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Productos de carteles de preparación para las IX Jornadas NEL: Violencias y pasiones, Guayaquil, 2016
Algo de la violencia y la pasión en la pareja
Alejandra Hornos H.

Una interrogación acerca de la relación entre violencia y pasión, es lo que orientó este trabajo de cartel. Al comenzar a ahondar en el tema, rápidamente se pudo ubicar que se trata de violencias y pasiones, tal cuál es el título del evento que nos convoca este octubre en Guayaquil. El plural señala la multiplicidad y variedad de las manifestaciones de ambos conceptos, es por ello que se convino pensar esta relación respecto a las relaciones de pareja.

La clínica muestra que la violencia imprime su sello característico a las relaciones entre sujetos y con un matiz muy siniestro a las relaciones amorosas. Siniestro, responde a un concepto de lo "extraño inquietante" que Freud desarrolló en 1919, en él ubica que lo que antes era familiar, emerge bajo un aspecto amenazante, peligroso. Se trata de algo conocido desde siempre, que ha estado oculto. Lo esperable es que toda relación de pareja comience con el amor, sin embargo, cuando la violencia irrumpe en la relación y ésta comienza a fluctuar entre el amor y el odio, es cuando se produce el juego dialéctico entre lo familiar y lo extraño. De lo esperado del amor a lo inesperado del odio. Es en este contexto que el odioamoramiento, neologismo creado por Lacan, puede nombrar algo de esta inquietante experiencia. ¿Cómo puede suceder que donde el amor habitaba, advenga el maltrato, la palabra que hiere, el golpe e inclusive la muerte? ¿Cuál es la relación entre pasión y violencia en esta instancia del vínculo de pareja en la que el lazo amoroso deja de serlo?

 

De la pasión y la violencia

El tema de las pasiones no es muy notorio en Freud, la distinción que alcanza afecto/pasión en el desarrollo que él hace, no adquiere la misma especificidad que toma en Lacan. La pasión recorre toda la enseñanza de Lacan, siendo ésta la palabra con la que intentó tocar en lo vivo a los psicoanalistas dislocando el afecto, término más difundido en la teoría psicoanalítica.[1]

Al principio de su enseñanza, Lacan define al sujeto del inconsciente como falta en ser y bajo esas coordenadas, presenta al amor, el odio y la ignorancia como aquellas pasiones del ser que siempre guardan una relación con el Otro. La misma falta en ser, es la que determina la pasión de ir a buscar en el Otro aquello que lo colme.[2] Al final de su enseñanza, a partir de los años ´70, el sujeto será definido como parlêtre, introduciendo toda la problemática del goce y de la relación con el cuerpo. Es a partir de este momento que hablará de las pasiones del alma, apuntando -entre otras- a la tristeza y a la manía. Tratar las pasiones del ser como pasiones del alma supone siempre, de antemano, el primer tiempo de la enseñanza de Lacan.[3] Se produce un giro en su enseñanza: de la falta en ser del sujeto completada con las pasiones del ser al abordaje del sujeto directamente en su relación con el cuerpo. Ya no se trata solo de las pasiones del sujeto como falta en ser, sino de alguna otra cosa. Lacan se referirá al parlêtre con su cuerpo de un modo inverso a lo que hacía hasta entonces y logrará establecer una diferencia interesante entre pasión y afecto, ubicando que la primera tiene una relación con el Otro goce y el afecto tiene relación con el cuerpo propio.[4]

Eric Laurent refiere en su texto "Las pasiones y sus objetos" que llamamos pasión a una articulación del inconsciente con lo real del goce. Es a partir de esta articulación, de las pasiones del a que hay un modo de soldadura entre el saber del inconsciente y el goce, saber del inconsciente que está tomado allí sobre lo viviente del cuerpo.[5] En cambio la violencia es un concepto que excede al ámbito psicoanalítico, se trata de un término ambiguo, colmado por numerosos significados. Es un fenómeno universal que atraviesa todos los órdenes de la vida, hay violencia en el lenguaje, en el juego, en la política, en las religiones, etc. La violencia resulta previa al lenguaje, así lo evidencia la historia del hombre desde sus inicios, por tanto es posible también pensarla como un real de orden estructural en la humanidad. Algunos autores manifiestan que es tan difícil conceptualizar la violencia como el tiempo, la vida o la muerte.

Freud no desarrolla la noción de violencia de manera explícita en su obra pero sí desarrolla la agresividad en términos pulsionales, siendo la violencia una de las formas en que se presenta la pulsión de muerte. Es Lacan quien permite abordar con mayor precisión la noción de violencia, ubicando que por un lado la violencia es lo esencial de la agresión y que "no es la palabra sino estrictamente lo contrario. Lo que puede producirse en una relación humana es o la violencia o la palabra".[6] La violencia no es significante, se excluye del plano simbólico y se constituye en acto.

