplificar recordemos a Paris, sus posibles deseos y sus logros, como una maternidad que se gesta en un útero simbólico, sin la necesidad del real, pero que es una maternidad que deja ganancias, que ilumina, y que da espacio al hijo para preguntarse por su propio deseo.

Volviendo a la gestación, son nueve meses de completud, que me remite a la posición femenina del goce fálico, al sentirse una con el bebé, esa sensación de completud deviene a término con el parto, lo que puede por una parte producir la tristeza de haber perdido la sensación de completud que se tuvo o por otra parte podría ser el sentir que sigue siendo uno con el hijo, que nadie ni nada se lo podrá arrebatar, creando esos acontecimientos de la crianza que dejan rastros en el ser que ahora lleva consigo los rastros del deseo de la maternidad. Sin embargo éste deseo no va por el querer devorar al hijo, tampoco va por la demanda o la imposición del Otro, y quizá tampoco por la posición fantasmática.

Este deseo no es ese, es uno que se anticipa al deseo de la madre, pero es uno que deja rastros en el ser madre e incluso en la constitución del hijo. Si el deseo de la maternidad se anticipa, creo que es ahí donde el sujeto quizá debe preguntarse, de lo contrario se puede ver como el hijo actúa el deseo de la madre, hasta el punto del estrago materno, el cual podemos ver retratado en el cisne negro de Darren Aronosky, de una manera tan obscura que la hace llegar a su fin, éste deseo no va en esa vía, sino más bien a través de aquello que se encuentra en la relación madre hijo que se va constituyendo, que puede parecerse al fort-da, que puede dar paso a explicar la presencia o ausencia, la incorporación del lenguaje, eso que se desprende pero que es de él aún.

Esto, conlleva riesgos, no siempre la maternidad es un deseo, y ¿qué deseo puede tener el ser madre cuando madre no se quiere ser? Con suerte algo de consciencia se encuentra, pero si se escapa, devienen múltiples caminos, la formación reactiva deja de ser ajena, o a veces es un deseo que no es deseo y trata de guardar exclusividad, es ahí cuando se puede ver que en el momento en que la madre solo desea al hijo ya no es un deseo, es una demanda, y eso, obtura el deseo.

Éste deseo no es la demanda, lo trasciende, es muestra de cómo el cuerpo hablante es capaz de contener, palabras, emociones, sujetos, incluso dentro de sí. Por cierto, llamarlo sujeto de cartel es interesante, si bien su traducción al francés (Sujet) o al inglés (subject) generalmente hace referencia a un trabajo escrito, en castellano no parece común usar este término para designar a un escrito, el sujeto hace referencia a persona o a estar agarrado de algo, pero quizá es eso lo que da paso a que lo trabajado sea un deseo propio o el propio deseo, dando a conocer aquello que es íntimo, que moviliza y cobra vigencia, que no se pierde en el tiempo, que se convierte en propio, enfrentando probablemente lo que implica la renuncia, pero que construye y articula, que permite incomprender y comprender, gestar y dar a luz.