NOVEDADES EDITORIALES
Bitácora Lacaniana
Factor a
a-ritmo propio
Cuadernos del INES
Seminarios Jacques-Alain Miller en Caracas y Bogotá
Lacan XXI
Enlace Acción Lacaniana NELcf
Lacan Cotidiano la movida Zadig Radio Lacan Latigo Infancia y Juventud
CARTELES
Boletin-21 a-ritmo propio
Productos de carteles sobre el deseo
Cartel "Sobre el deseo"
"Deseo siempre insatisfecho y acto analítico"
Ailin Navas

Entrada en el dispositivo de cartel: primer momento…

Una pregunta martillaba la cabeza, ¿qué rayos quiero?, representado con un síntoma "la migraña". Un síntoma que perturba y que más allá del análisis necesitaba una articulación en relación al deseo, pues el síntoma encubre un deseo, y precisamente un deseo insatisfecho, este el sujeto de cartel del cual me dispongo a hablarles, poniendo en acto la pregunta en relación con otro dispositivo, surge como posibilidad un cartel, se precipita algo que empuja a escribir mi nombre y un título "el deseo" en la hoja que coloqué a la vista en una cartelera de la escuela, inicia el recorrido a partir del hecho de hacer algo más y algo diferente. Al cabo de una semana ya estaba la lista integrada por otras personas interesadas, compañeros de escuela, también en formación y con el mismo interés de hacer lazo a través del cartel y específicamente su relación con el deseo, que para todos se torna problemático. Coincidimos en escoger un más uno, con una posición de saber y de enseñante en la escuela, que nos movilizaba y vehiculizaba nuestra pregunta por el deseo, a propósito de estar trabajando en ese entonces con el seminario 6 "El deseo y su interpretación". Y otra apuesta me fue encargada hacer por los compañeros cartelizantes "habla con el más uno", y la propuesta ¿quieres ser nuestro peluche en un cartel sobre el deseo? aprovechando una frase utilizada por él en una de sus enseñanzas y la función del más uno. Un atrevimiento, ya estaba en juego la travesía-travesura, por querer saber, aunque de eso no se quiera saber nada realmente, lo que entraba en juego era la posibilidad de preguntar.

 

Un recorrido que estorba: segundo momento… la teoría.

Deseo y su relación con el objeto, goce, fantasma/masoquismo primordial.

El encuentro con conceptos como fantasma, goce, metonimia, objeto a, dialéctica del deseo, hacen ruido y comienza la búsqueda en un texto, el Seminario 6, que sugiere leer en otros textos, puesto que ninguno muestra un saber suficiente sobre lo que supuestamente se busca saber algo. Textos cómo, "Dirección de la cura", "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis", "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo" e "Introducción al método psicoanalítico" de Miller. Una suerte de atolladero, surgen del encuentro con cada lectura, con un intento de escritura al pie de la letra, se van entretejiendo los conceptos, permitiendo dar a luz algo nuevo en cada encuentro, en cada letra.

A casi un año de trabajo un poco turbulento, con encuentros esporádicos y desencuentros continuos de parte del grupo de cartelizantes, surge el primer escrito que tiene el valor de sorpresa en el Seminario 6, que permite cernir un poco, algunos esbozos sobre el deseo, este primer recorrido se trata de lo que pude captar acerca de la relación del objeto con el deseo y el fantasma como masoquismo primordial.

Inicio con esta cita de Lacan "si la relación del deseo con el objeto no fuera problemática no habría tema para tratar en el análisis. Los hombres como los animales, se dirigirían a su objeto y no le darían rodeos a este…es decir, el hombre goza de desear, de ahí la necesidad de mantener el deseo insatisfecho". Una suerte de revelación que motoriza la lectura y a la vez obstaculiza, pues pareciera una afirmación sólida que no requiere ir más allá, ¿se condensa todo en esta cita en relación al deseo?

A partir de esto surge lo que Lacan formula como la no existencia de la relación sexual, a diferencia de los animales, puesto que no andan con rodeos en relación al objeto. Por eso el punto central para tratar en el análisis es la relación sexual en tanto no existe.

