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Constanza Ramírez Molano, Asociada NEL-Bogotá

Para los familiares de las personas víctimas de desaparición forzada es muy importante dar a conocer el nombre y la imagen de su ser querido desparecido, como una manera de hacer presencia, mantener su memoria viva, hacerlo existir y conjurar el olvido. Pero no es tarea fácil, muchas de estas personas viven –o vivieron– en lugares apartados de Colombia donde las nuevas tecnologías tardan –y tardaban- en llegar y eso hacía que la posibilidad de hacerse una fotografía proviniera de un fotógrafo que generalmente registraba eventos sociales importantes para la familia. Las cámaras fotográficas eran análogas, la fotografía escasa, un objeto de lujo para la que los retratados se preparaban cuando ocurría la ocasión. Conservar esa fotografía era difícil; el paso del tiempo se lleva el color, se las conserva en álbumes que con el paso del tiempo tienden a deteriorarse.

En el afán por encontrar al desaparecido, buscando de oficina oficial en oficina oficial, algunos familiares iban dejando las fotografías hasta que quedar sin ellas. Es decir, buscándolos los perdían. Esas fotos que daban a ver el rostro del ausente ya no están, se pierden y con esa pérdida se corre el riesgo de que en la memoria también se borren. Eso es lo que hace que la fotografía del desaparecido sea agalmática, preciosa, valiosa.

El avance y la popularización de la tecnología han permitido, de unos cinco años para acá, que con esos aparatos de fotografiarlo todo –incluso las viejas fotografías a punto de echarse a perder– se rescaten retratando el retrato. Y las familias insisten en nombrar el nombre, mostrar la foto, acosar la memoria y espantar el olvido haciendo oposición a lo que los perpetradores de desapariciones buscaban, cuando no contentos con disponer de las vidas humanas "intentan eliminar todo vestigio de memoria de quienes consideran como sus enemigos."

Duelo y fotografía
Freud se pregunta en su texto Duelo y Melancolía "¿en qué consiste el trabajo que el duelo opera?" Y se responde: "El examen de realidad ha demostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda libido a sus enlaces con ese objeto". El problema en la desaparición forzada es que no se sabe si "el objeto amado ya no existe más", por el contrario diariamente se les espera, no hay alivio hasta no encontrar su cuerpo vivo o muerto y cuando esto ocurre se quiere más, se quiere saber qué pasó, porqué lo hicieron, cómo murió.

Y la familia lo reclama, quienes tienen la fotografía la portan plastificada a manera de identificación… con el desaparecido, o estampada en camisetas que usan para mostrar los rostros de sus desaparecidos, se la exhibe en retablos en la plaza pública, en afiches, donde se pueda y como se pueda.

Ante la desaparición de un ser querido, como sucede con las víctimas de desaparición forzada, la fotografía del desaparecido es la posibilidad última de conservar la imagen de quien ya no está. El retrato, a la vez que vela la ausencia hace presencia, bordea el vacío al presentar el rostro como objeto agalmático que abre camino a la elaboración del duelo a través de esta presencia de la ausencia. El rostro de los desaparecidos como objeto a en el retrato que vela la ausencia y bordea el vacío, se vuelve posibilidad para elaborar el duelo a través de esta presencia de la ausencia, el retrato vela la ausencia, bordea el vacío, obtura la ausencia.