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V Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis
«El NOMBRE DEL PADRE. Prescindir, servirse de él»![]() Voy a hablar en la lengua del Dante. Cuando el IV Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis termina, nos damos cita para el V Congreso Como saben, el próximo Congreso tendrá lugar en Roma. ¿Qué título fue elegido? ¿Qué título darle a tan importante encuentro de psicoanalistas formados en el Escuela de Jacques Lacan en una ciudad que, por antonomasia, es “la ciudad”: Urbi et Orbi. Un título, entre otros posibles, se llevó las palmas. En primer lugar, lo diré en la lengua de Lacan. Luego en la lengua del país que nos acoge, y finalmente en las lenguas en uso en las otras escuelas. El título es : Le nom du père O nome do pai El nombre del padre ¿Qué subtítulo dar a un título tan magnífico, tan enfático, tan grandilocuente, tan sagrado, tan religioso y, a decir verdad, tan retórico y pomposo? Hacía falta un subtítulo que modulara la seducción del título, que revelara sus pliegues, descubriera su límite, destacara el viraje que Lacan imprimió a un significante que, por definición, es “el significante”. Por otra parte era necesario un subtítulo que pudiera subrayar su aspecto clínico, revelara su operatividad terapéutica, en resumen, que simplemente pudiera demostrar su humanidad. Todo eso está indicad en la subtítulo elegido: s'en passer, s'en servir prescindir, servir-se dele prescindir, servirse de el doing without, making use of farne a meno, servirsene El título “El Nombre del padre” se presta aparentemente a una lectura única y unilateral. El subtítulo, modulándolo, despliega el título en perspectivas polifacéticas. A secas, el Nombre del padre podía prestarse a una sola y única dimensión. Por cierto, no es poca cosa, porque allí se manifiesta la dimensión de lo simbólico. Sin embargo, el propio Lacan lo desprendió de la hipóstasis y de la valencia única. Es Lacan quien indica que la vía de la dimensión única no es válida, como no es válida para la religión, ni para la filosofía, y menos aun para la ciencia. Es Lacan quien muestra que si el Nombre del padre proviene de la tradición, esa tradición no es una sino al menos doble: la tradición milenaria que proviene del pueblo del Libro, del pueblo de la Biblia, y la tradición más reciente que emana del mundo de la Antigüedad griega. Históricamente, la confluencia se produjo en Roma. Y allí se instalará y dominará imperturbablemente a lo largo de los siglos. Lacan objeta esta confluencia, protesta contra la herética superposición del ser y de lo real, se burla de la ideología corriente que, pretendiéndose ecuménica, disimula el resto de goce bajo el universal de lo simbólico. Y sin embargo, es apoyándose sobre el Nombre del padre que Lacan, desde el inicio de su enseñanza, propone al mundo psicoanalítico el retorno a Freud. Por cierto, al referirse al Nombre del padre él no discute la importancia de la madre con respecto a su propia progenitura, pero revela la predominancia nefasta que se le concede a lo imaginario en relación con la función que, en toda economía subjetiva, tiene como pivote y bisagra a lo simbólico. En el fondo, Lacan atribuye al Nombre del padre la función de impedir que el psicoanálisis mismo se reduzca a un puro delirio. Hoy, no podemos dejar de constatar que su llamado abrió una brecha en todo el mundo psicoanalítico, convirtiéndose en un aporte esencial para la transmisión de la teoría freudiana en tanto tal. No obstante, no puedo dejar de poner el acento sobre un aspecto mucho más importante para nosotros: la multiplicidad del Nombre del padre brilla de manera muy especial en el interior de la enseñanza de Lacan Ella se manifiesta en esa operación que llamamos metaforización, tal como la vemos operar de manera discriminatoria en la diversas estructuras clínicas. Ella se manifiesta en la normalización y en una profunda y tranquilizadora positivación, tal como la vemos afianzarse progresivamente en el curso de la vida de un sujeto. Ella se manifiesta en la diferenciación que tiene lugar entre los seres hablantes tal como la vemos en la diversidad que preside al devenir hombre y devenir mujer. Ella se manifiesta, por último, en la articulación entre ley y pulsión, tal como la vemos en la conquista que el sujeto opera sobre su propio deseo. Lacan desarrolla esta pluralidad del Nombre del padre hasta suprimir el concepto en singular y proponer una nueva, inédita lectura en plural. En el fondo, si esta pluralización nos libera del padre, nos encadena al lenguaje: el significante paterno no es significante porque es paterno, sino que es paterno porque es significante. Si bien esta pluralización nos hace salir - felizmente, por otra parte- de la tradición, nos introduce inmediatamente en la transmisión de una lógica, la que preside el funcionamiento inconsciente que permite a distintos elementos cumplir la función de pivote respecto del goce. Además, ella deja al desnudo su estatuto de puro semblante. Semblante es por cierto el epíteto más justo para referirse al Nombre del padre. ¡Qué cosa pasar tan inopinadamente del empíreo del nombre uno al anonimato de los semblantes plurales! ¿No sería este el pasaje que justificaría la declinación social, la fragilidad familiar, para no hablar de la impotencia política? Pero en fin, el subtítulo nos reenvía a una nueva inversión. Aquí es sobre todo la operatividad de la función del Nombre del padre lo que se destaca, porque esa función tiene de entrada una fecundidad en la práctica clínica. Operatividad que no debe reducirse para nada a una pura operación analítica -es decir, a esa operación conducida por su acto por un psicoanalista en el espacio supuestamente extraterritorial de la cura-, cuando el discurso analítico exige hoy revelar a cielo abierto el impacto que tiene y que deberá tener sobre el plano social, para no mencionar el político. Ciertamente, para que esto advenga, será necesario ante todo que nos preguntemos humildemente si nuestra operación, la del psicoanalista, se sitúa mas acá o mas allá de esa función que sin embargo le permitió emerger. Esto quiere decir: si en la cura logramos impedir una colusión entre la función del sujeto supuesto saber y los semblantes paternos; si logramos hacer descubrir la lógica que preside el necesario universo de los semblantes pero, correlativamente, si logramos hacer emerger, del mar de los significantes amos, la isla del plus-de-gozar. Para que advenga esta operación sin igual, -cito libremente a Jacques-Alain Miller- hacen falta psicoanalistas que no se tomen en serio, aunque tomen en serio su propia operación. En suma, psicoanalistas sin infatuación. Comprenderán por qué, para el afiche, hemos elegido un fresco del Tiepolo. No de Giambattista Tiepolo representando al Ángel que detiene a Abraham en el sacrificio de Isaac, sino un fresco de su hijo, Giandomenico Tiepolo, porque el fresco veneciano de la Hamaca de los Polichinelas nos pareció representar de una manera más adecuada, más próxima, más espiritual, nuestro trabajo cotidiano. El Congreso tendrá lugar del 13 al 17 de julio de 2006 en el centro de Roma, entre la piazza Montecitorio y la piazza Capranica, a dos pasos del templo de todos los dioses, el Panteón. Antonio Di Ciaccia Traducción: Graciela Brodsky
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NEL, Nueva Escuela Lacaniana de la región andino-caribeña creada por la Asociación Mundial de Psicoanálisis, se inscribe en el movimiento de reconquista del campo freudiano lanzado por Jacques Lacan {»} |