El deslizamiento dialéctico, como no acabado ni satisfactorio, que conlleva torpeza, inestabilidad, equívocos. De eso se trata la cosa Freudiana "el deseo", una suerte de equívoco en el deslizamiento dialéctico siempre insatisfecho.

El deseo no funciona bajo la forma normatizada con vías trazadas con antelación y a las cuales habría que reconducirlo cuando se aparta de ellas. Por el contrario, el deseo se presenta bajo la forma del Lust, que significa codicia/lujuria. El deseo trastorna, degrada al objeto, lo sacude y a veces llega a disolver al sujeto. Es decir, el objeto termina siendo, como objeto de despilfarro, y no como un bien que se desea alcanzar y poseer, sino que actúa como resto que sostiene el deseo. Existe el objeto sólo para sostener el deseo, no para encontrarse con él, es una relación problemática y de esa manera es preciso mantenerla. El deseo se presenta como el tormento del hombre, pues es contrario al principio de realidad.

Es el lenguaje que hace intervenir en nuestra relación con el objeto la complicación esencial, nos ha llevado a tener con el objeto una relación problemática. El objeto funciona como prenda del deseo y se goza de no tenerlo-poseerlo. Entonces lo que está en juego en el desplazamiento del deseo es impedir la satisfacción, para conservar siempre un objeto de deseo, como una forma de simbolizar metonímicamente la satisfacción. Un ejemplo clásico es el sueño de Ana, en el cual se mantiene una metonimia del deseo "el deseo de fresas…frambuesas…" el deseo es algo que va de palabra en palabra, de significante a significante, es el desplazamiento infinito del significante.

Otro ejemplo lo podemos apreciar en la dialéctica del cofrecillo y del avaro, cierta retención del objeto (metáfora anal) es la condición para que subsista el deseo.

Así mismo, a nivel imaginario, el narcisismo ofrece al sujeto el soporte, la vía de solución para el problema del deseo: a debe plantearse en calidad de imagen de a, imagen del otro que, con el yo, son una sola y la misma cosa. Esta imagen está marcada por el índice de una I mayúscula, de un Ideal del Yo, en la medida en que éste es el heredero de una relación primera del sujeto, no con su deseo, sino con el deseo de su madre. Este Ideal toma pues el lugar de lo que ha sido experimentado por el sujeto como el efecto de ser un niño deseado.

Es el fantasma Pegan a un niño, como fundamental para hacer aparecer estos rasgos esenciales de transferencia narcisista. ¿En qué se convierte el sujeto? ¿de qué manera se estructura como yo e ideal del yo? Se constituye a partir del retorno, del regreso, de la delegación de afecto que el sujeto envió a ese objeto, el a.

De tal manera que, el deseo plantea al hombre, con respecto a todo objeto posible, la cuestión de su elisión subjetiva, $.

Para continuar elaborando ¿qué pasa con el fantasma como soporte del deseo? ¿Por qué Lacan formula esta acepción? Por supuesto, toma esto al pie de la letra de Freud y del fantasma fundamental Pegan a un niño, en el cual el niño golpeado está, respecto del sujeto, en la posición que expresa la frase completada: "el padre pega al niño que yo odio".

Aquí se representa al otro niño como sometido por la violencia, por el capricho, del padre, al máximo de la degradación, de la desvalorización simbólica, como absolutamente frustrado, privado de amor. El odio apunta a él en su ser, apunta a él, a lo que se demanda más allá de toda demanda, a saber, al amor. Esta sería la primera fase de la fantasía. En la segunda fase Freud expresa:

"la persona que pega sigue siendo la misma, el padre, pero el niño azotado a devenido otro; por lo general es el niño fantaseador mismo, la fantasía se ha teñido de placer en alto grado, ahora: Yo soy azotado por el padre …"

Esta segunda fase, es la fórmula del masoquismo primordial. El sujeto ha visto al otro ser derribado de su dignidad de sujeto erigido, de pequeño rival. Esto le hace percibir que en esa posibilidad misma de anulación subjetiva reside todo su ser propio, puesto que existe y es semejante al otro. Surge pues, como un ser capaz de anhelar. Es decir, el encuentro con la propia elisión subjetiva, lo lleva a captarse como un ser que es capaz de desear.

