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El Deseo Perverso: Una Pasión Imaginaria
Giancarla Antezana U.

La experiencia del psicoanálisis constata que, a consecuencia de la caída del Nombre del Padre y de lo simbólico, no estamos en un tiempo gobernado por la lógica fálica, lo que implica un cierto ordenamiento en los seres hablantes y que además proporciona algunas coordenadas para la identidad sexual; lo que impera en estos tiempos, es el goce femenino sin medida, sin límites y expresado en diferentes vertientes.

Esta era de la caída de los grandes ideales, no da lugar a las interrogantes que podrían dialectizar el deseo, ni abrir el vacío necesario para la creación; la ciencia y la tecnología se proponen como las nuevas deidades que dan respuestas a todo; los descubrimientos científicos del genoma humano y los oráculos google y Wikipedia en el mundo virtual, proporcionan respuestas alienantes para el sujeto que se sumerge en el discurso universitario.

La subjetividad en el siglo XXI, lejos de estar marcada por la culpa y la vergüenza, como en la época de Freud, se sostiene en el marco de la perversión, el cinismo y la desvergüenza.

¿Qué tipo de identificaciones se darán en la época del Otro que no existe? ¿Qué caminos toma la pulsión, si el destino de la sublimación parece imposible en una sociedad en la que impera el mandato al goce?

Tal es el superyó social, en la lógica capitalista del consumo, que impone al sujeto desde muy temprano el imperativo al goce inmediato y extremo. Un más, más y más que, como el tragalotodo en la película de Hayao Miyazaky "El viaje de Chihiro" (2001), se come todo, con el peligro de quedar él mismo, devorado en el consumo de su ser.

Eric Laurent sostiene que todas esas dificultades que surgen en el campo de la organización familiar y social, han llevado a una "generalización de las experiencias traumáticas", que ya no son – como en épocas antiguas – la guerra y la catástrofe, sino la misma "cotidianidad" que se torna en una realidad ficcionaria, que se ilustra y se plasma en la pantalla grande en el film argentino "Relatos Salvajes"[1], lo más familiar se revierte hacia lo más terrorífico y espeluznante.

Si no hay referentes identificatorios que posibiliten una salida que lleve a que los jóvenes encuentren el camino hacia su deseo, regentado por la ley: ¿Qué tipo de respuestas dan estos sujetos en relación a una posición sexual, si mas bien parecen evadir la castración, dejar a un lado la pregunta por el deseo y sofocar cualquier vestigio de división subjetiva?

La sexualidad fue introducida por Freud, como algo en el orden de lo inquietante, también Lacan la ha situado como algo traumático, por el simple hecho de que la naturaleza pasa por los desfiladeros del significante. Freud dijo que el niño es un "perverso polimorfo" y que la pulsión sexual es siempre perversa, debido a que no persigue ningún fin en el orden del ideal, mas bien, da cuenta de la satisfacción autoerótica que podemos encontrar haciendo de nuestro cuerpo un objeto sexual.

Pero la perversión no es la pulsión, la perversión es una posición subjetiva[2].

La explicación de Freud sobre el origen de las perversiones, sostiene que el mecanismo que opera es distinto a la represión, se trata de la "renegación" que se efectúa ante el descubrimiento de la castración materna. La represión desaloja de la conciencia las exigencias pulsionales, en cambio la renegación, actúa contra una percepción que viene de la realidad. Es el mecanismo de la "desmentida", el niño, al descubrir que el Otro no está completo, sostiene una posición subjetiva bi - escindida: Desde la parte perceptiva de la conciencia, acepta que la madre no tiene pene, pero el deseo inconsciente que se manifiesta al mismo tiempo, sostiene que la madre si tiene pene. Lo que ha operado como mecanismo psíquico, es el rechazo de creer en una percepción[3].

Se trata del "rechazo" de una creencia, que nos remite a la posición subjetiva del sujeto contemporáneo, un rechazo a la castración que se dibuja en los escenarios de la civilización como: Un rechazo al sexo, un rechazo al envejecimiento, un rechazo al Otro en diferentes tipos de segregación, un rechazo al matrimonio como institución simbólica, un rechazo al propio cuerpo biológico en los transexuales, un rechazo a las mujeres en diferentes versiones de violencia, etc.

