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De las pasiones a los afectos como efectos del lenguaje sobre el cuerpo
Teresita Diaz

Eric Laurent en "Los objetos de la pasión" plantea la pregunta "por qué hablar de las pasiones".

¿El por qué volver sobre esta vieja noción que desde la filosofía, la psicología, la antropología, se han ocupado a lo largo de muchos siglos y aún hoy sigue siendo causa de un trabajo? [1]

Una posible respuesta: Cada época, tanto la de los filósofos como Platón, Aristóteles, como la de Freud, Lacan, Miller, Eric Laurent; nos proponen seguir leyendo las pasiones en la singularidad de la época y como afecta a uno por uno. En estas jornadas mi interés serán los afectos como efectos del lenguaje en el cuerpo y sus diferentes expresiones.

Sabemos que el tema de los afectos y pasiones ocupó también a la filosofía pensándola como una dicotomía en la relación del alma y el cuerpo, así lo pensaba Platón, que concebía al hombre como el resultado de "una unión accidental entre el alma y el cuerpo, dos entidades de naturaleza diferente que se veían obligadas a convivir provisionalmente, hallándose el alma en el cuerpo como un piloto en su nave", -1-como nos sugiere en el "Fedon" en los diálogos platónicos, " como un prisionero en su celda, en donde se privilegia el alma como lo que da vida al cuerpo". Pero Aristóteles parece tener una posición más atemperada, al comienzo del "De anima" "sostiene que es enormemente complejo decidir si los afectos son algo exclusivo del alma o si afectan al compuesto de alma y cuerpo. La primera constatación es que el alma no suele padecer sin que el cuerpo sea también afectado. [2]. El argumento decisivo parece ser que en caso de que existiesen afecciones que afectasen exclusivamente al alma habría que suponer a contra gusto que esta puede existir por sepa­rado. La conclusión es que las afecciones son algo a lo que les es intrínseca la materia, es decir, algo del cuerpo"[3].

También desde el psicoanálisis esto lleva a Freud, en sus estudios de 1893 a 1951, en los "Estudios sobre la Histeria", a teorizar sobre sus pacientes mujeres que presentaban conversiones en el cuerpo, donde el objeto del psicoanálisis es liberar el afecto penoso que acompaño en un primer momento a la representación de una escena traumática negativa , que no pudo ser liberado y que podía llegar a enquistarse, considerando que las descargas más efectivas y liberadoras eran el lloro, el enojo. En "Neuropsicosis de defensa", Freud plantea que las parálisis parten de una escena traumática, escena de violencia sexual infantil por un adulto, donde la representación y el afecto tienen distintos caminos, la representación se reprime y se desplaza a otra de distinto contenido y el afecto no puede ser liberado. El síntoma histérico se debe a que un afecto que no ha encontrado una descarga adecuada se ha convertido en algo corporal, pasando en su objetivo de cura por la abreación de los afectos, hasta la palabra, intentando hacer conscientes aquellos recuerdos reprimidos y el afecto sentido que estuvo ligado a ese acontecimiento como lo eficaz para la suspensión del síntoma.

Freud en un comienzo habla del afecto como en la psicología descriptiva entendiéndolo como una emoción o un sentimiento que experimenta una persona ya sea placentero o displacentero, pero luego busco explicarlo metapsicológicamente en sus estudios sobre La Pulsión, habla de afecto, entendiéndolo como la parte energética de la pulsión, el quantum, lo cualitativo de la energía pulsional, donde el afecto sería la traducción subjetiva ,de una cierta cantidad de energía pulsional, que no necesariamente está ligada a la representación que puede tener otro destino o adquirir una cualidad diferente ,por ejemplo transformarse en angustia o en una parálisis histérica, etc. Así la representación y afecto toman caminos diferentes. Lacan vuelve sobre esto planteando al decir de Eric Laurent de que habría "…un lazo entre pensamiento y el afecto que no sea de oposición sino de nudo"[4], lo que vale decir que no hay representación, sin la presencia de afecto.

Tanto Lacan como Freud parecen coincidir en que el afecto no está reprimido, o como lo plantea Lacan en el seminario de la Angustia, "puede estar desamarrado, ir a la deriva, desplazado de la escena, loco, invertido, metabolizado pero no reprimido".[5] Lo que esta reprimido son los significantes que lo amarran. Por eso en el Seminario de la Angustia propone como una vía válida para estudiar los afectos la "función de llave" que consiste fundamentalmente en insistir en la relación entre la palabra y el afecto, entre el lenguaje y la angustia, en un lazo posible de lo que del lenguaje afecta al ser viviente en su cuerpo. También allí hace de la angustia el afecto que no engaña, y que nos orienta sobre el objeto "a", que cuando aparece es porque la falta viene a faltar, y el objeto perdido pareciera presentificarse.

Lacan diferencia afecto de emoción y vuelca todo su esfuerzo en distinguirlo ,al final de enseñanza empuja al afecto hacia la pasión. Lacan toma lo recogido de la tradición filosófica, toma las pasiones del ser, el amor, el odio y la indiferencia, pasiones que tienen que ver con la relación al Otro, con la falta en ser, que impulsa a ir a buscar en el Otro aquello que va a calmar y colmar la falta-en-ser y las pasiones del alma, las pasiones del "a" como la tristeza, la manía.

