
El Яeverso Virtual

( juperez@une.net.co )
Consultores:
María Hortensia Cárdenas
Fernando Gómez
Marita Hamann
Patricia Tagle
Todos los miembros y asociados de la NEL están invitados a participar en el boletín con sus textos, comentarios, notas y observaciones en torno a las V Jornadas
En este número:
Pocas semanas nos separan ya de la cita de Lima. Esa proximidad y otras razones hacen que el Яeverso Virtual se vea solicitado en cuanto a la difusión de informaciones y de textos. Este número presenta varias informaciones de las Jornadas, además de dos textos de Marcela Almanza de ALEP de México y de Mario Elkin Ramirez de la NEL-Medellín, que examinan aspectos de gran importancia en la vida contemporánea.
Aparece este boletín con un editorial sin referencia a los artículos que aquí se divulgan. El editor se disculpa ante los autores por la mera difusión de sus artículos, los cuales merecen una discusión cuidadosa, dado el manifiesto interés que presentan para nuestra comunidad y su pertinencia con relación al tema de las Jornadas; la extensión de este número, así como probablemente lo serán los siguientes, impone esta omisión editorial.
Se divulga aquí en primer lugar la lista de los ponentes cuyos casos fueron aprobados para las V Jornadas de la Escuela. Complacidos, la Comisión Científica y los carteles constituidos para la selección de los trabajos propuestos, anuncian entonces la lista de los ponentes que presentarán sus casos durante el certamen y manifiestan su reconocimiento a los expositores de Lima.
Quienes presentaron trabajos y no figuran en la lista que aquí aparece, es por cuanto sus trabajos no fueron acogidos, por una u otra razón, para ser discutidos durante las Jornadas. A ellos va nuestro reconocimiento igualmente por su contribución; también les esperamos en Lima.
La semana próxima aparecerá en El Яeverso Virtual la composición de las mesas, la cual incluirá los coordinadores-discutidores y quiénes acompañarán a estos en la discusión de los casos de cada mesa.
De otra parte, invitamos a los lectores a leer el anuncio de la fiesta en Lima que aquí figura, y a enviar su mensaje de acuerdo con lo que allí se indica.
Finalmente, un hermoso y significativo cuadro de Il Perugino ilustra este número...
Juan Fernando Pérez
Director V Jornadas de la NEL
Los siguientes integrantes de la NEL han sido seleccionados para presentar sus casos en las mesas simultáneas de las V Jornadas de la Escuela. Esta lista distribuye los casos inicialmente por la temática que prevalece en ellos.
Neurosis
Marcela Almanza. ALEP, México
Laura Arciniegas. Nel-Bogotá
Verónica Carbone. EOL
Jaime Castro. NEL-Cali
Adriana Chacín. NEL-Maracaibo
Raquel Cors. NEL-Caracas-ACP
Héctor Gallo. NEL-Medellín
José Armando García. NEL-Miami
Eleyne González. NEL-Maracaibo
Nora Guerrero de Medina. NEL-Guayaquil
Clara Holguín. NEL-Bogotá
Mercedes Iglesias. NEL-Maracaibo
Reina Lopera. NEL-Medellín
María Elena Lora. NEL-La Paz
Carlos Márquez. NEL-Caracas-AP
Adriana Meza. NEL-Maracay
Judith Nieto. NEL-Medellín
Mónica Pelliza. NEL-Cochabamba
Gerardo Réquiz. NEL-Caracas-AP
Cecilia María Restrepo. NEL-Medellín
Ana Ricaurte. NEL-Guayaquil
Angel Sanabria. NEL-Maracay
Piedad de Spurrier. NEL-Guayaquil
Aurora Valladares. NEL-Guatemala
Psicosis
Lizbeth Ahumada. NEL-Bogotá
Jimena Contreras. NEL-Cochabamba
María Cristina Giraldo. NEL-Medellín
Alejandra Glaze. EOL
Mayra de Hanze. NEL-Guayaquil
Helen Lupo. NEL-Maracaibo
Fernando Morales. NEL-Cali
Irene Sandner. NEL-Caracas-ACP
Gisela Suárez. NEL-Medellín
Claudia Velásquez. NEL-Medellín
Niños
Patricia Alegría. NEL-Cali
Adriana Atencio. NEL-Caracas-ACP
Astrid Alvarez la Roche. NEL-Bogotá
Raquel Baloira. NEL-Caracas AP
Antonino Bori. ALEP, México
Gloria Irina Castañeda. NEL-Cali
Elida Ganoza. NEL-Lima
Angélica León. NEL-Maracaibo
Margarita Múnera. NEL-Medellín
Helys Quiñones. NEL-Caracas-ACP
Ana Viganó. ALEP-México
Karina Tenenbaum. NEL-Miami
Marcela Almanza
ALEP, México
Sabemos que, coloquialmente, un "workaholic" (término específico en inglés que significa "adicto al trabajo") es una persona a quien le gusta, ama y es adicta al trabajo. El nombre como tal, deriva del término alcohólico. El primer registro de su utilización data de 1968, pero finalmente fue popularizado en 1971 por Wayne Oates en su libro "Confesiones de un workaholic".