Ivonne Bordelois en su libro "Etimología de las pasiones" nos advierte que quienes remontan el curso de la palabra en la historia asisten a una suerte de teatro de sombras, las cuales de pronto se animan y transmiten oráculos olvidados pero extraordinariamente vivientes.[7] Teniendo como brújula lo enunciado por Bordelois y remontando etimológicamente la palabra violencia, podemos observar que proviene del latín violentia cualidad de violentus. Vis significa fuerza y lentus como sufijo tiene valor continuo; por tanto violencia nos remite a quien continuamente usa la fuerza. Los romanos llamaban vis, vires a esa fuerza, al vigor que permite que la voluntad de uno se imponga sobre la de otro. En el Código de Justiniano se habla de "fuerza mayor que no se puede resistir". El vocablo latino vis proviene de la raíz prehistórica indoeuropea wei que significa fuerza vital.[8]

Violencia, en su raíz de origen: fuerza vital, una fuerza vital que se impone, que no se puede resistir. La violencia permite ser ubicada en el registro imaginario a partir de la agresividad constitutiva y en lo simbólico como lo contrario a la palabra aunque puede teñirla en su cualidad de violenta o violentada. En lo real, esta fuerza vital que está en el alba del acontecer humano se articula a lo real del goce.

Erick Laurent nos advierte en "La violencia no es una pasión"[9], justamente lo que el titulo enuncia e invita a acercarnos a lo que hay de real en las pasiones. Este real puede ubicarse en lo que atañe a esa fuerza vital que se impone en la pasión; a eso de violento que la pasión expone, a lo que de pulsional late en ella. Germán García en su texto "La insistencia de las pasiones"[10] refiere que las mismas no son la expresión de la pulsión pero que algo de lo pulsional mortífero suele habitar en ellas. La pulsión sin objeto, autoerótica en su esencia, rebela que es desde esta soledad que parte el montaje pulsional y que es la pasión, en su en lace al objeto la que permitirá amortiguar el montaje pulsional. Esto es lo que permite entender los señuelos retóricos de captación de objetos siendo por ello que el lenguaje de las pasiones se deduce de la relación entre las pulsiones y las defensas del yo.

 

El odioamoramiento, una pasión del alma

"Amor y odio, caras de una misma moneda" y "Porque te quiero te aporreo" son frases, entre muchas otras, repetidas en el acervo popular. Dichos en los que amor y odio se entrelazan y en los que se evidencia lo violento como una constante. Lacan subraya en Aún que Freud inventó una pasión, el odio amor, la odioamoración, como pasión original nunca vista antes. Una pasión que designa los estragos madre-hija en Freud y que Lacan aislará como invención propia del psicoanálisis introduciendo este concepto en su Seminario XVII.[11] Concepto que da cuenta de la mortífera relación madre-hija como efecto de la fallida instauración de la metáfora paterna, implicando un núcleo irreductible de goce en la mujer, ilimitado, sin medida. Un goce que escapa a toda significación fálica y que puede incluso llegar a la devastación subjetiva en la relación con el partenaire. Se trata de una condición ligada a la pulsión de muerte, violenta, arrasadora.

Ivonne Bordelois, considera que la raíz "eis" se adscribe a términos relacionados con la pasión, sostiene que si bien no es la única, es sin duda la más plural y misteriosa.[12] Palabras con esta raíz abarcan nociones tan diversas como velocidad, movimiento, presencia de lo sagrado y sexualidad, en particular la femenina. Los vástagos de "eis" no se agotan en lo anteriormente nombrado, habiendo otra derivación, el ois-tros griego que los diccionarios definen como delirio profético, inspiración, deseo vehemente, locura, aguijón y tábano[13]. Bordelois nos ilustra: Oistrao es estar furioso, oistrolateo es poner furioso, excitar la pasión. En lituano oistra, aistra; significa pasión violenta[14].

Los significados de las palabras que atesoran las raíces mencionadas, el desarrollo histórico de la pasión, así como el tratamiento del concepto del Otro goce que Lacan despliega en su seminario XXI, parecen estar y valga el adjetivo, pasionalmente entretejidos. En este seminario Lacan devela de qué se trata la pasión como éxtasis, esta pasión develada en el barroco, momento que permite percibir el Otro goce y su irrupción.[15] El discurso sobre las pasiones a partir de la preocupación cristiana del movimiento del alma hacia dios, es una referencia fundamental de la definición del Otro goce. No es por azar que del mismo "eis" del griego, descienda también la ira latina del propio dios vengador del antiguo testamento[16] y tampoco lo es que este "eis" señale la concomitancia de lo veloz, de lo divino y lo pasional. Los dioses, fuerzas animadoras del cosmos son necesariamente veloces, con la velocidad de la luz que conlleva en sí misma esa intensidad indetenible que es rasgo fundamental de la pasión. La pasión es intensa y ya sea en su vertiente constructiva o destructiva tiene de base esa fuerza vital que se impone, tiene algo de violento en su esencia, por su imposición e intensidad y porque no en toda su intensidad puede ser apresarse en el significante.

