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El Яeverso Virtual

El boletín de la NEL hacia sus V Jornadas

Boletín aperiódico

No. 7

Julio 22 del 2008

V Jornadas

El reverso de la vida contemporánea

Clínica y política del psicoanálisis

Lima, 17, 18 y 19 de octubre del 2008

Moderador: Juan Fernando Pérez

( juperez@une.net.co )

Consultores:

María Hortensia Cárdenas

Fernando Gómez

Marita Hamann

Patricia Tagle

Todos los miembros y asociados de la NEL están invitados a participar en el boletín con sus textos, comentarios, notas y observaciones en torno a las V Jornadas

 

En este número:

Editorial

Textos de Guy Trobas y de Claudia Velásquez conforman este número.

El primero de ellos, es la segunda parte del artículo que el Яeverso Virtual comenzó a publicar la semana anterior, en donde G. Trobas plateaba una tesis que aquí sigue desarrollando, a partir de un diagnóstico que Lacan hace acerca de la época. Dicho diagnóstico consiste en reconocer cómo la contemporaneidad se orienta hacia "una producción intensiva, por consiguiente insaciable, de la falta-de-goce" lo cual distingue del plus-de-goce, según lo había subrayado Trobas en la primera parte de su texto. Ello conduce a una evolución de la función del castigo, en el sentido de sustituir su valor de rectificación, su valor de expiación, con consecuencias psicológicas generalizadas.

Se advertirá la importancia que tiene este planteamiento en la clínica actual, más con el desarrollo que Trobas hace en esta segunda parte aquí difundida. Seguramente quienes presentarán trabajos para las Jornadas de Lima relacionadas, por ejemplo, con la depresión y la expiación hallarán allí una referencia importante.

Otras dimensiones teóricas y clínicas son objeto del texto de Trobas que aquí presentamos, elaboradas con base en Freud y en Lacan, y en donde cabe también destacar el lugar que adquiere lo que llama la «gran neurosis contemporánea». De ésta, subraya Trobas, resulta necesario, más aun que antes, tener en cuenta que la angustia es el problema capital de la neurosis y que si hay patologías sin síntoma ello impone disponer de una noción de síntoma que vaya más allá del orden de lo normal y lo patológico.

Se divulga igualmente en este número una muy útil reseña que presenta Claudia Velásquez de la NEL-Medellín de un seminario de Enric Berenguer en Caracas acerca de cómo se construye un caso clínico. Seguramente este texto facilitará algunas elaboraciones de casos que serán presentados el 7 de agosto a la Comisión Científica de las Jornadas, para la selección de aquellos que se discutirán en octubre próximo.

En esa perspectiva cabe destacar la función que tienen para Enric Berenguer en la construcción de un caso, y según lo reconoce Claudia en el seminario de Caracas, las categorías clínicas y las estructuras, la naturaleza de la transferencia como revelador de algo nuevo en el síntoma y cómo a través de éste se va a dar la posibilidad de una emergencia de lo más real de un sujeto, y en este sentido un modo de gozar del mismo. Son elementos centrales de cada caso, los cuales se hallan examinados en este texto para contribuir a esa construcción a la cual los analistas siempre se hallan confrontados, aun más allá de las discusiones con colegas.

Respecto a los casos para Lima recordamos nuevamente que el límite para estos que sean enviados es de 8000 caracteres. La Comisión Organizadora del evento solicita igualmente a quienes no lo hayan hecho y que piensen asistir a Lima, que envíen su Ficha de Inscripción, la cual ha sido divulgada por los Directorios locales.

Ilustra este número un espléndido cuadro del pintor flamenco Pieter Brueghel El Viejo, sobre la construcción de la Torre de Babel, ese singular mito que asedió la imaginación de épocas diversas para explicarse el nacimiento de las lenguas, el malentendido y otras construcciones humanas.

 

Juan Fernando Pérez

Director V Jornadas de la NEL

 

Depresión... De la represión y síntomas modernos [1]

(Segunda parte)

Guy Trobas


Les recuerdo ahora las anticipaciones que Lacan sacó de este diagnóstico: «posibles catástrofes políticas e incidencias psicológicas generalizadas». Dejamos aquí de lado el primer punto. En cuanto al segundo, es muy llamativo que Lacan apuntó a su diferenciación con respecto a la sintomatología de las neurosis tal como Freud la puso de relieve. De eso se trata, en efecto, si leemos lo que destacaba a título de generalización de los trastornos de la sexuación, del carácter (y del narcisismo) en lo que llamó la «gran neurosis contemporánea», y el ascenso de la delincuencia y de la criminalidad. Esta serie se integra muy bien en lo que yo concibo al usar la expresión «síntoma moderno». Diría que dichos síntomas modernos, lo son solamente al tomar el término de síntoma en su significación más general. No lo son en el sentido doble, de signo y de satisfacción pulsional, resultado de la represión, es decir el sentido freudiano por excelencia, puesto que tal es la formulación rigurosa del síntoma que Freud enuncia en Inhibición, síntoma y angustia y que retoma en sus Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. [5] Es precisamente esta formulación que lógicamente le permite hasta reconocer que haya patologías sin síntoma. Es también en el primero de estos dos libros, en el cual Freud formula de nuevo su concepción del síntoma, que encontramos articulaciones precisas capaces de apoyar freudianamente los enunciados precedentes de Lacan. En efecto ¿qué introduce y afirma decisivamente Freud en este momento?