Pero el término no tuvo mucha difusión, sino hasta la década de 1990, donde se expandió gracias a su relación con las teorías de auto-ayuda, movimiento centrado en las adicciones.
En este sentido, se vinculan los rasgos característicos del comportamiento alcohólico al ámbito del trabajo.
Aunque este término no es una acepción admitida dentro de la terminología psicológica, se ha extendido para referirse a aquellas personas ambiciosas y autoexigentes, con síntomas de preocupación constante por el propio rendimiento, que tienen que dedicar cada vez más y más tiempo a la vida laboral.
Se los describe, desde el discurso social, como aquellos que gastan excesivamente su tiempo en el trabajo, o problemas relacionados al mismo, y que llevan una vida muy ajetreada, en detrimento de su salud y de su vida social en general (a nivel familiar o personal). A diferencia de otras adicciones, a menudo ésta logra cierto consenso familiar y social, pues conlleva fines altruistas en aras de un bienestar futuro.
Dentro de la ideología de la evaluación imperante en esta época, sabemos que si alguien comienza a estar preocupado, concernido personalmente por esta categoría (en tanto se siente identificado a algunos de los índices anteriormente descriptos) el mercado le ofrece gustoso, por diferentes vías, múltiples recursos para precisarle al sujeto de qué se trata y solucionar el problema rápidamente y al menor costo posible (de tiempo y de dinero).
Como rezan ciertos enunciados que hoy aparecen por internet, y en diversas revistas de actualidad, "si crees que eres un workaholic por ej. puedes auto-administrarte un test donde sólo se trata de sumar las respuestas contenidas en los diferentes ítems propuestos, calcular un resultado, obtener una cifra determinada y sacar una conclusión que te orientará respecto de los pasos a seguir."
También, dentro de este marco conceptual, se habla de las características de un workaholic en términos del Ying (aspecto negativo) y el Yang (aspecto positivo) ya que se dice que la "adicción al trabajo" también tiene sus bemoles. Un imperativo se impone como conclusión inmediata a seguir: "No te angusties, busca el equilibrio".
Pero, ¿qué podemos pensar nosotros como psicoanalistas, sobre este tema, desde lo que insiste en ciertas consultas actuales como el "reverso de la vida contemporánea"?
No son pocos quienes hoy demandan un análisis, agobiados por el peso de sus ideales, por no poder poner un freno a lo que les demanda el mercado, por no poder lograr el equilibrio ansiado entre "trabajar para vivir" y "vivir para trabajar".
El sujeto vislumbra una falla en no poder compensar, del modo adecuado, su relación al trabajo y lo "personal", pues siempre hay algo que se le interpone en el camino como una demanda insensata de "más, más y más". Esta es una situación que a veces se define como un sufrimiento, padecer que es leído –desde el dispositivo analítico– como paradójico, pues no abstenerse de responder a esa demanda del Otro que se le impone también conlleva una satisfacción aún desconocida para el sujeto.
En los tiempos que corren –cada vez más vertiginosamente– nada se quiere perder, pero de todos modos se pierde, pues comienzan a aparecer las marcas (en el cuerpo y en el pensamiento) de esa relación mortífera del sujeto al imperativo.