La mística está centrada en un goce, contrariamente al romanticismo no construye su discurso sobre el amor al objeto perdido. Los místicos están invadidos de un goce, y si bien tienen cosas que los invaden sin ningún órgano que los contiene, el cuerpo tiene una resonancia con el Otro que testimonia de una presencia, de un efecto de real.[17] El psicoanálisis inventa una pasión que designa la presencia de este Otro goce que viene a perturbar todo equilibrio posible y que en las otras orientaciones analíticas fue percibido como la acción de la madre mala. Donde en los analistas había la tentación de poner la madre en todas partes, Lacan pone a la mujer. Rectifica la cosa, y nota que el goce fundamental que perturba todo equilibrio posible es el goce del Otro, de los dioses que viene a perturbar, es el goce de "la mujer". [18]

 

De la clínica: una relación, un recorte

Sandra es una mujer de 43 años, llega a consulta referida por su médica psiquiatra quien la atiende desde hace mucho tiempo ya que ella es una "mujer inestable", "depresiva" y "hasta creo que bipolar"; dice en su primer entrevista. Lleva 25 años casada y la referencia a esta relación es que Franco, su marido, la enloquece. Manifiesta con énfasis e insistencia querer divorciarse, dice quererlo desde hace mucho tiempo, intentar divorciarse no poder: "… a pesar que de todo parece que lo amo, siempre vuelvo". Es "celosa" y Franco para ella "es un hombre infiel". Sandra todo lo quiere saber, dónde está, con quién está y llama infinidad de veces por teléfono. Intenta controlar la vida de su marido y "Saberlo todo". Cuando "no todo se puede saber", cuando así sucede: "Franco me vuelve loca… me salgo de control. O me descontrolo o estoy muerta en vida, deprimida". Los desencuentros son desmedidos, delante de los hijos muchas veces, gritos, arrojar objetos, y Sandra "la loca", así nombrada por su familia y por ella misma, es medicada y puesta a "dormir".

La presencia de otras mujeres en la vida de su marido era un punto constante en los relatos de Sandra. Pensamientos casi a modo de delirios celotípicos ocupaban su mente la mayor parte del día e inclusive en las noches, en sueños y pesadillas. Relata una pesadilla en la que ella encontraba a su marido con otra mujer y a pesar de su rabia y todo lo que ella le decía, él era indiferente: "era como si yo no estuviese ahí, viéndolo… él me ignoraba". Relata que despertó angustiada,llorando y vio a su marido durmiendo a su lado. Dice: "No sé qué pasó, no pude decir nada, sentí un calor… una furia, como que me salía del estómago y llena de odio: le agarré sus genitales y se los retorcí!" Esta situación de violencia generó una pelea significativa en la familia ya que hijos y suegra no quedaron ajenos al despliegue de llantos y gritos.

Odioamoramiento, momento de intensa pasión del a, fluctuación del amor al odio íntimamente ligada al cuerpo, anudada a la sexualidad y a la palabra que intentará limitarla. Sin embargo ante el fracaso de la misma, lo pulsional mortífero en acto. Lo que entre violencia y pasión se articula en el momento de la fluctuación del amor al odio, tiene que ver justamente con lo que la palabra no llega a limitar, el empuje vital que se impone y que no puede ser acotado, tramitado mediante la palabra y por tanto irrumpe violento. Un goce donde hay algo exterior a la palabra, se articula lo pulsional de la violencia con el Otro goce propio de la pasión del a, Otro goce en el que hay algo exterior a la palabra, algo que el lenguaje no logra aprehender.

NOTAS

  1. Eric Laurent (2004). "Los objetos de la pasión", Buenos Aires, Editorial Tres Haches. Pág. 8
  2. Eric Laurent (2004). "Los objetos de la pasión", Buenos Aires, Editorial Tres Haches. Pág. 9
  3. Ibíd. Pág. 10
  4. Ibíd. Pág. 95
  5. Ibíd. Pág. 74
  6. Jacques Lacan (2007) El Seminario V "Las formaciones del inconsciente, Bs. As., Editorial Paidós. Págs. 467-468.
  7. Ivonne Bordelois (2006). "Etimología de las pasiones", Bs. As, Ed. Libros del Zorzal. Pág. 9
  8. Diccionario etimológico. Disponible en: http://etimologias.dechile.net/?violencia
  9. Eric Laurent (2016). "La violencia no es una pasión". Entrevista. Disponible en: https://nelguayaquil.wordpress.com/?s=Eric+Laurent
  10. Germán García. "Insistencia sobre las pasiones".
  11. Eric Laurent (2004). "Los objetos de la pasión", Buenos Aires, Editorial Tres Haches. Pág. 107
  12. Ivonne Bordelois (2006). "Etimología de las pasiones", Bs. As, Ed. Libros del Zorzal. Pág. 30
  13. Ibid. Pág. 37
  14. Ibid. Pág. 40
  15. Eric Laurent (2004). "Los objetos de la pasión", Buenos Aires, Editorial Tres Haches. Pág. 104
  16. Ivonne Bordelois (2006). "Etimología de las pasiones", Bs. As, Ed. Libros del Zorzal. Pág. 30
  17. Eric Laurent (2004). "Los objetos de la pasión", Buenos Aires, Editorial Tres Haches. Pág. 106
  18. Eric Laurent (2004). "Los objetos de la pasión", Buenos Aires, Editorial Tres Haches. Pág. 108