Los desarrollos del psicoanálisis sobre el cuerpo van complejizándose a medida que Lacan desarrolla su teoría que sabemos que no fue del principio un saber acabado. En sus primeras teorizaciones, en el Estadio del espejo desarrolla la relación del cuerpo con la imagen, relación que no es inmediata, donde el cachorro humano está delante de su imagen frente al espejo y sin los medios de reconocerla como suya, está afectado por una especie de excitación de júbilo, y desde el Otro, que lo sostiene, desde esa mirada, el niño identifica la imagen como siendo el mismo. Es desde este punto exterior, el Otro, que permite fijar la relación imaginaria. Es necesario un punto de capitón, un broche que junte aquello que estaba separado al decir de Eric Laurent al referirse al Otro, esta conquista pasa por el descentramiento que produce lo simbólico.

En esta operación imaginaria, el cuerpo sigue siendo un enigma, lo que aparece es una imagen. El enigma sigue siendo la relación que existe entre un cuerpo, que es extranjero y, alguna cosa que es la pulsión, que no es el cuerpo, ni imagen, ni forma, pero que no deja de estar articulada sobre el cuerpo a través de agujeros, agujeros que por un lado refieren al efecto que afecta al cuerpo, al efecto del lenguaje sobre el cuerpo, donde el baño de significantes mordió la carne, produciendo una perdida, donde Lacan ubica al objeto pequeño "a" como aquello que viene a dibujar un trayecto en torno del agujero, agujero que implica perdida, pero también donde el objeto "a" permite una recuperación de ese goce primero perdido por siempre, entendido como causa de deseo. El efecto del lenguaje sobre el cuerpo, es lo traumático, que marca y afecta de manera singular a cada ser parlante orientando su manera de gozar.

Por lo que se manifiestan dos formas de saber sobre el cuerpo "…o por la imagen, la gestal, la forma; o bien tiene una relación con su cuerpo por el goce provenientes de la zonas erógenas, zonas pulsionales que son agujero… a partir de 1970 Lacan va a deducir la relación con el cuerpo a partir de la certeza de goce que el agujero da al cuerpo".[6]

Así el cuerpo como imagen es correlativa al lugar de los afectos, emociones e identificaciones imaginarias.

Y el cuerpo como efecto del lenguaje, que lo afectara en un modo particular, produciendo agujeros, y que determinaran su relación al deseo y el goce.

Cuando Lacan al final de su enseñanza desplaza el afecto a la pasión, ya no habla de sujeto del inconsciente como en las pasiones del ser, ahora se trata del parletre, a la relación del parletre con su cuerpo. Lacan situará su teoría de los afectos, donde hay un cuerpo que es afectado, perturbado por la estructura, por el lenguaje. Es un giro, un movimiento que permite comprender la pasión en relación al Otro goce, goce que viene a perturbar todo equilibrio posible, un goce fuera de una posible representación, donde hay una imposibilidad de decir bien, en el hecho de que hay algo exterior a la palabra, con lo que el sujeto no logra estar en completa sintonía.

En esta época, de la falta de orientación y de límites que da el nombre del padre, a través del significante fálico, es posible cada vez asistir a fenómenos de identificación imaginarios que se producen en el cuerpo, por ej: la identificación entre adolescentes de una institución de acogida, con una modalidad diferente a la época de Freud en que jóvenes se identifican a otra que sufre por amor, contagiando a las demás de esta afectación subjetiva. En la actualidad ante una desilusión amorosa, el grupo de pares se identifican, mortificando el cuerpo, quemándose el brazo con el resto de gas de frascos de desodorante ,produciéndose quemaduras o escribiendo el nombre de la amada con hojas de afeitar, como prueba de amor y también como la prueba de aguantar por ser macho, de no mostrar debilidad que estaría del lado femenino, o posiblemente la dificultad ante la no complementariedad de los sexos, ante el no entender , el no saber que quieren, y como abordarlas. ¿Se podría pensar en una acto violento en donde no les es posible dar lugar a la palabra, donde la norma macho pasaría por el aguantar, hasta el extremo de marcar con quemaduras el cuerpo, lo que diría que la norma no es suficiente, en tanto que no regulariza u acota el goce? Donde el traumatismo del lenguaje juega su equivoco entre la palabra que no alcanza para nombrar aquello que quedo extimo y el tratamiento que se hace del goce en el cuerpo, goce imposible de normatizar, educar, pero tampoco de ignorar. Goce que no permite el bien decir, goce desamarrado entre el significante y el deseo.

Trabajo de cartel "Lo real de la pasion". Entre trauma y pulsion en las IX Jornadas de la NEL, Violencias y pasiones. Sus tratamientos en la experiencia analitica. 2016

BIBLIOGRAFÍA

  • Lacan, Jacques (1970), « Radiofonía », Otros Escritos, Paris, Seuil, 2001, págs. 403-447.
  • Lacan, Jacques (1972), « Televisión », Otros Escritos, Paris, Seuil, 2001, págs. 509-545.
  • Miller, Jacques-Alain (1988), «A propósito de los afectos en la experiencia analítica» en Matemas, II, Buenos Aires, Manantial,
  • Entrevista a Eric Laurent, por Clara María Holguín, disponible en la pág. De las IX Jornadas de la Nel. "Violencia y pasiones". Sus tratamientos en la experiencia analítica. 2016.

NOTAS

  1. Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 65, 2015, 119-132
    ISSN: 1130-0507- http://dx.doi.org/10.6018/daimon/182691.
  2. Ídem
  3. Ídem
  4. Eric Laurent, Los objetos de la Pasión, pag.8. Editorial Tres Haches
  5. Lacan, Jacques (1962-63), El Seminario X. La Angustia. Paris, Seuil, 2004.
  6. Eric Laurent, Los objetos de la Pasión, pág. 69. Editorial Tres Haches