 

El deseo insatisfecho: neurosis histérica…demanda.

Como resumen del recorrido anterior, se puede decir que el deseo viene a estorbar, como el deseo estorba, mejor reculo y huyo por la derecha, asusta, pues es contrario al principio de realidad, es una suerte de cambio en la fachada que se desliza de un significante a otro, que desorienta y sostiene lo esencial del deseo, que no busca la satisfacción con el objeto, sino que éste (el objeto) se sostiene como resto, corte, y no como un bien del que se puede gozar, pues el goce está en "desear", de mantener el deseo insatisfecho.

Como el deseo de la histérica (la bella carnicera), su deseo despierto, deseo de caviar, es un deseo de mujer colmada y que precisamente no quiere serlo, "quiero, pero no me lo des", "quiero saber, pero a la vez no me interesa saber nada". No quiere ser satisfecha en sus únicas y verdaderas necesidades, puesto que tampoco sabe cuáles son y ni le interesa saber, sólo pide porque en esencia esto mantiene el deseo despierto, y mientras exista el deseo, existe ella misma como mujer, una mujer que goza de desear. Es la neurosis histérica que le permite a Lacan formular la estructura funcional del deseo.

El deseo en la histeria en sí es un deseo de estar insatisfecha, se encargará de procurarse esa insatisfacción, a través de otro, el hombre, que funcione como un Amo, mediador entre ella y su goce, entre ella y su satisfacción. Ahí va ella o el con su demanda, a pedir, a querer más…Y esto es a veces enloquecedor. Es el discurso de la pregunta infinita, que corre de un significante a otro. De tal manera, que su vida es una constante pregunta ¿existe el hombre ideal? ¿será este el hombre? ¿quién soy yo? ¿cómo es ser mujer?

Toda demanda es demanda de amor. Lo que evoca toda demanda más allá de la necesidad que se articula en ella, y es sin duda aquello de que el sujeto queda privado, tanto más satisfecha queda la necesidad articulada en la demanda. Y más aún, la satisfacción de la necesidad es el engaño contra el que se estrella la demanda de amor. Ejemplo: el niño que es alimentado con mayor esmero y amor por parte de la madre, es el que suele jugar con esta satisfacción de necesidad con el rechazo, tratando así de sostener algo del deseo.

Y entonces ¿de qué se trata en el análisis? ¿De encontrarse con su propio deseo, asumirse en la asunción del deseo del Otro?

El sujeto va a encontrar la estructura constituyente de su deseo en la misma hiancia abierta por el efecto de los significantes en aquellos que para él vienen a representar al Otro, en cuanto que su demanda está sujeta a ellos.

Entonces de que se trata en el análisis, el sujeto viene a pedir, demanda algo, demanda ser curado, revelado a sí mismo, hacerle conocer el psicoanálisis, hacerlo calificar como analista, pero esa demanda él lo sabe, puede esperar. Su demanda presente no tiene nada que ver con eso, incluso no es la suya, pues es el analista quién le ha demandado hablar, con oferta se crea demanda. Por esta vía, es que se realiza la regresión analítica, el analista no hace sino ser relevista de la demanda del sujeto, asume el juego de pelota, tal cual, como un pícher en el momento crucial del juego, una crisis que demanda la entrada en análisis.

El analista es aquel que resiste la demanda, no para frustrar al sujeto, sino para que reaparezcan los significantes en qué su frustración está retenida, trata de no responder para no obturar la falta fundamental y surja el deseo. Frente a la presión de la demanda del sujeto que exige su garante, lo que se realiza en el nivel del Otro es algo de esa falta. Nada real por el lado del Otro de la palabra puede compensarle, a no ser por adiciones que nunca se agotarán S1, S2, S3…la cadena de significantes. Por eso la falta fundamental se encuentra a nivel del significante. Por eso existe el objeto a, es el resto que nunca se agotará por ninguna demanda. Está destinado a representar la falta fundamental.