J. Lacan decía que un psicoanalista tiene que ser capaz de estar a la altura de responder al malestar en la cultura de su época.
Nuestra época, signada por la declinación de los ideales, la incertidumbre, el avance masivo de la ideología científica y de la tecnología, se enmarca en un mundo globalizado que pretende acallar, suturar de manera sistemática todo atisbo de emergencia del sujeto en su particularidad. En la época del Otro que no existe, la declinación del ideal se acompaña de las exigencias de goce y el sujeto se presenta a menudo, en las consultas actuales, muy tomado por la irrupción de una angustia desbordante que se le torna inmanejable.
Eric Laurent plantea que "El paganismo contemporáneo busca la prueba de la existencia de Dios en la sobredosis. El éxtasis del goce siempre fue para la civilización la ocasión de experimentar la presencia de un Dios-todo. En la antigüedad, el Dios Dionisio o Baco probaba su existencia ante los fieles dándoles la embriaguez y el olvido….Lo que demuestra la existencia de Dios para el sujeto moderno es la sobredosis. En la presencia en él del éxtasis, el sujeto experimenta la presencia del Otro. Entonces cree allí. Sabemos, a partir de la segunda teoría de las pulsiones en Freud, y con Lacan, que el sujeto prefiere su goce antes que su auto-conservación y que el narcisismo no es una barrera contra la pulsión de muerte. El sujeto puede elegir "darse la muerte" de maneras bien diversas en nuestras civilizaciones. La sobredosis no se alcanza solamente en la evidencia de los comportamientos suicidas de los toxicómanos de drogas duras. El sujeto también puede matarse trabajando, elegir practicar deportes extremadamente peligrosos, viajes extraños, presentando una apetencia multiforme por el riesgo desmedido. Puede también elegir el suicidio político, hacerse bomba humana, rodearse de dinamita y gozar de su muerte. En toda esta bacanal de la muerte, tan particular de nuestra época, encontramos la búsqueda de la presencia del Otro en nosotros. ¿Por qué nos ha abandonado?". [1]
En esta vía, el primer planteo que quiero despejar, es que aquí la "adicción al trabajo" no está pensada en términos de quien debe trabajar excesivamente para subsistir dentro de las duras condiciones que actualmente impone el mercado. Más bien, planteo la "adicción al trabajo" en términos de aquella compulsión que se le impone al sujeto más allá de su voluntad y desde el sin-sentido; compulsión que revela siempre un vacío absoluto de satisfacción, y que es el problema central que la compulsión misma conlleva. Se trata de un vacío de satisfacción, en pos de una promesa de satisfacción absoluta.
En relación al trabajo, se trata de preguntarnos por qué alguien no puede regular suficientemente dicha actividad y elige, por el contrario, la enajenación absoluta, la sobredosis que muchas veces lo puede llevar hasta la muerte o a situaciones que lo colocan en una difícil encrucijada respecto de su deseo.
Esto nos lleva a pensar como hipótesis que, para el psicoanálisis, no existe un concepto unívoco de lo que es una droga. Existen diferentes modos de arribar a una "adicción", pues cada uno encuentra siempre algún goce al alcance de su fantasma.
Sabemos que existen diversas referencias en Freud al consumo de narcóticos y al lugar que les otorga a los mismos en relación a la economía libidinal. Desde la carta 79 (que data de 1897) en adelante, utiliza en diferentes textos los siguientes términos: hábito, deshabituación, tóxico, narcosis, adicción, sustitución, etc. La referencia directa de estos términos en Freud, siempre es a la sexualidad y a los problemas que entraña, para el sujeto del inconsciente, su relación con la misma.
Freud no duda en asignar a la masturbación como adicción primordial, diciendo que todas las adicciones serían segundas respecto de esta primera. La adicción aparece en el lugar de sustitución de un puro autoerotismo.
Casi hacia el final de su obra, en el Malestar en la Cultura, Freud plantea que la cultura es inseparable de un malestar que le es inherente. Es decir, no hay cultura sin malestar.
Dice "La vida, como nos es impuesta, resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles". [2] A partir de allí, Freud plantea diferentes modos de intentar paliar ese sufrimiento: mediante la religión, el delirio, la sublimación, el amor y menciona también –como un recurso más- el uso de narcóticos.
