
El Яeverso Virtual

( juperez@une.net.co )
Consultores:
María Hortensia Cárdenas
Fernando Gómez
Marita Hamann
Patricia Tagle
Todos los miembros y asociados de la NEL están invitados a participar en el boletín con sus textos, comentarios, notas y observaciones en torno a las V Jornadas
En este número:
Es claro que sin una teoría del padre la interpretación de lo humano resulta insuficiente, coja, obtusa. El poder y la primacía del odio al padre impidieron desde siempre, antes de Freud, establecer en forma definida su función y por tanto obligaron a considerarlo sólo como figura reverencial o bajo la lógica del desconocimiento y el olvido. Sólo la metáfora fue posible, para así producirse esos monumentos sin igual que harán recordar para siempre a sus gestores, Sófocles, Shakespeare, Caravaggio y otros más. Y he allí que con Freud se revela una función inédita, sin lo cual resulta imposible comprender la lógica de todo lo que éste llamó psicoanálisis.
Así lo entendió luminosamente Lacan, lo cual le obligó a combatir con firmeza ese esfuerzo postfreudiano por aniquilar de la teoría y de la práctica ese descubrimiento crucial. Pero es sabido que Lacan no se detuvo allí y que forjó entonces la necesidad de un proyecto freudiano al revés, a la manera del guante de Kant, para lograr así establecer un “más allá del padre”. Produjo bajo esa perspectiva una construcción cuidadosa, plena de rigor y de fundamentos clínicos, lógicos y éticos, a través de la cual finalmente esclarecerá la función esencial del S1 en el orden humano, para llegar a definir que el padre es esencialmente eso, un S1, una función, necesaria.
Los textos de Héctor Gallo y Carlos Márquez, cuya publicación se inició en el número 4 del Яeverso Virtual, brindan elementos importantes para situar cómo es posible con Lacan considerar esa función. Se leerá allí cómo llega éste a concebir el discurso como la forma requerida para explicar la estructura del vínculo y desde allí resultará evidente la necesidad de la función del S1, en la clínica como en otros campos. Y también en ese orden de ideas, se hace necesario preguntarse por hechos como por ejemplo, la política de la Iglesia Católica globalizada, como base para la comprensión de las lógicas de la vida contemporánea. Carlos Márquez propone en su texto un enfoque que permite examinar el hecho con proposiciones explicativas al respecto.
El cuadro que ilustra este número es descrito por Lacan como “(...) la forma más suntuosa de los cuadros de Caravaggio.” Y lo dice a propósito del padre, en ese texto que felizmente conocemos hoy, su “Introducción a los Nombres del Padre” (En De los Nombres del Padre. Paidós –colección “paradojas de Lacan”–, Buenos Aires, 2005. pp. 65-103). Son estas dos referencias adicionales para situar mejor cómo Lacan comprende la declinación del padre y sus implicaciones en la vida contemporánea.
Juan Fernando Pérez
Director V Jornadas de la NEL
(Segunda parte)
Héctor Gallo
NEL-Medellín
(...)
Hasta “Psicología de las masas” era pertinente considerar que desde la clínica freudiana la relación del niño con la madre era fundamental para pensar el devenir del sujeto, pues este texto, más allá del replanteamiento que puede hacérsele al padre como soporte fundamental del ideal, tiene el mérito de poner en cuestión la primacía de la madre en los primeros años al señalar que la identificación primaria es con el padre y no con la madre. De esta manera el padre, a pesar de evidenciarse empíricamente que es con la madre que el niño está unido los primeros meses, se convierte en un filón explicativo que permite poner el acento clínico más en la estructura que en el desarrollo, que es donde se ancla toda la psicología y la psicoterapia pretendidamente psicoanalítica.
El padre es elevado, desde “Psicología de masas y análisis del yo,” a la categoría de un significante primordial, volviéndose así un operador lógico que no puede ser localizado en una perspectiva genética, ni desarrollista sino discursiva. Extraña discordancia, dice Lacan, del discurso freudiano con el de los psicoanalistas, discordancia doctrinal y clínica que se debe a confusiones que él espera subsanar gracias a la configuración de los cuatro discursos.
Concluyamos, por el momento, que desde el psicoanálisis se habla de discurso sólo si se ha producido un encadenamiento significante suficiente y necesario para que exista el inconsciente en calidad de pensamiento. Si el discurso es la forma de Lacan definir la estructura del vínculo, allí donde éste no se produce tampoco tenemos pensamiento inconsciente. Esta vertiente del discurso se diferencia de la que quiere hacer equivalente lo inconsciente con el material reprimido que reposa en el fondo de la personalidad y que es necesario hacer conciente para que todos nuestros actos sean gobernados por la voluntad.