Por eso el sujeto no puede situarse en el deseo sin castrarse, sin perder lo más esencial en su vida, de tal manera que el camino en que el sujeto se embarca para recuperar su vida y liberarse de su destino, va a presentarle lo que él acepta perder, a saber, el falo. La película venezolana "Pelo malo" lo muestra muy bien, el acto de la renuncia al falo, aceptar la pérdida "el pelo" por acceder al deseo, que siempre se trata del deseo del Otro, el deseo de la madre. Mostrando así que el neurótico se llena de coraje para entrar en el juego del deseo del Otro. La pregunta por el deseo del Otro ¿qué quiere de mí?, el Otro gozador que quiere mi castración, he allí su relación con la fantasía del masoquismo primordial, Pegan a un niño.

 

El acto analítico: tercer momento…la renuncia

"donde hay acto, hay pues enunciación y modificación subjetiva…el sujeto que se constituye como efecto del acto lo hace en su propio borramiento, en su propia tachadura, como sujeto vaciado de su ser, el ser de la suerte, a la búsqueda de un nuevo ser en otro lugar" Miquel Bassols.

Lanzarse a una empresa irrevocablemente con arriesgadas consecuencias, tomando una intervención del analista "cruzar el rubicón", peligrosa libertad, decisión trascendental en la vida, que paraliza y que impide pensar, pero la suerte está echada hace bastante tiempo, y surge no sin antes dudar y vivir una angustia paralizante, el momento de decir y poner en acto una ruptura con el orden establecido, algo se atraviesa para ya no volver, a partir de este momento se comienza a construir un nuevo ser en otro lugar, lugar que permite hacer lazo y establecer una distancia con el goce mortificante asociado a una posición fantasmática "la salvadora" ¿Qué quiere el otro de mí? El otro quiere ser salvado, como una heroína capaz de responder ante las hazañas más difíciles por ser "diferente" y "la carta de salvación", un lugar forzado a ocupar, en el escenario familiar. Surgen tres actos a partir de este descubrimiento en función del deseo: la renuncia a un trabajo que hacía honor al síntoma "la coordinadora" de un proyecto de psicología al borde de lo insalvable, la pasión por el psicoanálisis me hace un llamado para reaparecer en el proyecto de vida de forma irrevocable, escribir para la comunidad analítica mi experiencia de cartel e inevitablemente algo del trabajo analítico.

El acto que habilita la interpretación del deseo, apunta a establecer una distancia con el exceso de goce que nos habita; atravesar el fantasma, descubrir la escena fantasmática en la cual cada uno está preso. Establecer un nuevo lazo con otros. Este acto suspende la vacilación, tiene un carácter inaugural, traspasa los límites de la ley. Adquiere el valor en términos de ruptura con respecto a la historia. El sujeto se relaciona a la falta de otra manera porque cayó la demanda y asume su propio riesgo sabiéndolo. Se apodera de la falta para producir algo nuevo. Toma a su cargo la renuncia al goce. Se trata así, de acotar, economizar y redistribuir el goce apuntando a estar con otros.

Se admite la pérdida necesaria; se hace lazo social. La pérdida de la certeza de saber.

"Actuar es arrancarle a la angustia su certeza" todo acto inaugura la superación de la angustia e instaura el sujeto como pura división. Y en esta división subjetiva, el sujeto se reconoce como deseante y su deseo de reconocimiento, actúa como una forma de obtener el reconocimiento del deseo. A esto se debe apuntar en un análisis, al reconocimiento del deseo, asumiéndose como sujeto deseante y es allí donde precisamente quiere ser reconocido. Como asevera Lacan, "el deseo es su interpretación" "y el deseo se pesca con letra", el reconocimiento de los significantes que hay que ir a pescar en el discurso del sujeto.

BIBLIOGRAFÍA

  • Lacan, J. (1958-59). El deseo y su interpretación. Paidós. Buenos aires.
  • Miller, J.-A.Introducción al método psicoanalítico.
  • Freud, S. Interpretación de los sueños.
  • Paskvan, E. El deseo de rubicón. Revista de la AMP. Digital.
  • Bassols, M. El acto y su borramiento. Virtualia. Octubre 2001. Año7.Numero 3.