En primer lugar, que la angustia es el fenómeno fundamental y el problema capital de la neurosis, y que a este nivel (como luego lo ubicó Lacan en La Familia y que dejó de lado hasta los años sesenta) hay además "de la función de expresión del síntoma" (Lacan) una función de defensa. Los síntomas, escribe Freud "son formados con el objetivo de evitar la situación de peligro señalada por el desarrollo de la angustia", una situación de "peligro interno", puesto que se trata de la amenaza de goce pulsional. Luego, este peligro, en última instancia, es siempre lo que condensa la expresión "angustia de castración", incluso, como lo menciona Freud, para la mujer, con tal que se circunscriba la naturaleza de la pérdida que para ella es equivalente a la del hombre, a saber, no la pérdida del objeto fálico, sino "la pérdida del amor por parte del objeto" (fálico). Por consiguiente, Freud puede afirmar que la angustia es el motor de la represión, un motor más allá, más amplio que la función del superyó, cuyo papel a este nivel, como lo precisa, no debe estar sobreestimado en la represión. Más precisamente, éste, al no satisfacerse de la renuncia al goce pulsional como tal, al condenarlo, sean las que sean las transformaciones, es más bien el agente del sentimiento de culpa y del autocastigo o de la necesidad de castigo. Es en aquellos desarrollos que Freud nos trae también otra precisión de gran alcance. La represión bien conseguida se distingue de los otros mecanismos de defensa al tratar de una manera más eficaz la angustia, en particular sin invalidar (como otros de esos mecanismos) al sujeto en diversas vertientes de su realidad o sin alimentar una neurosis de carácter.

Aunque Freud no haya justificado en detalle esta apreciación, me parece que podemos hacerlo notando que dichos otros mecanismos, al necesitar en general una puesta en marcha más importante, demasiado importante de la contrainvestidura yoica, no solamente traducen cierto fracaso de la represión, de su proceso inconciente de desinvestidura libidinal y más allá de su movilidad, de su desplazamiento, sino que también agravan este fracaso a expensas esta vez de la funcionalidad del yo. Volveremos a este punto por otro camino.

Sea como sea, tenemos aquí un esclarecimiento lateral respecto del privilegio que Freud atribuye en «Análisis terminable e interminable» a la creación de nuevas represiones en la dirección de la cura. En cierta manera, por lo de la rectificación de la satisfacción pulsional de la cual nos habla Freud, lo que solemos designar con Lacan en términos de hacer pasar el goce al inconsciente, él nos indica que existe un modo analíticamente privilegiado.

Ahora bien, al volver a la angustia de castración, que es la angustia específica de la toma del falo en el complejo de Edipo, sabemos, con Freud, que hay un agente constante. Este agente es el padre, en su doble vertiente para ambos sexos: objeto de amor y de deseo, y sujeto que prohíbe. Es esta doble vertiente que Lacan especifica en el Seminario 4 La relación de objeto, con la dialéctica entre el padre imaginario y el padre real, estando el segundo mediatizado y disfrazado por el primero.

Pues si consideramos que se está comprobando, verificando este diagnóstico de Lacan sobre nuestra época, este diagnóstico acerca del desfallecimiento de la función del padre, de su función de agente en la problemática de la castración, entonces no podemos evitar poner en tela de juicio el destino de este mecanismo de la represión que Freud, en una intuición repentina, nos dice, en el '26, concebir como consustancial a la función fálica.

¿Qué ocurre a este nivel cuando la angustia de castración no está mediatizada por la amenaza de castración vinculada al papel del agente paterno? ¿Qué ocurre entonces cuando tal amenaza procede de la madre fálica, puesto que tal es la otra figura del Otro (A) necesaria para poner en juego la problemática de la castración? Lacan responde sin ambigüedad en el Seminario 4, a saber que tal amenaza no favorece la represión sino una identificación imaginaria al falo. En otras palabras, la angustia de castración sigue insistiendo pero implicando más bien el ser del sujeto que el tener; más bien la articulación del goce y del ser que la articulación del goce y de la falta de ser –es decir del deseo que sirve, como lo sostiene Lacan, no para gozar, sino para hacer entrar el goce en el lugar del Otro–.

