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Boletin-16 a-ritmo propio
Nota editorial: El producto y su valor de puntuación
Ana Viganó

A diferencia de otros instrumentos de formación de tipo académico o universitario, el cartel entre otras cosas, favorece la precipitación de un producto tal que, aun decantado del trabajo colectivo, del estudio de textos, la lógica grupal y la conversación con otros, presente un recorrido singular, por tanto único.

Así, el producto es también un tiempo: el de hacer pasar a la comunidad analítica, a la Escuela, a los otros que se interesan en el psicoanálisis, algo del proceso del que el cartelizante fue parte.

En este sentido del producto se espera también una demostración -más o menos lograda, más o menos precisa, pero siempre orientada a ello- de lo que se produjo en el cartel para ese cartelizante en particular, lo cual implicaría un "algo más" que una producción teórica.

Es entonces que, a diferencia nuevamente de otros dispositivos formativos, el cartel no se califica para que el cartelizante sea promovido en términos de alcanzar un cierto objetivo prefijado de antemano, estipulado en secuencias, ordenado por objetivos. Pero si bien no se puntúa el producto de un cartelizante, abogamos porque el cartel y sus productos tengan en sí mismos valor de puntuación. Tanto por el esfuerzo de proponer trabajos a la altura de una discusión productiva como desde la perspectiva lingüística de lo que la puntuación supone para cada uno, y lo que puede retornar en algunos casos desde los otros como mensaje invertido.

Puntos suspensivos, punto y coma, signo de interrogación, signo de admiración, punto y aparte, punto y seguido... cada producto se engarza así con los productos tanto de otros colegas como del propio cartelizante, forjando una serie de la que se pueden extraer lecturas que permitan dar cuenta de eso que nombramos como lo que se produce en la vida del cartel.

Los trabajos que presentamos a continuación son productos de carteles, que sus autores comparten generosamente desde los trabajos realizados en Santa Cruz (Bolivia) y en la NEL-Bogotá (Colombia)

Esta edición de a-ritmo propio tiene también por función marcar una cierta puntuación: la de una comisión de trabajo que termina su ciclo y delega su responsabilidad en una nueva, a punto (bien dicho!) de conformarse. Es tiempo entonces de puntuación y pase a otros, de cierre y apertura, de algo que continuará con otros estilos, otras plumas. Es tiempo también de agradecer al Comité Ejecutivo que confió en nosotros durante este tiempo. A los responsables de carteles de las sedes y delegaciones con quienes tuvimos el gusto de trabajar. A los cartelizantes que nos permitieron compartir sus elaboraciones. Y a los lectores que hacen que este esfuerzo valga la pena.

Con la invitación a explorar y disfrutar los textos aquí seleccionados, en nombre de Mayra de Hanze, Mercedes Iglesias, Mónica Pelliza, Claudia Velásquez y en el mío propio, me despido de este espacio deseando el mejor de los éxitos a los colegas que tomarán esta posta de ahora en más y augurando, como siempre, una estupenda lectura.