El encadenamiento significante que conforma la estructura del discurso, parte de la inscripción de un elemento (S1), que por distintas razones subjetivas adquiere el valor de un significante amo primordial, el cual se convierte en agente de un orden y representa “a un sujeto para cualquier otro significante”.
Lo que debe tenerse en cuenta dentro del raciocinio anotado, es algo que, en términos epistemológicos, resulta crucial para la concepción del sujeto del psicoanálisis: que el sujeto representado por el significante no es unívoco. Siendo así, en lugar del sujeto semejarse a un yo y de constituirse en la frontera entre organismo y entorno, entre el adentro y el afuera, pasa a ser más bien la prueba viviente de la imposibilidad de lo simbólico de cubrir todo lo real.
De la tesis enunciada, se desprende que en la clínica lacaniana discurso y palabra no coinciden, no hay reciprocidad entre ambos. En ciertas relaciones fundamentales el discurso “puede subsistir muy bien sin palabras” y es de larga duración, porque el lenguaje da lugar a la instauración de cierto numero de relaciones estables. En cambio, la palabra puede ser efímera, estar o no estar como enunciado efectivo, además puede perder valor, ser gastada, llevada por el viento, sustituida por imágenes, gestos y representaciones teatrales, por ejemplo.
Una descripción de la palabra como la establecida, no envuelve una desvalorización, sino que más bien advierte sobre la exigencia de que la palabra se inscriba en un discurso suficientemente estructurado para que su poder no se esfume. A veces, tal como sucede en las psicoterapias de tipo relacional, se le da la palabra a alguien que busca un terapeuta, pero como esto sucede en el contexto del discurso universitario que coloca el saber en el lugar de comando y no del discurso analítico que opta por colocar el deseo del analista en dicho lugar, en lugar de generarse un vínculo transferencial que sirva como motor de la producción de un saber que cuente con la verdad del goce, más bien se incentiva una identificación con el terapeuta, que sería el ideal del yo a seguir por el paciente. Mientras en el discurso analítico la palabra es ofrecida en nombre del deseo, en el discurso universitario es dada en nombre del saber del padre ideal que adapta y normaliza.
Lo que se pone en cuestión con los conceptos de discurso y significante, es el carácter determinante que los pedagogos, los educadores, y los investigadores sociales en general, le quieren atribuir a la norma expresamente formulada dentro de la familia y de la sociedad en general. Hay no dichos, es decir, significantes que circulan en el discurso como una verdad no asimilada, que someten al sujeto en gran parte de sus actos y de sus pensamientos. Esos no dichos se descubren en un análisis como marcas de un sujeto, pero existe la particularidad de que éste ignora de qué se trata y por qué adquirieron tanto poder. En no pocos casos se demuestra que hay enunciados que a pesar de no haber sido asimilados en calidad de una normatividad expresamente planteada o de una educación efectivamente impartida, se convierten sin embargo en imperativos que gobiernan al sujeto sin que éste lo sepa.
Se dejan abiertas dos preguntas: ¿Cómo entender la existencia de enunciados primordiales que, a pesar de no haber sido proferidos por autoridad alguna, pueden ejercer, sin embargo, una función de significantes amos en un sujeto? ¿En qué medida es posible darle a la categoría -enunciado primordial- un valor clínico y teórico sin caer en consideraciones mágicas sobre el sujeto del inconsciente?
(Segunda parte)
Carlos Márquez
NEL-Caracas | Asociación de Psicoanálisis
(...)
No es seguro que los hombres-bomba o los hombres-aviones-bomba sientan angustia antes de lo que hacen. Pero aun si existiera, esa angustia nadie la registra, nadie habla de ella, a nadie le importa. En su exaltación maníaca el fundamentalista creyendo saber lo que quiere el Padre se inmola para pagar una deuda impagable, y con ello se lleva por el medio la vida de otros. Se ofrece como objeto de sacrificio voluntario pero incluye en el holocausto a otros que no lo han decidido. Jesús se ofrece libremente como cordero definitivo que satisface la pulsión de muerte, introduciendo un corte en la lógica de la ley, la culpa y el sacrificio. El terrorista se ofrece, pero su secreto es que no se está ofreciendo a él mismo, sino sobre todo ofrece el objeto de su odio dejando intacta la misma economía, abriendo la posibilidad para que más “mártires” se sacrifiquen y con ello reduzcan a la condición de objetos a otros.
