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Boletin-10 a-ritmo propio
Nota editorial: Un tratamiento que no es como los demás
Ana Viganó

Los trabajos recogidos en este número 10 del Boletín a-ritmo propio me recordaron, cada uno a su manera, que la diversidad no se lleva mal con el rigor entendiendo este último claro está, desde la perspectiva lógica y la ética en que ésta se sostiene. Por eso se me ocurrió parafrasear a Lacan en su "paso atrás que hace las veces de paso de entrada en el problema" al abordar el pleonasmo: Variantes de la cura-tipo. La evocación es justa ya que en algunos casos los colegas nos escriben explícitamente sobre la analogía que puede encontrarse entre el análisis y el cartel en tanto dispositivos de formación analítica. Pero más aún porque si un cartel es un dispositivo funcional a la Escuela es porque no es un grupo –ni siquiera de estudio- pero hace lazo en la comunidad analítica hacia adentro y hacia afuera, en tanto propone un tratamiento peculiar a su pregunta –la que hace Escuela-: ¿Qué es un analista? Tratamiento que, preservando la noción de vacío central que conviene, no nos priva –antes bien, propicia- las vueltas dichas que permitan la apropiación de un decir posible, "menos tonto".

José Fernando Velásquez inicia la serie con su trabajo El Más Uno y lo real en la experiencia del cartel, donde con sumo cuidado –como deshebrando una textura- va dando cuenta de las relaciones que el dispositivo del cartel implican con los registros. Así, será para Velásquez una forma de tratamiento que dará cuenta de su eficacia para vérselas con lo simbólico en su relación con el saber; con lo imaginario en la telaraña fantasmática que toda escena grupal suscita –tanto en la relación con los otros como con aquello del Otro que se agita para cada uno en tales escenas-; y finalmente con lo real, tratamiento sin el cual el cartel perdería su orientación y condición. Es allí donde desprende sus conclusiones acerca de la función que pretende explorar, afirmando que "Es tarea del Más Uno hacer el nudo donde se inscriba, se asiente y se trate lo real."

Luz Elena Gaviria nos aporta sus reflexiones a partir de la analogía ya mencionada, central en su recorrido y germen del título: Los dispositivos de la Escuela. El Cartel y el analítico. Una vez más, encontramos un cartelizante que ante todo quiere testimoniar de una experiencia, la de haber conseguido efectos-de-formación en la misma, incluso antes de preguntarse y/o poder teorizar acerca de ellos. Es un texto que dialoga bien con el anterior y –hay que decirlo- fueron puestos a dialogar en un espacio de Noches de Carteles en la NEL-Medellín, lo cual nos habla además de la relación que esta sede guarda con el dispositivo, con la puesta a cielo abierto de aquello que se produce en su seno y con la conversación.

Finalmente presentamos el trabajo Risa, comedia, ensayo mínimo e incompleto, escrito por Delia Pin Lavayen que es un producto final de un recorrido de cartel. Se une a esta serie porque nos muestra de un lado aquello que tanto Velásquez como Gaviria acentúan en la línea de que el cartel se orienta a un producto, uno por uno, con todo lo que ello implica. Por otro, porque propone a la risa o la comedia incluso, como formas de tratamiento posibles de lo irrepresentable, a veces; de lo incomunicable, otras; de aquello indecible pero que de todos modos es pasible de ser trasmitido. En todo caso, de aquello tan humano –casi tanto como el crimen diría ahora, parafraseando a Miller- que en nuestra humana condición a veces dudamos que dios mismo pudiera poseer. Y ahora me percato -no sin sonreír- que el escrito freudiano El humor se encuentra ordenado por Strachey entre El fetichismo y Una vivencia religiosa! He aquí algo de lo que Freud llamó lo "grandioso y lo patético" de un tratamiento posible del Superyó, del goce y su imperativo.

Buena lectura!