Freud llama "calmantes" a estos recursos de los que se vale el sujeto (y de los que no puede prescindir) para enfrentar los dolores, los desengaños, tareas insolubles que presenta la vida. También denomina a estos recursos –citando una frase de Theodor Fontaine– "construcciones auxiliares".
Dice Freud que, cada uno de estos métodos mediante los cuales los seres humanos se empeñan en obtener la felicidad y alejar el sufrimiento, tienen sus ventajas y sus puntos débiles, sus peligros. Es decir que, paradójicamente, en vías de hallar una solución a su malestar, el sujeto puede volver a encontrar el malestar mismo.
Dice Freud "Lo que se consigue mediante las sustancias embriagadoras en la lucha por la felicidad, y por el alejamiento de la miseria es apreciado como un bien tan grande que individuos y aún pueblos enteros les han asignado una posición fija en su economía libidinal. No solo se les debe la ganancia inmediata de placer, sino una cuota de independencia, ardientemente anhelada, respecto del mundo exterior. Bien se sabe que, con ayuda de los "quitapenas", es posible sustraerse en cualquier momento de la presión de la realidad y refugiarse en un mundo propio que ofrece mejores condiciones de sensación. Es notorio que esa propiedad de los medios embriagadores determina justamente su carácter peligroso y dañino".
Entonces, lo que queda connotado como un peligro para Freud es que aquello que funciona en un principio como un paliativo frente al dolor, se puede volver su contrario. Se podría pensar que estamos aquí frente a lo que los griegos han llamado "Pharmakon, término que designa al mismo tiempo remedio y tóxico. La toxicidad del Pharmakon dependía de la cantidad, de la dosis administrada. Es decir que el valor no está puesto sobre el Pharmakon, sino sobre la proporción y el uso que se hacía del mismo". [3]
Entonces, lo que Freud indica aquí como un peligro, lo que se puede volver su contrario, es lo que podríamos llamar –en términos de Lacan– un "desenganche" respecto del Otro social, del Otro del lenguaje, [4] el Otro sexuado, a partir del consumo de ciertas sustancias o de aquello que ocupa el lugar de una sustancia.
La referencia freudiana al autoerotismo en las adicciones se hace presente, y será éste el punto que Lacan retomará en 1975, cuando da una definición de la droga, que es consonante con la de Freud, en tanto ubica a la droga como lo que le permite al sujeto romper su relación con el goce fálico. Esa ruptura es lo que permite la obtención de un goce que, en la medida en que no está regulado por la instancia fálica, rehúsa el pasaje de la relación al Otro.
En términos de Freud, la ilusión de independencia con el mundo exterior. [5]
El punto que me interesa plantear aquí, es cómo se puede pensar justamente la "adicción al trabajo" como desenganche, como separación, cuando constantemente tendemos a pensar la "sobredosis de trabajo" como pura alienación al campo del Otro, como máximo enganche, como lazo.
Justamente elegí esta categoría, del menú de "adicciones contemporáneas" que se proponen como tales desde lo social, porque no hay allí una sustancia objetivamente observable, cuantificable (como lo sería por ej. la cocaína, marihuana, heroína, alcohol, etc.)
Sin embargo, si apuntamos a escuchar lo que de la enunciación se traduce en los enunciados de quienes consultan actualmente dentro de estas coordenadas, cuando se habla de "no poder parar con el trabajo", de no encontrar un equilibrio, no poder controlar el aspecto compulsivo; donde comienza a aparecer un sufrimiento anudado a una demanda de cómo hacer para desengancharse un poco y encontrar una medida, sería conveniente introducir la pregunta acerca de qué lugar ocupa la "adicción al trabajo" para cada quién y cuál es la satisfacción que se pone en juego al momento de su enajenación mortífera.
Con Freud, nos podríamos preguntar de qué "presión de la realidad" se quiere sustraer el sujeto, y en busca de paliar qué dolor se refugia en su mundo propio (que es el del trabajo).
Cuando Freud habla de "calmantes" ó de "construcciones auxiliares", esto demuestra que siempre el sujeto intenta, imaginariamente, valerse de algún recurso que le permita suplir una ausencia.