Lo que ocurre en tal coyuntura es algo que Freud nos ayuda una vez más a circunscribir. Plantea que, en efecto, hay otros mecanismos de defensa que intervienen o que desempeñan un papel preeminente, y entre aquellos hay uno que tiene un papel general, que constituye como una base común para casi todos los otros. Este mecanismo Freud lo destaca nítidamente de los otros mecanismos de defensa al proporcionarle la dignidad de figurar en primera posición en su decisivo texto del '26, Inhibición, síntoma y angustia. Dicho mecanismo es efectivamente la inhibición que hasta este escrito tenía un valor fenomenológico y no conceptual.

Notas

[5] Capítulo 2 de «Inhibición, síntoma y angustia».

Bibliografía

S. Freud: «La represión» (1915), tomo XIV de O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1979

S. Freud: «El inconsciente» (1915), tomo XIV de O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1979

S. Freud: El malestar en la cultura (1930 [1929]), tomo XXI de O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1979

S. Freud: Inhibición, síntoma y angustia (1926 [1925]), tomo XX de O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1979,

S. Freud: Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1933 [1932]), tomo XXII de O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1979

S. Freud: «Análisis terminable e interminable» (1937), tomo XXIII de O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1979

S. Freud: «Duelo y melancolía» (1915 [1917]), tomo XIV de O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1979

J. Lacan: La Familia Axis, Rosario, Argentina. 1985, p.106

J. Lacan: «Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología», (1950)

Escritos 1, Siglo Veintiuno, Argentina, 1988, p.124, 129, 137

J. Lacan: «Seminario 10, La angustia» (1962-1963) inédito

J. Lacan: Psicoanálisis, Radiofonía & Televisión, Anagrama, Barcelona 1977

J. Lacan: El Seminario, libro 4, La relación de objeto (1956-1957), Paidós, Buenos Aires-Barcelona-México, 1998

 

Notas sobre cómo se construye un caso

A propósito de un seminario de Enric Berenguer en Caracas sobre el tema

Claudia Velásquez

NEL-Medellín

La presentación de casos en la Sede de Medellín, como actividad preparatoria para las V Jornadas de la NEL, me ha llevado a preguntarme sobre diversos aspectos relativos a la construcción de un caso, lo cual me condujo a la lectura del seminario de Enric Berenguer dictado en Caracas en el CID Las Mercedes en el año 2006, titulado "¿Cómo se construye un caso?", publicado en Capitón, Caracas. Quisiera entonces presentar algunas de las directrices que allí propone Berenguer, para lo cual parto de la siguiente cita, que da cuenta del espíritu que anima los planteamientos del autor y sitúa los ejes de trabajo para la construcción de un caso:

"Una buena construcción, para nosotros, sería un tipo de relato que está informado por la teoría, pero que no puede ser recubierto por ella, ni por el sentido. El real en juego solo puede ser parcialmente recogido en términos de categorías clínicas y de estructuras. Podemos añadir que este relato tiene que incluir el elemento de la transferencia como revelador, justamente de algo nuevo en el síntoma que de una forma paradójica va a dar la posibilidad de una emergencia de lo más real que está en juego. Esto será algo que está vinculado de una forma directa y estricta con la dimensión de lo pulsional en la que se trata de un modo de gozar del sujeto" (p. 45)

Allí aparecen entonces los ejes que quisiera resaltar y a los cuales voy a referirme a continuación. Ellos son: el relato, la teoría, lo real, las estructuras clínicas, la transferencia, el síntoma, los modos de gozar del sujeto. No obstante, no podré referirme aquí a todos ellos, ni tampoco lo haré en el orden señalado, en razón de los propósitos de este texto.

1.- Las estructuras clínicas como construcciones

La validez de la propuesta de la construcción de un caso se apoya en el hecho de que la neurosis, psicosis y perversión son construcciones. Tomadas así, son formas estructuradas de error en el sentido en que falsifican lo real en juego y se resisten a saber de la falla en el Otro.

Si la estructura clínica es ya una construcción del sujeto, y si no se permite que ella absorba su singularidad al mantener una orientación por lo real allí en juego, entonces es el caso mismo quien transmite la forma adecuada de describirlo.

2.- Las construcciones del sujeto son fundamentalmente el síntoma y el fantasma

Sobresalen dos construcciones fundamentales, por cuanto ellas se constituyen en su intento de circunscribir algo de lo real, el síntoma y el fantasma. De un lado está el síntoma donde encontramos una construcción de doble cara, pues al tiempo que incluye lo real como modo de goce, también lo rechaza defendiéndose de él; dicho de otra manera, es una formación que participa a la vez de lo real y de lo simbólico, pues el mismo es una construcción que los conecta. Esta posibilidad del síntoma se da gracias a los significantes que se anudan con el goce del sujeto y funcionan como "nombres de goce". Con la anterior expresión se quiere indicar no una forma de nombrar el goce sino más bien que en ese nombre hay goce; significantes que siendo ajenos al sentido producen un impacto tal sobre el cuerpo que consiguen marcarlo.