No se trata de la falta en ser característica de los neuróticos, la posición del perverso es un rechazo en el Otro de su dolor de existir. Él no se pregunta, en la perversión sólo hay respuestas.

La enseñanza de Lacan señala que los goces del hombre y de la mujer no se encuentran, mientas él goza del órgano, ella goza de las palabras, el goce de él no encuentra el goce de ella. El goce sexual es fálico, ya que depende de la lógica del significante, es el goce del Uno, como en la película chilena "En la Cama"[4], más que el goce de los cuerpos, se trata del goce de los "dichos" entre amantes.

Para el neurótico el goce siempre es inalcanzable, está marcado por la prohibición, es la falta en goce de la castración, el goce real permanece imposible. Lacan, en su axioma "no hay relación sexual", sostiene que no hay proporción sexual entre los seres hablantes, la fantasía de hacer de dos uno, es la fantasía neurótica que busca la complementación en el Otro. El sujeto perverso rechaza esta posición, cree y persiste en que hay una unión entre el goce y el cuerpo. No cesa de intentar realizar "el posible" de la relación sexual, en el esfuerzo persistente de una mostración perversa[5]para impresionar.

La forma en la que el perverso hace compatibles el cuerpo y el goce, es asegurándose el goce del Otro, si el Otro goza, entonces existe. Y su fantasma es lograr la división subjetiva en el Otro, que el Otro se angustie es el made in de la perversión[6]. Para ello, él se convierte en el instrumento del goce del Otro, rebajando y degradando la relación simbólica que lo sujetaría a la ley y el deseo.

La referencia para entender la lógica perversa, desde el Seminario 10 de Lacan, es el "masoquismo", en el que se produce una identificación al objeto "a". El masoquista realiza en su fantasma, esa identificación bajo diversas formas: Como el desecho, el despojo, el resto, etc. Lacan dice, que lo que no sabe el masoquista es que su verdadero objetivo es "ser el objeto de un goce del Otro que es su propia voluntad de goce". (Jacques Lacan, Seminario 10, clase del 6 de marzo de 1963).

En el caso del "sádico", él coloca del lado del Otro la división subjetiva. La fórmula es: "a" en dirección al sujeto dividido, es una fórmula que explica que la angustia queda del lado del partenaire, el perverso apunta a la división por el goce, que lo hace de forma particularmente programada, estudiada y calculada. Esa angustia no es secundaria, es inherente a la perversión, es una señal de lo real, haciéndose él, "objeto cosificado"[7] para asegurar el goce del Otro, trata de anularse como sujeto.

Esa lógica parece funcionar en la juventud hipermoderna[8], por ejemplo en la tan exitosa recepción taquillera de la película "50 Sombras de Grey"[9], que a muchos jóvenes - en busca de lo nuevo y excitante – les proporciona una identificación imaginaria, en la seductora propuesta de las relaciones sexuales sado-masoquistas. Pero el perverso, al imponer un tormento eterno a su víctima, él mismo es objeto "a" eterno e indestructible y la paradoja está en que él, congelándose como objeto para evacuar su propia división subjetiva, la encuentra intensificada en el partenaire, o sea que él produce en el Otro lo que intenta evacuar de su propia posición[10].

El perverso está imaginariamente identificado a su partenaire, ambos son la misma carne y lo que revela el deseo perverso, es su dimensión de pasión humana en la inagotable persecución del deseo del Otro. Su deseo es el deseo del Otro, en el que reina lo especular, como en una relación de espejo en la que se perfila la omnipresencia y autonomía de la relación imaginaria, desconectada del orden simbólico. El deseo perverso es una pasión imaginaria, dice Lacan en "La cosa freudiana…Escritos 1, pág. 384". Al hacerse objeto "a", el perverso trata de taponar, de enmascarar y de colmar el agujero en el Otro. La pregunta que estructura la neurosis sobre el deseo del Otro: ¿Qué vuoi? ¿Qué soy en el deseo del Otro?, en la perversión toma la figura de: ¿Qué quiere él, que quiere este Otro? Y la respuesta que encuentra es que el Otro quiere el goce, esa es su ley[11].

En este panorama contemporáneo, ¿Qué tipo de sexuación puede darse en los adolescentes, que se ven confrontados, desde lo real, a responder en nombre propio por su sexualidad?