Lo que observamos en la clínica, es que aquello que servía al sujeto para suplir lo insoportable, comienza a cobrar autonomía, se transforma en algo inmanejable y deja al sujeto por fuera de su relación con el Otro. Aquello que lo calmaba, que le otorgaba cierto bienestar, eso mismo, coloca ahora al sujeto al borde de un nuevo malestar.
Freud dice algo muy interesante en este texto, y que va en el sentido contrario de lo que promueven los manuales de auto ayuda y el discurso contemporáneo: "Discernir la dicha posible en un sentido moderado, es un problema de la economía libidinal del individuo. Sobre este punto no existe consejo válido para todos; cada quien tiene que ensayar por sí mismo la manera en que puede alcanzar la bienaventuranza. Los más diversos factores intervendrán para indicarle el camino de su opción". [6]
No duda en afirmar que no existe una respuesta universal para enfrentar el vacío, el dolor. No hay fórmula válida para todos, y cada quién, desde su particularidad, deberá encontrar la propia.
Llegado este punto, vale la pena pensar si lo que planteaba Freud para su época es posible pensarlo en la época que a nosotros nos toca vivir.
En la época de Freud, los ideales tenían su lugar y había cierta preponderancia del Nombre del Padre. La droga se ubicaba como posible partenaire, y la toxicomanía aparecía como una respuesta –entre otras- para paliar ese malestar estructural. En esa época por ej. los consumos estaban ligados a ciertos lazos ideales, de la creencia y hasta del grupo. [7]
Es más, "el trabajo es poco apreciado –dice Freud en este texto de 1930– como vía hacia la felicidad por los seres humanos. Uno no se esfuerza hacia él como hacia las otras posibilidades de satisfacción. La gran mayoría de los seres humanos solo trabajan forzados a ello, y de esa natural aversión de los hombres al trabajo derivan los más difíciles problemas sociales". [8]
En nuestra época, la de "El Otro que no existe y sus comités de ética" [9] vivimos sumergidos en el consumo generalizado como supuesta y única respuesta al malestar. Quizás el trabajo, contrariamente a lo que planteaba Freud en su época, pueda ser pensado también en esta vía del consumo desenfrenado.
"¿Cómo puede el analista instalar el resguardo del vacío, como solución peculiar que el psicoanálisis propone al dolor de existir, cuando el mercado propone opciones continuas para que no se instale ninguna discontinuidad de goce? La otra cara de ese hedonismo compulsivo que se sitúa más allá del principio del placer, es la depresión generalizada. Así la opción se plantea en estos términos: o todos deprimidos o todos adictos, a lo que sea". [10]
Esto significa que quienes no pueden gozar como el mercado manda, se deprimen. En 1967, en la "Proposición del 9 de Octubre…", J. Lacan advertía acerca de que "nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación"
Lacan anticipaba que, a mayor globalización e intento de homogeneización de los modos de goce (lo cual se traduce en la sistemática supresión de las diferencias) mayor sería la segregación.
En esta época, donde dijimos que prima el goce del consumo desenfrenado propuesto por el mercado, para todos por igual, donde se intentan borrar todas las diferencias posibles, es donde el trabajador (consumidor-consumido) despliega su escena.
En este contexto, ir en busca del reverso del workaholic dentro del dispositivo analítico, implicaría en principio rescatar al sujeto del inconsciente de ese empuje al olvido generalizado que propone nuestra época segregativa; olvido solidario de un auténtico rechazo del saber.
Otorgarle un estatuto digno al sujeto, significa desprender progresivamente a quien consulta, de esos sintagmas cristalizados a partir de los cuales presenta su sufrimiento ante el Otro.
En este sentido, se trata de poner en evidencia cuál es la modalidad de goce velada (más allá de la queja y del auto-diagnóstico) apuntando a la responsabilidad subjetiva, y a la constitución del síntoma analítico bajo transferencia.
Desconectar a quien consulta de su relación automática a la cifra, significa orientarlo a trabajar pero en la vía de su inconsciente, para hacer surgir otro saber, en otro lugar.