Ahora bien, del lado del fantasma viene un intento de reducción de este impacto, intentando incluir esos nombres de goce en una construcción de sentido, intento que no elimina la insistencia de aquel significante primordial del impacto.

De lo anterior el autor desprende un principio para la construcción de un caso: es necesario situar los puntos de discordancia entre el síntoma y el fantasma del sujeto.

3.- La construcción del caso debe dar cuenta de la transferencia

El síntoma que interesa es el que se construye y transforma bajo transferencia, pues en su constitución implica al Otro. Esto no desconoce que hay un síntoma que está antes del inicio del análisis. Aquí, entonces, Berenguer señala una secuencia temporal: el síntoma, antes de llegar a análisis, tiene un valor imaginario y es interpretado en función de la realidad del individuo. Posteriormente es necesario que éste se presente como un real que resiste al sentido, para que la demanda de análisis sea posible, demanda que genera a su vez la dimensión simbólica del síntoma. El paso por lo simbólico permitirá acceder a la dimensión del síntoma en tanto real (real distinto al que se manifestó al inicio de la cura). En síntesis, se pasa de la dimensión de lo imposible de significar del síntoma a una demanda que hace emerger lo simbólico de él; y luego se pasa de lo simbólico a la emergencia de un nuevo real del síntoma.

El recorrido anterior implica una decisión, una toma de posición, de parte del analista, pues éste debe elegir y apostar por aquellos nódulos de real en torno a los cuales la elaboración del sujeto se está produciendo, es decir, aquellas construcciones que sirvan para tener efectos sobre lo real. Esto, por supuesto, implica un cálculo que puede ser provisional y que luego podrá rectificar, dado que dicho cálculo se hace contando con la transferencia del paciente. Se requiere, desde el principio de la cura, una hipótesis respecto al goce del sujeto, que emerge gracias al sinsentido.

4.- La construcción como relato breve

Si bien el relato está en lo que se define como una buena construcción de un caso, también están las objeciones al relato, en tanto que a partir de Lacan, en el relato hay una "ambición de completud". Se plantea entonces que sería deseable más bien la selección de un fragmento, no cualquiera, el cual se considere que contiene lo relevante del caso; podría decirse que se trata de un relato breve. La construcción del caso implicaría entonces mostrar cómo se ha seleccionado lo esencial del caso, trabajo que requiere a posteriori de la comunidad de los analistas para realizarse.

Pero Berenguer hace una advertencia ante la posibilidad de no estar suficientemente preparados para dicha construcción de un relato breve; dice: "Ahora bien, lo que no podemos hacer es estar de vuelta antes de haber llegado; por ello pienso que tenemos todo un trabajo para llegar a eso, se trataría más bien de pensar la articulación entre el saber del psicoanálisis y lo real en juego en la clínica" (p. 51)

5.- Una concepción de la teoría para el psicoanálisis

La teoría, en el psicoanálisis, no puede ser tomada como un modelo; tampoco como un lenguaje que describe la realidad mejor que el lenguaje común, en una relación de correspondencia entre la realidad de la sesión analítica y el lenguaje teórico. Dicho de otra manera, no se trata de una traducción de la realidad o de una formulación que se adecúe a ella. No es así y para ello hay una razón: esto implicaría el desconocimiento de lo real que se produce en la sesión. Puesto que lo real no coincide con lo simbólico, no puede ser por tanto traducido por la teoría. Entonces, para ese real intraducible que se manifiesta en la realidad de una sesión, queda la posibilidad de nombrar la forma que él toma. El nombrar se produce pues sobre lo que se resiste a ser articulado en lo simbólico, es decir, sobre los puntos nodales que en la experiencia analítica se articulan en torno a lo real.

De lo anterior se desprende otra forma más de definir la construcción de casos, ahora en tanto práctica: "Es así como nuestra práctica de construcción de casos es más bien una forma de poner nombres, de escribir lo imposible de decir, pero ¿por qué? Porque precisamente es eso lo que se pone en juego para el propio sujeto". (p. 56)

Para terminar

Podemos ver cómo la construcción de un caso da cuenta de la construcción del sujeto, sea su estructura, sean sus construcciones sintomáticas y fantasmáticas, sea lo que ellas circunscriben de lo real. Y puesto que todo ello pone de manifiesto la singular relación del sujeto con dicho real, se espera que la construcción de un caso plantee problemas a la doctrina psicoanalítica, impidiendo que lo singular sea absorbido por lo universal.

 

imagen

La construcción de la Torre de Babel

Brueghel - 1563

 

 

V Jornadas de la NEL

Lima, octubre 17, 18 y 19 del 2008