En la diversidad del mundo globalizado, existen múltiples posibilidades de inscripciones en el terreno de la sexualidad. Por ejemplo: Está el "travesti" y el "homosexual", que se sienten hombres y gozan del órgano; también está el "transexual" que es alguien que se vive como mujer. Lo que distingue al "travesti" del "transexual", es la excitación sexual que provoca el hecho de vestir prendas del sexo opuesto, así como la dimensión, siempre presente de la mirada del otro, que queda pasmado y sorprendido con la revelación del verdadero sexo oculto, entre los velos de la vestimenta.

El "transexualismo" lleva en sí una disposición hacia el Otro, como una forma de hacerlo existir, que culmina en la demanda de cambio de sexo. En tanto síntoma, encuentra su Otro en la ciencia, que se constituye por la signación de un Otro - médico u otro profesional - y halla una respuesta obturadora al interrogante de su deseo. El deseo del Otro, que para el neurótico es un enigma, para él no está velado y le da un veredicto: Que se haga operar, el Otro quiere su castración real[12]. Así el transexual no existe sin el cirujano y el endocrinólogo, representantes del Otro de la ciencia[13]. Como el Otro se ofrece para responder al interrogante del deseo, conduce a que el transexual se constituya en el objeto de su goce y paga con su carne dando consistencia al fantasma de omnipotencia de la ciencia moderna.

Eric Laurent retoma la tesis de Judith Butler[14], quien sostiene que en esta época, no hay dos sexos o dos géneros, sólo hay performances sexuales, como soluciones y arreglos subjetivos singulares. Laurent plantea: "Lo característico de la argumentación de Lacan es situar la diferencia de los sexos como lo que "no cesa de no escribirse", dejando a la vez lugar a la contingencia de los encuentros de goce y a la abundancia de normas, que no dejan de desplazarse para considerar las tentativas sociales de inscripción de nuevas relaciones, de nuevas construcciones sociales (…) Cuando se desconoce ese aspecto de la enseñanza de Lacan se origina el malentendido"[15].

BIBLIOGRAFÍA

  • Freud Sigmund, Obras Completas, Tomo XXI, "El Fetichismo", Ed. Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, 2006.
  • Lacan Jacques, Seminario 10 "La angustia", Ed. Paidós, Buenos Aires - Barcelona – México, 2007.
  • Lacan Jacques, Escritos 1, Siglo Veintiuno Editores, México, 2001.
  • Miller Jacques – Alain, Laurent Eric, "El Otro que no existe y sus Comités de Ética", Ed. Paidós, Buenos Aires, 2005.
  • Laurent Eric, "El Goce sin Rostro", Ed. Tres Haches, Buenos Aires, 2010.
  • Castanet Hervé, "La Perversión", Ed. Grama, Argentina, 2014.
  • Assef Jorge, "La Subjetividad Hipermoderna. Una Lectura de la Época desde el Cine, la Semiótica y el Psicoanálisis", Ed. Grama, Argentina, 2013.
  • Torrres Mónica y otros, "Transformaciones, Ley, Diversidad, Sexuación", Ed. Grama, Argentina, 2013.
  • Millot Catherine, "Ensayo Sobre el Transexualismo", Talleres Edigraf, Argentina, 1984.
  • Bleichmar Hugo, "Introducción al Estudio de las Perversiones", Ed. Nueva Visión, Buenos Aires.

NOTAS

  1. Director Damián Szifron, 2014.
  2. Castanet Hervé, La Perversión, 2014.
  3. Bleichmar Hugo, Introducción al Estudio de las Perversiones, Buenos Aires.
  4. Director Matías Bize, 2005.
  5. Castanet Hervé, La Perversión, 2014.
  6. Ídem.
  7. Castanet Hervé, La Perversión, 2014.
  8. Término empleado por Gilles Lipovetsky. Retomado en el libro de Assef Jorge, La Subjetividad Hipermoderna, 2013.
  9. Director Sam Taylor-Wood, 2015.
  10. Castanet Hervé, La Perversión, 2014.
  11. Ídem.
  12. Millot Catherine, Ensayo sobre el Transexualismo, 1984.
  13. Ídem.
  14. Laurent Eric, El Goce sin Rostro, 2010.
  15. Assef Jorge, Transformaciones. Ley, Diversidad, Sexuación, 2013, Pág. 373.