Evidentemente, tomar esta orientación hacia lo real desde el psicoanálisis, plantea implementar una escucha de la palabra, situación bastante diferente de la que proponen todos los tests y manuales de autoayuda que pululan en el mercado. Estos intentan –desde el anonimato– otorgar una respuesta universal acerca de la compulsión que aqueja al sujeto, respuestas imposibles que siempre implican anular la singularidad.
Como dice Eric Laurent "Le toca al psicoanalista, encontrar la manera de dirigirse a la angustia del sujeto para mostrar que los síntomas inéditos de nuestra civilización son legibles. Lo son a partir del uso extraño que el discurso psicoanalítico hace del significante amo. Este uso prescinde de la creencia. Se trata de liberar al sujeto moderno de la malvada nostalgia por el todo. La interpretación se efectúa en las curas, una por una". [11]
Notas
[1] Laurent, Eric "La aurora del síntoma" en "Ciudades analíticas", Ed. Tres Haches, Buenos Aires, 2004, pp. 135-6
[2] Freud, S., "El malestar en la cultura", Ed. Amorrortu, pág 75
[3] Soldano Deheza, Flavia, "Pharmakon y cuerpo en la Grecia Clásica", en "Revista Pharmakon N° 2", Ed. Amatista, Buenos Aires, 1994, p.15
[4] Naparstek, Fabián, "Introducción a la clínica con toxicomanías y alcoholismo", Grama Ediciones, Buenos Aires, 2005, p. 24
[5] Sillitti, Daniel, "La drogadicción desde el psicoanálisis", en "Más allá de las drogas", Ed. Plural, Bolivia, 2000, p. 79
[6] Freud, S., "El malestar en la cultura", Ed. Amorrortu, p. 83
[7] Naparstek, Fabián, "Introducción a la clínica con toxicomanías y alcoholismo", Grama Ediciones, Buenos Aires, 2005, p. 26
[8] Freud, S., "El malestar en la cultura", Ed. Amorrortu, p. 80
[9] Miller, J.Alain, en colaboración con Laurent, Eric, "El Otro que no existe y sus comités de ética", Ed. Paidós, Buenos Aires, 2005
[10] Torres, Mónica, "El puente de Londres se está cayendo, se está cayendo, se está cayendo…", en "Revista Enlaces N°12", Grama Ediciones, Buenos Aires, 2007
[11] Laurent, Eric "La aurora del síntoma" en "Ciudades analíticas", Ed. Tres Haches, Buenos Aires, 2004, p.138
(Primera parte)
Mario Elkin Ramírez
NEL-Medellín
Los especialistas en Ciencias Humanas que han estudiado el secuestro, coinciden en diferenciar aquel que es efectuado por la delincuencia común, del perpetrado por los distintos grupos y ejércitos en el contexto de un conflicto armado.[1] El secuestro ha sido un modo de cubrir la necesidad de dinero y de armas de todas las guerrillas (de extrema derecha y de extrema izquierda) o un medio de obtener el intercambio de rehenes por presos políticos. Esto ha convertido el secuestro político, en sí mismo, en un arma de guerra, utilizada contra el Estado. Mientras que, del otro lado, ha sido un procedimiento de bandas delincuenciales para obtener un lucro personal o una venganza de sus enemigos.
De acuerdo a la inscripción en alguna de esas modalidades, varía la justificación. Las organizaciones guerrilleras de izquierda en Colombia lo justifican como una herramienta que busca "equidades sociales, justas cuotas financiadoras", un tributo a favor de una lucha por una causa colectiva. Su finalidad es la expropiación de bienes o de dinero bajo la forma de un impuesto de guerra. En ese sentido, piensan que es inapropiado llamarlo secuestro y prefieren el eufemismo "retención". La delincuencia común, en cambio, asume que es un delito y que su única justificación es la obtención de dinero o, en algunos casos, la intimidación o retaliación a sus enemigos o, incluso, a sus familiares.
Del lado de los verdugos
"No nos interesa el lloriqueo de la familia, sólo nos interesa la guerra", dice un guerrillero preso en la cárcel, su enunciado pretende subordinar sus consideraciones morales o sentimentales sobre su acto, a la finalidad bélica al servicio de una causa política. En ese sentido se comporta como un técnico formado para el oficio. Su interés es obtener un resultado específico y sustraerse de la dimensión afectiva de los implicados. Es ya una tentativa de borrar la subjetividad de ese acto.