Al final de una intervención en el Foro de los Psi, Miller, hablando sobre lo que en otro momento llamará un nuevo dios, dijo: “Para mí, lo más sorprendente de todo es que el establecimiento religioso, las iglesias en las democracias modernas, ¡han acordado con esta evaluación! Me parece que antes había un rechazo humanista de la máquina, por aquello que era llamado, la casa de las almas. Teníamos aliados entonces. Aunque Freud fuera considerado demoníaco, era aún obvio, para Lacan, que había una alianza entre religión y psicoanálisis en contra de la máquina y de la ciencia... En la actualidad la religión no compite con la ciencia... Sólo añaden algo: que la idea esencial es la defensa de la vida; la defensa de la vida y del otro mundo. Simultáneamente, ellos aceptan la cuantificación a un grado extremo y este es el gran cambio. Se produjo un cambio en la relación de fuerzas, debido al cambio de la línea religiosa…” (2005)
Sin embargo, desde lo que hemos leído del núcleo de la posición cristiana en el Seminario X de Lacan, la organización de la política de la Iglesia Católica globalizada en torno a un eje casi exclusivo de “defensa de la vida” no parece tanto una claudicación, sino el establecimiento de un principio de orientación en medio de un orden de cosas que hace semblante interesado de caos. El problema con este principio de orientación es que constituye una defensa. A los psicoanalistas una defensa de esta magnitud, planteada con tal fuerza, no puede dejar de llamarnos la atención. ¿No es el papel de la defensa señalar que aquello de lo cual se defiende el sujeto es de lo más íntimo de sí? ¿Qué hará falta para que esa defensa de la vida planteada de este modo no devenga en lo que su enunciación perfila, es decir un paradójico fundamentalismo de la vida?
En política, desde la Gran Guerra, todo intento de restaurar el viejo régimen del padre ha terminado con un fracaso más o menos cómico o más o menos trágico. Un ejemplo de estos intentos lo hemos masticado a pedacitos, en las entregas parciales que solícitamente nos ha brindado la prensa global. Para poder hacer existir su vida de respetable hombre de clase media, el señor Fritzl, “sin inconsciente” como dice Miller (2008a), podríamos decir sin defensa, congela su fantasma en su sótano construyéndole un santuario. Todo lo demás lo hace girar en torno a ese doble eje. Se inventa una barra de la represión de hormigón y establece en el piso de abajo su fantasma y en el piso de arriba el ideal del Otro como camuflaje. Se ha intentado comparar esto con un campo de concentración. Pero en el piso de abajo no hay maquinaria de exterminio, el gas letal funciona como amenaza declarada, justo el reverso de cómo funcionaba en el campo de concentración. Mientras transcurren las vidas casi sin sentido en una casa llena de niños, en el sótano hay plenitud de sentido, hay tiempo detenido, el tiempo mítico del padre de la horda.
El acto introduce el tiempo. El reverso del mundo contemporáneo es el acto, puesto que ahora hay tiempo detenido. Frente a la evidencia de su propia impotencia, el acto se desliza por la vertiente del fundamentalismo o por la vertiente del consumismo, que son dos formas de su patología. Sin introducción del tiempo el sujeto no tiene orientación. Sin posibilidad de acto, puede fantasear con la eternidad del presente.
El psicoanálisis ofrece una salida con, pero sobre todo más allá, del operador nombre-del-padre. Por eso la pareja de nuestra próxima jornada sobre el reverso de la vida contemporánea es el VIIº Congreso de la AMP. Pues si el sujeto no encuentra un soporte para su acto, siempre va a tener la suplencia defensiva que le brinda la religión. Pero allende esta suplencia despunta su posibilidad de construir, “renunciando a la transparencia sin ceder en la elucidación” (2008b), su propia manera de “circunscribir lo ininteligible” (Ibíd.)
Bibliografía
Biblia de Jerusalén (1999). Bilbao: Descleé de Brouwer.
Lacan, J. (2006). El Seminario, Libro 10: La Angustia. Paidós: Buenos Aires.
Miller J-A. (2005). “La respuesta del psicoanálisis a las terapias cognitivo-conductuales (TCC)”. http://www.nel-amp.com/psibol/psibol23.doc
Miller, J-A (2008a). “Entrevista a Jacques-Alain Miller - El caso Fritzl”.
http://www.wapol.org/es/archivo/Template.asp?intTipoPagina=2&intEdicion=2&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=1302&intIdiomaArticulo=1&intIdiomaNavegacion=1
Miller, J-A. (2008b). Hacia el VIIº Congreso.
http://www.wapol.org/es/archivo/Template.asp?intTipoPagina=2&intEdicion=2&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=1306&intIdiomaArticulo=1&intIdiomaNavegacion=1
Pérez, J. F. (2008). El Reverso Virtual, Nº 1. Editorial. http://www.nel-amp.org/documentos/jornadasv/boletin001.htm

El sacrificio de Isaac
Caravaggio
Lima, octubre 17, 18 y 19 del 2008