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Devenir analista: formación y producción
Darío Calderón

Enfrentado a la práctica me pregunto ¿cómo hacer psicoanálisis y no psicología o psicoterapia? ¿Qué hay del analizante que desea asumir la función de analista? En las sesiones previas a la declaración del cartel como tal, la formación fue la respuesta por excelencia, basada en tres pilares anudados por la Escuela: el propio análisis, la episteme y el control. Esta formación no apunta al dominio de una técnica ni a la adquisición de saberes, sino a una transformación del ser del sujeto. Por ello, para devenir analista el énfasis está puesto en uno de dichos pilares: la experiencia analítica como analizante. Siguiendo la idea original de Freud el analista es resultado de su análisis.

Es así que en nuestra Escuela, analista no es quien dirige una cura –tanto así que el título de AP no es un reconocimiento por parte de la Escuela sino solo una mención–. Analista es aquel que llevó su cura hasta el final y decidió hacer el pase, es decir el analista de Escuela (AE). Sin embargo, la definición del analista no por su práctica sino por su análisis, no evita la pregunta por la formación, ¿qué hay del control, la episteme e incluso la "inmersión en la Escuela" que señala J.-A. Miller?

Guiado por esta pregunta llegué a la distinción entre producción y formación del analista. El analista se produce en su experiencia analítica como analizante, una experiencia que se sitúa fuera del Otro y, al ser sin Otro, es finita, y el pase marca ese límite. Como dice Bernard Seynhaeve en uno de sus testimonios se terminó, entonces, el pase. Pero la formación en la Escuela viene del Otro y, por tanto, es interminable, incluso después de haber hecho el pase.

Puede verse que la producción del analista y su formación no son equivalentes, pero tienen un punto en común. La formación apunta a la producción, implica al analista como practicante y pone en juego la práctica misma del psicoanálisis.

El analista es una función que se ejerce. J.-A. Miller refiere que uno estará más cerca de la disciplina del analista cuando su acto no se regula por su fantasma, cuando su propia ventana sobre lo real ha sido atravesada o cuando el goce que obtiene de su síntoma no impregna su acto, sino que este está orientado por su saber-hacer ahí. Y esto se va logrando en el propio análisis. Así lo dice Mauricio Tarrab: El mismo trayecto de análisis nos da momentos de vislumbre, de atravesamiento de esa posición fantasmática, y eso va también reubicando la posición que tenemos en la práctica.

Así que mientras tanto habrá que estar atento de no estar haciendo psicoterapia, punto donde el control tiene un papel importante. El control permite constatar, especialmente en aquellos que comenzamos nuestra práctica, la diferencia entre el psicoanálisis y las psicoterapias. En él se verifica la "estrategia", la posición del practicante respecto de la transferencia y la política que permite extraer la lógica de esa cura.

Finalmente, subrayo que autorizarse es reconocerse apto, pero en el caso de autorizarse analista esta es una definiciónperformativa, es decir que uno tiene que comprobarla constantemente y la Escuela es la encargada de brindar los espacios para hacerlo.