En ese "oficio" se diferencian funciones precisas: los plagiarios y encargados del transporte del rehén, ─quienes le profieren amenazas de muerte y le informan quienes son y qué quieren─; los cuidadores, que comparten la mayor parte de la vida con él, ─son rotados para que no surjan lazos con la víctima─; los comandantes, que son los autores intelectuales y diseñan la logística para mantener el control del secuestrado; los negociadores que acuerdan las condiciones de la liberación, su relación se da esencialmente con los familiares del retenido; y, finalmente, los proveedores, generalmente campesinos sometidos por las guerrillas, que tienen que procurar alimentos, techo y medicamentos al retenido sin interactuar con él.
Vemos que el secuestro se ha convertido entonces en una industria, regida por los parámetros cuantificables, rentable, evaluable, donde se planifica y ejecuta, definiendo los detalles, ─planos, vehículos, seguimiento, interceptación de la víctima, si su cautiverio será fijo o móvil─, la especialización de los distintos operarios tiene por condición la reducción de la víctima a una mercancía, más aún, a un objeto únicamente con valor de cambio. El a priori de su cumplimiento es que no aparezca por ningún lado la consideración de que el rehén tiene el estatuto de un ser humano.
De igual modo, en esa "cadena productiva" impera una tentativa de hacer desaparecer la subjetividad del secuestrador, quien reprime su propio pathos y no quiere saber nada de los sentimientos del retenido o de sus familiares. No obstante, lo reprimido retorna en un eslabón de la cadena, no en el plagiario, ni en el negociador, o en el proveedor, quienes tienen un contacto accidental o tangencial con el secuestrado, menos aún en el comandante, sino en el cuidador.
De algún modo, el guerrillero cuidador del secuestrado está también retenido. Y a pesar de que la logística pretende que no haya vínculos entre ellos, muchas veces por seguridad y por compartimentación de la información, algunos secuestros implican una convivencia prolongada entre el cuidador y el retenido. El primero es testigo de los cambios del segundo, y no obstante, no puede identificarse con su sufrimiento, no puede demostrar compasión, tiene que dominarse a sí mismo y ejercer un control físico y moral sobre la víctima, por lo cual, en general, lo prefiere depresivo o dormido.
Se trata de una relación de poder, de un dominio físico y psíquico del cuidador sobre el retenido, a los cuidadores les dan charlas sobre el contacto y el manejo de los retenidos, donde les enseñan diversas estrategias de sometimiento. En ese aspecto, se puede establecer casi una tipología de los carceleros, quienes optan por algunas de las siguientes actitudes: imperativa, amenazante, informativa, indiferente, cortés, interrogativa (acerca de los bienes que posee la víctima o su familia), el que se instala en la omisión y silencio. No obstante, la subjetividad aparece en otra actitud, poco frecuente pero que también existe, la argumentativa; en ella el cuidador da razón al secuestrado de sus actos y muestra una cierta culpabilidad.
Otros investigadores sociales dividen los cuidadores en duros y blandos. Los primeros ejecutan sin duda las órdenes, se comportan de manera autoritaria e intimidadora, recurren a la humillación, a insultos, a sarcasmos e ironías, todo ello con la intención de vulnerar el secuestrado. Los segundos muestran una mayor racionalidad, o comparten sufrimientos con el secuestrado, son sensibles y revelan poca formación ideológica, se colocan en el lugar del retenido y muestran una cierta división subjetiva, ya que deben cumplir órdenes, pero se sienten cercanos al secuestrado, piensan en el sufrimiento de éste, en que puede tener hijos y familia y en el dolor de aquellos. Alguno de ellos dice: "amerita el secuestro por la necesidad, y el hecho de que me de pesar, que me conmueva, no quiere decir que me arrepienta de que la gente dé la plata, porque de eso dependen muchas cosas, como persona me da pesar, pero como organización no".
En cuanto al marco de su convivencia el cuidador tiene unas directrices, generalmente les toca cuidar a un secuestrado del que no tienen ninguna información, sus órdenes son las de matarlo, en el caso de algún intento de rescate, aunque se prefiere que opten por sacarlo vivo de la situación, pero en todo caso no dejarlo liberar; debe mantenerse por lo menos a cuatro metros de distancia de él, no debe hablarle, no puede recibirle papeles, no debe dejarle picar palos, y debe estar pendiente de la comida y de los medicamentos que necesite.
Otro aspecto de ejercicio de poder de los secuestradores es el referido a la familia del secuestrado. Los negociadores explotan los sentimientos familiares para angustiarlos y ejercer presión para obligarlos a la negociación. Dentro de sus estrategias está la de las pruebas de supervivencia; se trata de una manipulación afectiva sobre la base de la demolición psicológica de la familia, ya que saben que ésta se conmueve cuando ve, oye o lee los mensajes del secuestrado, sobre todo si lo sienten triste y saben entonces que tienen que hacer todo por liberarlo. La familia pasa por la sorpresa y el caos emocional, en ella se impone la confusión, y permanentemente siente temor de no volver a ver a su pariente secuestrado, además, se angustia al pensar en la rutina del secuestrado, en qué se ocupa, qué come, etc. Los mueve el sentimiento de culpabilidad por la posible muerte del secuestrado, si no hacen todo lo que esté a su alcance para su liberación.
Los secuestradores saben que, en general, el punto débil del hombre contemporáneo es su familia. Algún preso por este delito y perteneciente a bandas de delincuencia común organizada, llamadas "oficinas de cobro", decía: "teníamos que intimidar con la familia, por ejemplo le decíamos a alguien que no quería pagar, sabemos donde estudia su hija […] por eso uno siempre se metía con la familia".
Los investigadores han verificado que hay mayor reincidencia en los secuestradores que hacen parte de una organización guerrillera, cobijados por la ideología que en los pertenecientes a las bandas de delincuencia común. En este último caso, se encuentran dicientes declaraciones cuando están presos, manifiestan que tienen sentimientos de culpa por sus actos, presentan en ocasiones un cierto delirio de persecución y sienten remordimiento, alguno dice: "pensaba que eso era un trabajo, pero después me preguntaba ¿en qué momento me volví un delincuente?". Una mujer secuestradora exclama: "fue un acto de inconciencia, pero soy responsable de ese delito […] nunca pensé que el niño que secuestraríamos tenía dos años y que la madre iba a sufrir". Sólo después de apresada comenzó a comprender la magnitud de las cosas y las consecuencias de su acción. Ahora dice sentirse agobiada por "una culpa inmensa […] Esto es un dolor de años".
(Continúa en el próximo número del Reverso Virtual)
Nota
[1] Ángela María Arias, Crónicas al otro lado del secuestro, Facultad de Comunicación Universidad de Antioquia 2007, trabajo de grado.
Lo mejor del folclor peruano bajo el cielo de Lima
En “Brisas del Titicaca”, importante centro cultural, gastronómico y de danzas de Lima, asistiremos a un espectáculo de música y danzas de todas las regiones del Perú. La puesta en escena está a cargo de un selecto conjunto de talentos peruanos ataviados de bellos y coloridos trajes. Igualmente habrá orquesta de baile que amenizará la fiesta de los participantes en las Jornadas. También será posible degustar la variada culinaria peruana, donde se puede encontrar lo más tradicional de su gastronomía.
Fecha: sábado 18 de octubre.
Lugar: “Brisas del Titicaca” en Lima
Costo: 25 dólares (US$25.00). Incluye espectáculo y transporte.
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Nota: La entrada no cubre gastos de cena (por error del editor el Яeverso Virtual, en el No. 12 del boletín se indicó que la boleta de entrada incluía cena. No la incluye, por lo cual presentamos disculpas).
Rogamos a todos los participantes de las Jornadas de la NEL, de ciudades diferentes a Lima, hacer sus reservaciones de asistencia mediante un email a Elida Ganoza (CID-Lima@telefonica.net.pe). El pago se efectuará en el momento de la inscripción a las Jornadas.

Il Perugino (1450-1523)
Fortaleza y templanza (1497)
Lima, octubre 17, 18 y 19 del 2008